Capítulo 4: Una cita solo por ti.
-No estoy interesada románticamente en él, solo quiero compensarle por todo lo que lo hice pasar.- Suspiro aliviada porque ahora todo va estar bien.
-Una semana después-
No he sabido nada de Eros y tampoco de Fazio, lo que si se es que arrestaron al imbécil fornido llamado Fran-sua Sergei lo condenaron a 20 años de prisión por secuestrarme. Claro que declaré en su contra.
De todas maneras me rehúso a guardarle rencor, paso la página.
-Ya abrieron una investigación para encontrar a Eros.- Me avisa Sue.
-Gracias, Sue.- Se retira y suspiro.
Tic, tic, tic.
Me suena mi teléfono.
-Es un número desconocido.- Mascullo para mí. Sin saber que acción tomar atiendo de golpe.
Yo: Alo.
¿?: Soy yo.
Yo: ¿Fazio?.
Fazio: Si, te estaba llamando para ver si puedo arreglar una cita contigo.
Yo: ¿Cita?.
Fazio: Eh… como quieras llamarle, me dijiste que te llamará así que lo estoy haciendo.
Yo: Esta bien. A las 7:00 p.m., Hoy a las afueras de la ciudad mi chofer pasará por ti a las 6:30 p.m., ¿Te parece?.
Fazio: …
Fazio: Eh… si bien para ese horario habré cerrado el restaurante, perfecto.
Yo: Bien, nos estamos viendo.
Cuelgo algo extrañada por la conmoción que se acumuló en mi pecho al escuchar a Fazio.
---> Solo le ayudaras con lo que puedas, no te ilusiones.
--- --- ---
Ya casi es hora de la cita laboral con Fazio.
-Evaaa, ¿A dónde tan guapa?.- Pregunta mi hermana viéndome salir de mi habitación.
-A una cita laboral.- Le digo sin rodeos.
-A una cita laboral no se va tan elegante.- Presume observándome de pies a cabeza.
-Mira, solo quiero ser cortés con alguien que me ayudo a salvar mi vida o incluso mi conciencia.- La miro sin ganas de querer seguir hablando y sigo caminando.
-¡Hey!.- Me besa la mejilla.
-¿Por qué fue eso?.- Pregunto pasando mi mano por mi mejilla.
-Para la buena suerte.- Me sonríe inocente.
-La suerte no existe.- Le saco la lengua y me voy a la entrada de mi casa.
-Buenas noches Apolo.- Saludo cordialmente a mi nuevo guardaespaldas.
-Buenas noches Srta. Evanllelin.- Dice abriéndome la puerta.
-Gracias.- Entro. Pone en marcha el auto.
--- --- ---
-Buenas noches Fazio.- Sonrió extendiéndole la mano.
-Buenas noches Evanllelin.- Me rechaza y me toma de los brazos besándome cada mejilla, por costumbre hago lo mismo.
-Siéntate.- Me invita.
-¿Gracias?.- Pregunto algo confundida.
-Bueno y… ¿Qué querías hablar hoy?.- Pregunto algo tensa.
-Hoy… Solo quería verte…- Expresa Fazio con timidez.
-Quiero ayudarte en todo lo que pueda, como me has ayudado a mí.- Sonrió sinceramente ocultando que sus palabras me conmovieron.
- Bueno, yo no necesito…(Le impido continuar)…
-Oye no te preocupes cualquier inquietud o deuda que tengas referente al restaurante te puedo ayudar…mmm… Es más te haré un cheque.- Busco en mi cartera, mi chequera y un bolígrafo.
-Espera…solo quiero pasar esta noche contigo sin interrupciones.-Me toma de la muñeca gentilmente.
-Bueno…¿Por dónde quieres que empiece?.- Pregunto absorta en sus ojos.
-Primero vamos a ordenar.- Me declara con unos ojos a gusto leyendo la carta.
-Pide lo que quieras.- Le sugiero leyendo mi carta.
-Bien, ¡Mesero!.- Fazio llama al mesero más cerceno, este con un poco de torpeza se acerca hacia nosotros con una bonita sonrisa.
-¿Qué van a ordenar hoy?.- Pregunta el camarero viéndonos a ambos con ojos de extenuación.
-Yo voy a pedir papas gratinadas.- Digo señalando su imagen en el menú, sin más el camarero se voltea hasta donde esta Fazio. Al recibir nuestras miradas dirige la suya al menú.
-Por favor deme un Ratatouille.- Le mira para confirmar su orden y el camarero asiente, se va con paso apresurado.
-¿Quién eres?.- Pregunta sin quitarme los ojos de encima.
-Lo puedes leer en cualquier revista parisina.-Le sigo mirando provocadora.
-No, quiero que salga de tus palabras.- Me aprieta un poco más la muñeca, dándome fuerzas.
- Yo soy una mujer empresaria, con temperamento colérico, la mayor parte del tiempo soy fría y distante pero siempre me aseguro que las personas de mí alrededor estén bien. Por eso estoy aquí.- Me confieso ante los ojos de Fazio, expectante a cada palabra salida de mi boca.
-Ya veo, por eso también estoy aquí.-Me toma la mano que tengo sobre la mesa y la empieza a acariciar con su pulgar. Al ver sus acciones me dirijo hacia su rostro nada más para encontrarme con una mirada tierna y encantadora que derretirían a cualquiera.
-No estoy entendiendo.- Expreso quitándole mi mano a Fazio, sería en vano ya que se abalanza y estampa sus labios con los míos.
Sus cálidos labios le dan caricias a los míos, con un sabor embriagante a vino, nos consumimos en el beso. Cada roce calma una sed que no sabía que tenía, sus suaves toques me hacen desear más.
-Su orden ya está lista.- Escucho una voz masculina muy tímida.
Nos separamos de mala gana y le miramos con un gesto modesto nos hace entrega de nuestros platillos.
-¡Mira, que hermosa presentación!.- Exclamo pasmada ante bellos colores puestos en un solo plato.
-Buen lugar el que escogiste.- Me halaga Fazio llevándose un pedazo con el tenedor de su comida a la boca.
Repito la misma acción, y en mi boca disgusta todo los sabores que me puede dar las papas gratinadas.
--->Es placentero comer con alguien que… a decir verdad te interesa.
-Puedo sacar inspiración para mis platillos de aquí.- Me sonríe Fazio iluminado igualmente que yo por los sabores deleitosos de esta comida que es servida por este lugar.
-¿Tú eres dueño y chef de tú restaurante?.- Pregunto algo confundida, no me esperaba que Fazio era chef, eso le suma puntos.
-No te lo esperabas, ¿cierto?.- Me mira divertido, llevándose su copa de vino a los labios. Volteo los ojos.
-Me encanta cuando volteas los ojos, te ves hermosa.- Me mira con admiración y deleite. Sin embargo su expresión cambia al ver mi ceño fruncido.
-Si soy, soy chef y dueño, es como mi pequeño palacio para servirle a la gente.- Explica, me impresiona la metáfora, que utilizo pero a la vez me tranquiliza que sea para un bien mayor.
-Cada vez me impresiona más señor Fazio.- Levanto mi copa llevándomela a los labios ocultando la pequeña sonrisa que se dibujó en mi rostro.
Casi terminamos los platos que tenemos al frente podrán ser algo pequeños pero de verdad que si llenan.
Me quedo observando las bellas facciones de Fazio, las puedo apreciar ya que esta volteado hacia la izquierda viendo el hermoso paisaje nocturno, apoyando su codo en la silla y como que mordisqueando la punta de su pulgar. Pensando en algo en que Dios sabe qué.
De golpe voltea y me cacha viéndole.
-¿Quién te recomendó el lugar?.- Pregunta aun mordisqueando su pulgar. Con ganas de tomar, acerco lentamente mi copa hacia mi boca.
-Eva.- Respondo misteriosa. Sorbiendo el vino que yace en la copa.
-¿Tú no eres Eva?.- La pregunta de Fazio hace que yo escupa, y como se tratase de un rociador bañe toda la mesa del vino mezclado con la saliva.
-JAJAJAJA, Evaluna es mi hermana y yo soy Evanllelin.- Carcajeo con los ojos cerrados me limpio con una servilleta. Al darme cuenta de lo sucedido, siento como la sangre fluye con más rapidez hacia la superficie de mis rostro asiéndome enrojecer.
Veo a Fazio pasmado limpiándose los ojos. Antes de que él reaccionará tomo algo de dinero que hay en mi cartera y lo pongo a donde él lo pueda ver. Echo a correr.
-¡Eva, espera, por favor!.- Escucho sus suplicas tras de mí. Las ignoro y busco a Apolo con la mirada.
-Perseo, cuando el señor Fazio salga llévelo a su casa por favor.- Me dirijo hacia una de mis guardaespaldas/choferes.
-Apolo, lléveme hacia mi casa por favor.- Digo toda sulfurada. Sin poder controlarme abro la puerta y entro como si el presidente me estuviera buscando.
-Sí, señorita.-Responde Apolo, entra al carro y lo pone a toda marcha.
-Oh, Dios una Señorita nunca pierde la clase.- Mascullo para mí misma.
-A veces la clase no es suficiente.- Me responde Apolo con tono apacible.