Isabelle se movió entre las sábanas, tenía sueño, el cuerpo le dolía y no tenía ánimos de levantarse. Lamentablemente, no podía quedarse en la cama todo el día, tenía responsabilidades con la constructora, así que hizo acopio de toda su fuerza de voluntad para salir de la cama. Ella abrió los ojos al darse cuenta de que los rayos del sol ya se filtraban por las pesadas cortinas. Tomó el celular para ver la hora y frunció el ceño al darse cuenta de que tenía un mensaje, otro del mismo remitente. Privado: Qué bonito es saberte cerca. Te deseo un día tan especial como tú. ¡Buenos días, mi amor! Isabelle dejó el móvil con cierto nerviosismo. Una vez se podían confundir, pero, ¿dos? Consideraba que no. Aunque, si lo pensaba mejor, nadie más que sus abuelos tenían su número telefónico, pensó

