Valentina los ve alejarse. No se despiden de ella. No hay una mirada de cortesía. No hay explicación. Gael camina delante, seguro, con ese paso que no pregunta si alguien lo sigue. Ágata va a su lado, un poco atrás, como quien sabe exactamente cuál es su lugar… y lo ocupa sin esfuerzo. La puerta se cierra. El sonido es seco. Definitivo y de pronto, la casa es demasiado grande. Valentina se queda quieta unos segundos, como si moverse fuera aceptar algo que todavía no quiere nombrar. Luego camina sin rumbo claro, recorriendo pasillos amplios, fríos, llenos de una elegancia que no le pertenece. Hasta que encuentra una sala pequeña, secundaria. Un sofá cómodo. Una ventana. Un rincón que no parece vigilado. Se sienta, respira. — Esto es un contrato. — Se dice. — Nada más. — Lo repite c

