AVERY Lo de anoche ya pasó y debe permanecer así. Así que todo el tomar de manos y tocar y besar y las miradas—esas jodidas miradas—no son nada. Porque eso es todo lo que pueden ser. No están destrozando mi mundo. No me están descolocando. Reajustando cosas que necesito mantener siempre alineadas. No. Es parte del montaje, me convenzo, incluso cuando el beso termina y la sonrisa que tira de sus labios hace que mi estómago revolotee de una manera imposiblemente inconveniente. Por suerte, nos salvamos de algo más—ni siquiera sé cómo llamar a lo que acaba de pasar delante de su padre—cuando una flotilla de coches de lujo parece llegar al mismo tiempo. Se abren puertas que se cierran de vuelta igual de rápido. Un hombre guapo detrás de otro pisa el camino de grava hacia nosotros. Solo q

