Ágata salió del despacho con el pecho ardiendo. No miró a nadie. Caminó por los pasillos de la casa con pasos rápidos, tensos, como si cada tacón golpeara el suelo con rabia. La imagen seguía clavada en su mente. Valentina hablándole de esa manera. Desafiándola y Gael… Gael no dijo nada. No la corrigió. No la defendió. No la apoyó. Ese silencio le había dolido más que cualquier palabra. Apretó la mandíbula y giró hacia el ala donde estaba el personal de la casa. Si alguien sabía algo… eran ellos. Ágata siempre había controlado esa parte. Desde hacía años se encargaba del manejo de empleados, horarios, organización. Nadie cuestionaba su autoridad ahí. Entró en la zona de servicio y buscó con la mirada a una de las empleadas. — Necesito hablar contigo. — La mujer levantó la cabez

