ELLE Es entonces cuando suena el timbre. El sonido me hace saltar y levantarme de la cama con un torpe remolino de cabello y extremidades. Mierda. Me olvidé por completo de la maldita cena, y ahora el esposo de Bridget, Roger, está aquí para recogerme. Solo que cuando bajo las escaleras, pego una sonrisa en mi cara —una que ni de cerca siento— y abro la puerta, me recibe alguien que no esperaba. Bueno, alguien que no solo no esperaba, sino que nunca había visto. —¿Elle? —Eh… ¿sí? —me sale como una pregunta. —Por tu expresión, supongo que Bridget no te dijo que yo vendría a recogerte. Maldita Bridget. —No. Yo esperaba a Roger. Él suelta una risa, pasándose una mano por su cabello rubio, sus ojos marrones brillando mientras me observa. Es lindo. Muy lindo. Le concedo eso a mi amiga y

