RAVEN Ocho meses después En una noche perfecta de pleno verano en Martha’s Vineyard, con el sol poniéndose sobre el horizonte occidental —cielos tan puros, resplandecientes en un despliegue de rosas y dorados—, me encuentro caminando sola por la playa. Las aguas del azul más intenso rompen contra la orilla, la mejor banda sonora posible, pese al leve rastro de música que se filtra desde el salón Evans y se mezcla con la brisa. La boda salió perfecta. Un ataque de pánico temprano por parte de la novia se transformó en lágrimas, risas y muchos besos. Admito que derramé más lágrimas de las que jamás pensé que derramaría. Y ahora, con la fiesta en pleno apogeo, me escabullí sin que nadie lo notara, caminando hacia el muro de piedra del jardín inglés que se esconde en los límites de la pro

