Aradia año 1
Fue hace tanto tiempo que aconteció, y aun así lo recuerdo perfectamente bien. No hace falta decir mi nombre, pues aquí lo único importante es la historia en sí. Basta decir que fui uno de los protagonistas de la más grande rebelión en el Reino celestial que ni se dio antes, ni se dará de nuevo.
Al entender las limitaciones de la mente humana, trataré de explicar lo más comprensible que pueda. Tal vez este escrito nunca llegue a manos humanas, sin embargo he tenido la osadía de escribirlo, aun a sabiendas que si soy descubierto, la eternidad que he pasado en este tormento vendrá a ser como un minuto comparado con lo que pudiera pasarme. Realmente no sé qué me impulsa el narrar la historia, tal vez el deseo de cumplir mi papel de mensajero, aunque sea por última vez; relatando la derrota que tuvimos hace miles de miles de años en aquella guerra que de antemano la teníamos por perdida.
Para los hombres es muy fácil hablar de los mundos celestiales, basándose únicamente en los escritos dados por los dioses, hablando cosas que no razonan, ni razonarán; dado los límites de la mente de los hombres.
En los mundos celestiales existen una variedad de seres no humanos; entre ellos dioses, dragones, semidioses, elfos, magos, demonios y otros más que son difíciles de entender. Cada uno de estos seres tiene una función específica, así como un rango o posición. Así pues, los demonios son los encargados de dar equilibrio en la creación, los dragones representan el poderío del Reino celestial, los semidioses son poderosos guerreros que cuidan la Galaxia. Muchos semidioses al igual que yo, fuimos también encargados de pregonar los decretos del Rey de los dioses hasta los confines de la Galaxia. Los magos blancos son los encargados de formar y educar con sus poderes mágicos a todos los elementales como las hadas, duendes y gnomos.
Los elfos son un grupo muy diferente a los anteriores, tanto en apariencia como en sus funciones. Así como los dragones representan el poderío del Rey de los dioses, los elfos representan su santidad. Finalmente, están los dioses, con quienes comenzaron los problemas.
Los dioses son un grupo selecto muy poderoso, y están por encima de todas las demás razas, ya que su función es aún más importante que la de los dragones, dado que cubren y guardan el “Gran Trono Blanco” de Luciel nuestro dios, representando tanto su santidad como su poderío. Este grupo apareció con la creación de un dios “grande y protector” para ser la mano derecha de Luciel, al cual se le dio el nombre de Nazgul. Este ser era hermoso en verdad. Muy poderoso y con unos dones únicos entre todos los demás seres. Él era sabio, fuerte y magnífico.
Luciel lo puso a sentarse en el Gran Trono Blanco mientras él iba a supervisar todos sus mundos creados, puesto que fue el preferido entre los demás dioses y un día entró maldad en su corazón.
Tanto Nazgul como los demás seres descritos anteriormente, fuimos formados con ciertos principios, tales como santidad, pureza, bondad, luz, dulzura, verdad, amor y uno muy especial, el libre albedrío. Esta cualidad fue usada por primera vez entre los dioses; más específicamente por Nazgul. Esto fue después de que Luciel creara un mundo muy hermoso llamado “Aradia” que significa la amada.
Recuerdo todavía cuando varios semidioses fuimos llamados por Mordor el hijo de Nazgul, quien era el principal portador de las disposiciones del Luciel, y quien recibía los mensajes directamente de él. Mordor nos dijo que algo grande estaba por suceder, por lo cual se requería que se alistara todo tipo de instrumentos de alabanza, y que estuviésemos preparados para esa ocasión tan especial como nunca antes se hubiese preparado en el Reino celestial. Nadie conocía la razón de tal celebración, ni aun los dragones celestiales, ni Nazgul, ni Mordor; solo Luciel conocía el asunto. Cuando todo se hubo preparado, se hizo un silencio expectante, y todos aguardábamos lo que nuestro Rey haría.
Luciel con su poder inigualable ordenó la aparición de muchas otras cosas. La creación de diversos mundos, tuvo lugar. Todo fue creado a la perfección por la palabra de Luciel. Su voz producía de la nada todas aquellas maravillas, acomodándolas y dándole la forma que su voluntad quería.
Fue impresionante ver aparecer una enorme esfera, la cual fue llamada Aradia. Esta estaba vacía, y se miraba oscura. Sin embargo, a un movimiento de la mano del Luciel, la tierra fue cubierta por algo que él llamó aguas; las cuales comenzaron a fluir del interior de la misma hasta cubrirla por completo. Luego de esto, Luciel tocó con su mano la faz de las aguas. Por varios períodos de tiempo, Luciel continuó formando lo existente, a la vez que cada ser nos maravillábamos más y más.
Las aguas también fueron limitadas con algo que Luciel llamó extensiones celestes, las cuales limitaron la presencia del agua sobre la tierra, a la vez que esta empezó a emerger poco a poco con formas definidas sobre las aguas. Posteriormente la tierra empezó a llenarse de árboles y frutos, según los llamó así Luciel. A una palabra en los mares comenzaron a aparecer seres vivientes, al tiempo que también emergían seres alados, y empezaron juntamente a poblar la tierra. Luciel se sentía gozoso con su creación.
Las montañas fueron formadas con una precisión impresionante, los valles, las lagunas, los riachuelos todo era de ensueño.
Otros seres más aparecieron por la palabra de Luciel, pero ahora estos seres salían de la tierra. También estos fueron dispersos por toda la faz de aquella esfera. Todos los semidioses estábamos asombrados por tanta majestuosidad con la cual se había creado Aradia de una manera única y diferente a los demás mundos. Nunca antes se había visto tal cosa. El Reino Celestial era testigo de la creación de algo totalmente distinto.
Cerca de la esfera que Luciel había creado, e incluso mucho más lejos de ella, comenzaron a aparecer formas luminosas y esferas muy diferentes por todas partes.
Fueron cinco mundos formados a parte de Aradia con varios soles al cual llamó a este sistema estelar Luciel, dando honor a su nombre.
Cuando Luciel terminó sus obras, hubo una celebración indescriptible en los mundos celestiales. Los cantores se escuchaban por doquier, Miles de millares de seres proclamábamos su poder. Ni un solo ser divino y semi-divino contuvo su voz para felicitar a Luciel por su formidable sabiduría. También Nazgul se vio lleno de expectación por lo contemplado, tras haber visto con mucho detenimiento la creación de su hermano.
Nazgul fue hecho un poco mayor que los demás dioses, y se le dio la mayor jerarquía sobre los demás. Esto fue dado con el propósito con que fue creado, el cual consistía en ser el dios más leal a Luciel. Debido a esta condición, Nazgul llegó a considerarse a sí mismo capaz de reinar ocupando de forma definitiva el lugar de su hermano; y con esto en su corazón, comenzó a acercarse peligrosamente al quebrantamiento de un principio establecido en el Reino Celestial.
Luego que Nazgul sintiera esta inquietud, su conducta ya no fue la misma. Una maldad desde los abismos de la galaxia entró en su corazón y nació en él la codicia.
Procuró hablar con muchos elfos que tuviesen alguna jerarquía y con aquellos que fueran líderes sobre algún grupo específico; ya fuese en el ejército, mensajeros de celestiales, con su hijo Mordor e incluso, habló con varios dragones que estaban al servicio de Luciel. Trataba de convencerlos de que el poder y cualidades de Luciel también ellos podrían tenerlos, y harían cosas semejantes a él.
Nazgul reveló que pretendía alcanzar el Gran Trono Blanco para sentarse en dicho lugar de forma definitiva. Él mencionó que pondría su trono en las alturas, y que desde el centro de la galaxia reinaría. Nos decía que también el que quisiera, podría reinar con él.
Pronto se hizo una reunión, donde yo estuve presente, y ahí muchos elfos y algunos semidioses le brindaron su apoyo a Nazgul. Ellos hablaron muchas cosas y vi también cómo varios dioses aprobaban la propuesta de lo que Nazgul tenía pensado hacer. Muchos decidimos seguir el llamado de aquel dios. De esta forma, el libre albedrío se usaba por vez primera en la Galaxia, pero de una forma negativa; desconociendo las consecuencias que esto traería. Nazgul dijo que pronto sucedería lo pactado y que él diría cuándo se llevarían a cabo sus planes.
Luciel nos creó de una manera especial. Puso en toda criatura celeste un reflejo de lo que él era. Podíamos manifestar emociones y sentimientos, aunque de manera totalmente distinta a la de los humanos. Todo lo que Luciel hubo creado fue siempre considerado como bueno, lo cual significaba que existía con un propósito definido para un uso especial. No obstante, esto solo perduró hasta antes de que apareciera lo que Luciel llamó “rebelión”; dado que después de la insurrección de Lord Nazgul, lo bueno fue pervertido por la maldad.
El sentimiento del orgullo también fue bueno al principio. A través de este sentimiento, podíamos sentir una satisfacción propia por nuestra belleza y sabiduría con la cual habíamos sido creados; y al contemplar nuestros cuerpos de luz, manifestábamos gratitud a nuestro Rey por su formidable sabiduría para con nosotros, y para con el resto de su creación. No obstante, fue el falso orgullo lo que nos acercó peligrosamente a olvidarnos de uno de los más grandes e intocables principios de Luciel, trayendo consecuencias inevitables.
Luego Luciel formaría algo que él llamó la corona de la creación; esto era, un ser que reflejara su sabiduría e inteligencia.
Algo totalmente diferente en este nuevo ser, fue la forma en que Luciel lo creó. Todo lo conocido hasta ese momento había sido creado por la palabra del Rey. Él hablaba y su deseo aparecía, volvía a hablar y se hacía realidad aquello. Sin embargo, este ser, al cual se le llamó hombre, fue hecho por la misma mano de Luciel y se le dio una forma definida y un espíritu de vida. Luciel dijo que haría al hombre y a la mujer con las virtudes de la santidad, belleza, inteligencia y sabiduría de Luciel reflejadas en el ser humano.
Cuando Luciel formó al ser humano, lo puso en el mundo más hermoso de la Galaxia, Aradia, para que reinasen en armonía y paz y poblaran todo el planeta.
Era un gran deleite ver como su creación prosperaba con mucha rapidez.