Capítulo 6: Pruebas interesantes

1589 Words
Me cabeceaba mientras estaban dando las instrucciones para las pruebas. La gran mayoría estaba al igual que yo, aunque por lo menos ellos habían dormido algo. —Buenos días chicos y chicas —comenzó a hablar una hada de cabello morado oscuro larguísimo y ojos violetas, parecía joven, sin embrago todas la hadas lo parecen—. Yo soy Dorella Rack, su profesora de curación y yo tomaré las pruebas de magia. Y así pasó casi la mitad de la tarde haciendo demostraciones de nuestros poderes en los diferentes ámbitos. En todas las clases que eran ataque, defensa, invocación y elemental quedé en la clase uno, pero como mi magia de curación era escasa la profesora me dejó en la clase tres. Ahora venía lo bueno, el combate. Por el comentario de Diane suponíamos que tomaría las pruebas la profesora Celina. Caminamos en grupos hacia donde hace dos días había sido la celebración de bienvenida y allí nos esperaba un hombre de silueta larga y elegante. Ya más cerca lo pude ver mejor y su cabello lacio rubio le llegaba hasta un poco más de los hombros, los rasgos de su cara eran delicados y sus ojos turquesas que se clavaron en los míos me dijeron lo que necesitaba saber. Etiel Green, el hermano menor del rey de los Elfos y tío de Aaron. Me causaba cierta gracia saber que mi enemigo natural me estaría enseñando a defenderme.  Nos sentamos a unos buenos metros frente a los árboles del bosque y allí comenzó a hablar Etiel.  —Buenas tardes alumnos, yo soy Etiel Green su futuro profesor de combate ofensivo y hoy yo tomaré las pruebas ya que profesora Corwell está ocupada —avisó. Se produjo un murmullo general y a mi lado Selene me dijo que era raro ya que lo que más le gustaba a la profesora Celina era “torturar” a los novatos. —Primero evaluaré combate cuerpo a cuerpo individual así que cuando escuchen su apellido vengan adelante —dijo fuerte y claro—. Son permitidas las armas, pero si en algún momento considero que es necesario parar, lo haré. Nos dio un par de minutos para armarnos. Me puse una armadura de piel de hidra que era bastante liviana y casi parecía una simple chaqueta azul, las clásicas dagas en mi espalda y algún que otro cuchillo escondido entre la ropa que más de alguna vez me habían salvado la vida. Una vez que todos volvimos a sentarnos en la hierba donde antes estamos el profesor comenzó a llamar. —Moon y Eider —llamó y miré a Selene que se le veía muy ansiosa. —Suerte —le dije en voz alta y me dedicó una sonrisa nerviosa. Me estiré en la hierba y a mi lado Diane miraba con expectación la batalla que duró poco. Se arrojó a mi lado Selene que estaba con cabello revuelto y uno que otro corte superficial. —¿Estás bien? —pregunté ceñuda. —Creo que si —suspiró. —Moon clase tres, Eider clase dos —gritó el profesor Green. Por la clase en la cual quedó asumí que no le había ido muy bien. Aunque como las Banshee eran un tipo de hadas, en realidad ninguna era buena en batalla cuerpo a cuerpo, pero en magia eran excelentes como los había demostrado hace poco. Había escuchado que nadie se acercaba a las Banshee porque traían mala suerte y un augurio de muerte, pero perfectamente Leonora era mejor de amiga Selene como si nada. El profesor llamó a otros dos estudiantes que no reconocí sus apellidos y decidí preguntarle. —¿Por qué se dice que la Banshee son augurio de muerte? Su cara se ensombreció y por un segundo preferí haberme mordido la lengua. —Somos las únicas criaturas conectadas a la muerte, somos premonitoras de ella. Siempre que una Banshee llora quiere decir que alguien en el cuarto va a morir, —dijo mirándome directamente. Un pequeño escalofrío subió por mi espalda y escuché la voz del profesor llamar: —Deacon y Green. Me levanté de golpe y visualicé a unos metros Green. Que dulzura de tío tiene. Caminé al campo de entrenamiento y él se posicionó a unos metros frente a mí. —Comiencen —indicó el profesor y saqué inmediatamente mis dagas. Aprovechó su distancia y lanzó algunas flechas que evadí con ayuda de mis dagas, avancé rápidamente y ataqué. Bloqueó con las esquinas de su arco que se parecía mucho al mío, pateé en su pierna y aprovechando mi desequilibrio pateó mi pierna firme haciéndome caer al suelo. Se movió con rapidez fuera de mi alcance hasta los árboles. —Cobarde —le grité molesta. Me puse de pie rápidamente y lo seguí, una vez dentro del bosque no escuchaba nada. Se había a provechado de que los árboles eran su hábitat, a mi derecha escuché el suave silbido de la flecha y la detuve en un movimiento con mi daga. Con agilidad me subí a entre las ramas y detrás de tronco pude ver la esquina de su rodilla, saqué un chuchillo de mi cinturón y lo lancé. Si algo había aprendido de lanzar cuchillos con Ross, lo estaba demostrando porque justo se clavó en esa zona y su alarido lo delató. Avancé con rapidez pero Aaron se había bajado de un salto en dirección a donde estaba los demás alumnos. Lo seguí y antes de poder salir del bosque vi como su flecha le pegó directo al mango de mi daga haciéndome soltarla. Corrí con toda mis fuerzas en su dirección donde lanzaba flechas incesantemente y las desviaba con la otra daga que me quedaba. En frente de él lo ataqué y se defendió con su arco, apliqué mi fuerza hacia la izquierda haciendo saltar el arco como mi daga. —¿A quién llamas cobarde? Drow, —con el puño cerrado me dirigió a mi cara, lo esquivé pero con la otra mano sujetaba un cuchillo con el cual atacó a mi abdomen. Con una inclinación logré que solo cortara sobre mis costillas del lado derecho y sentí como su metal cortó con facilidad mi armadura. Saqué de la parte posterior de mi cinturón otro cuchillo y ataqué, pero con su peso me botó al suelo, cayó sobre mí y solté el cuchillo que tenía. Puse mi antebrazo sobre su pecho y desvié el peso a un lado, quedé con mis piernas a cada lado de su torso, con rapidez saqué los cuchillos que tenía en las mangas de la armadura y las clavé a cada lado de su cuello. Había ganado. Sus ojos se mostraban turbulentos y no pude evitar mostrar una sonrisa soberbia. Se escucharon algunos aplausos y me puse de pie. —Muy bien chicos, ambos clase uno —dijo Etiel Green. Caminé un poco exhausta hacia donde estaban mis amiga y me dejé caer. —Ahora entiendo porque Leonora le urgía practicar contigo —comentó con una risa Selene, le devolví la sonrisa. *** Las pruebas habían terminado y me sentía completamente apaleada, estaba con un pantalón de algodón grueso y una camiseta acostada en el sillón de la salita con el cabello mojado después de la ducha. —Creo que de cierta retorcida manera entiendo por qué la profesora Celina adora hacer las pruebas, —suspiré a Diane que estaba esparcida en el sillón individual. —Celina jamás cambiará —sonrió con cansancio y los ojos entre cerrados. —¿La conoces? —pregunté pensando que ambas eran Valquirias. —Es mi prima lejana y cuando era pequeña mi tutora, —respondió y abrí los ojos con sorpresa. —Quien lo pensaría —comenté con media sonrisa. Pensé que tal vez antes del toque de queda iría a ver a Nicéfora ya que no la había visto desde ayer. —Iré a ver a Nicéfora —dije y con lentitud me levanté hasta arrastrarme a la puerta. Caminé por los pasillos y en la escalera en forma de caracol que daba al patio de las mascotas escuché la voz de Aaron con otra femenina que no sabía de quien era. —¿Estás segura que dice eso la carta? —preguntó la voz de Aaron muy afligida. —Sí Aaron, te comprometieron con Melania Red —afirmó la voz femenina. —¡Maldición! —exclamó. No me importó interrumpir un momento íntimo porque estaban en medio de la escalera y simplemente la bajé sin que importara mucho, a medida que las bajaba sus figuras aparecieron. Aaron estaba apoyado en la pared con un semblante frío y la chica pelirroja que antes la había visto con él estaba sentada en los escalones y por fin pude ver su cara ya que solo había logrado verla de espalda. Sus ojos turquesas me miraban con mera curiosidad, tenía nariz respingada, labios bien formados y rasgos finos, muy bonitos. —Permiso —susurré y pasé a su lado. Ambos no dijeron nada y solo posaron su mirada en mí. Una vez salí afuera el viento acarició mi cara y allí estaba Nicéfora con los ojos cerrados mientras los rayos de luz de luna la tocaban suavemente. Sentía su corazón intranquilo y la llamé. Sus ojos azul hielo me miraron con ánimo y le sonreí. —¿Qué pasa Nicéfora? —pregunté igual de inquieta. —Tengo un mal presentimiento —susurró. Me quedé pensativa unos momentos y a los lejos juré ver un movimiento de ramas bastante sutil. Yo también sentía ese mal presentimiento.   
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