La invasión de las Criaturas de las Tinieblas

2061 Words
Mientras la creación del Rey de los dioses se hacía manifiesta, desde la constelación del caos los tres dioses/demonios de la antigüedad despertaron, invadidos por grandes esferas de luz llamadas soles, ellos enloquecieron de ira ya que hace millones de años atrás cuando todo era oscuridad y no existía ninguna esfera, viajaban por los espacios siderales junto con sus miles de miles de retoños. Ellos son conocidos como las Criaturas de las Tinieblas. Nadie sabe su origen ni quien los creó, el único ser que sabe de sus orígenes es la Fuente de Luz de Todas las Cosas, un ser sin forma ni límites que habita en su infalible Luz. De Él emanaron todos los dioses y diosas incluido nuestro Rey Luciel y las divinidades del Abgal. Volviendo con estos seres del caos, decidieron hacer una invasión a los mundos celestiales para apagar y destruir toda luz que fue creada por Luciel. El nombre del líder principal es Azatoth. Un mortal que en su Galaxia llamada la “Vía Láctea” lo describió de esta manera: Es una masa colosal, caótica y sin forma; incluso el mismo universo forma parte de su esencia, y el simple hecho de mirarlo fijamente supondría una muerte de horror y locura extrema. Encarna la omnipotencia de los poderes oscuros, por lo cual supera en fuerza a todos los demás seres tenebrosos de la Galaxia de Andrómeda. Es el caos creativo e infinito de la Galaxia y el supremo dios/demonio. Él es el "uno por encima de todos" y el "alfa y omega". Alrededor de él están los más poderosos seres de las tinieblas, como Shub-Niggurath y Yog-Sothoth, junto con muchos de sus repugnantes retoños. El silencio de las Tinieblas fue grande al proclamarse la victoria de la luz y la confusión en el caos reptante. En las Tinieblas, un Ser se adelantó a los demás y se dirigió al infinito oscuro: -“Porque nosotros hemos sido despertados para ver esta abominación, una guerra haremos. Para que Luciel nos reconozca al desafiarlo”. Y he aquí que todas las Criaturas de las Tinieblas fueron alistándose, sirviéndose de los poderes y artes oscuras para proceder a la invasión. Este ser quien sería el caudillo de los tres dioses/demonios es el siniestro dragón n***o Therion, una criatura viciosa y maligna, intimidante con cuernos muy grandes para dar un aspecto más terrible, tiene unas enormes alas y una cola con grandiosas espinas. Su piel es más dura que el acero y sus escamas son impenetrables. Un fuego devorador sale de sus entrañas y humo de sus narices cuando su ira se llega a incrementar. Todos estos seres oscuros serían conocidos por el Luciel como el “Maligno”. Más él, ni otros dioses o diosas, ni por elfos, ni por ninguna otra criatura, fueron desafiados sino por ellos mismos que aborrecían las artes de la Luz. Y la primera generación creció hasta formar un ejército de 1.500.000, que partieron hacia todos los rincones de la Galaxia, a los mundos celestiales e incluso al nuevo mundo llamado Aradia. La invasión iba a dar comienzo, Luciel fue alertado por los dragones celestiales y todos sus ejércitos fueron preparados. Los planes de Nazgul quedarían aplazados por un tiempo debido a la guerra que estaba por venir. -Hermano mío, dijo Luciel. -He sido informado por mis dragones celestiales que unas criaturas que no son de la luz, han planificado una guerra en contra de nuestros Reinos y de los mundos recién creados en mi sistema estelar. -Mientras yo voy junto con el mago blanco y general de las huestes élficas Phantom a reorganizar a todos los ejércitos, tú quedas al mando del Reino celestial rigiendo desde el Gran Trono Blanco. -¿Qué clases de seres son ellos Luciel? -Voy a averiguar al sabio Ariel para que me dé una respuesta a lo que está a punto de suceder. -Si Luciel ve y haz lo que tengas que hacer, yo estaré custodiando nuestro amado Reino. Al momento de la partida de Luciel y Phantom, Nazgul se sentaría en el Trono con unos aires de soberbia y vanidad jamás vistas en un dios celestial. Estaba vestido con un traje color rojo, una capa púrpura y en su cabeza se colocó una corona formada con muchas diademas hechas de zafiros y esmeraldas. En sus manos tenia anillos hechos de diamantes con figuras de un águila, un dragón y un oso y un cayado que tenía en su diestra. Él se sentía como el máximo soberano de la creación. Se imaginaba en sus adentros ser el dios más grande y poderoso de todos, sobrepasando al mismísimo Luciel. -Algún día seré yo el que rija la Galaxia entera, mi hermano Luciel será quien me sirva junto con los demás dioses y dragones celestiales, los elfos me darán tributo y los magos serán mis consejeros. Mientras Lord Nazgul se vanagloriaba con sus aires de grandeza, Luciel junto con el mago blanco Phantom fueron a los distintos mundos celestiales para advertirles que una guerra se avecinaba con las Criaturas de las Tinieblas y que debían de prepararse para hacer frente a esta absoluta maldad. También fue al mundo de la r**a de los Vendor, unos seres gigantescos con tres ojos y cuatro manos que moraban en colosales edificios junto con sus mujeres. De entre todos ellos destacaba uno, el vidente Ariel, el Vendor más sabio y antiguo de todos. Él vestía con unas túnicas cafés y blancas, una barba blanca larga cubría su rostro y sus cabellos blancos como la lana, su mirada proyectaba paz y a la vez que al mirar a cualquier ser lo escudriñaba todo, incluso los dioses no podían esconder las intenciones de su corazón. Él sería una pieza clave para la guerra que se avecinaba, Ariel tenía la potestad de entrar a una dimensión donde todo lo podía ver en un solo, pasado, presente y futuro con todas sus posibilidades. Luciel era su gran amigo y es por eso que él fue para que le mostrara el porvenir. El Rey de los dioses llegó y junto a él estaban inmensos dragones celestiales, era una maravilla observar a aquellas criaturas que brillaban más que la luz del sol. Fueron cuatro de ellos que custodiaban al Rey, el color de sus pieles era dorado y sus cuernos en forma de diamantes, sus inmensas alas eran de color del arcoíris, sus miradas proyectaban serenidad. Cabe decir que estos dragones eran sumamente poderosos. Luciel también venía acompañado de grande águilas que al principio los creó para su diversión. Estos seres magníficos tenían su pelaje blanco, una mirada donde todo lo veían a miles de kilómetros de distancia, sus garras hechas de un material que lo cortaba aún al hierro más resistente, ellos eran los únicos que podían hacer frente y herir de muerte a los grandes dragones negros. Al momento de llegar al mundo de los Vendor, una caravana fue a recibirlos para enseguida llevarlos a la morada de Ariel. Una vez que llegaron el Vidente salió a recibirlo como a su propia familia, la amistad de ellos era grande y un respeto mutuo había entre el dios y el gran profeta. -¡Ave Luciel!, Rey de los reyes y dios de los dioses. -Mi gran amigo y el más grande vidente Ariel, ¡que dicha volverte a ver! -¿Sabéis que unas criaturas de la oscuridad amenazan con mi creación? -Lo he visto todo Luciel, se las intenciones de esos seres que están lejos de la Luz de la Fuente Original. Ariel invitó a Luciel para entrar a la dimensión del todo en "Uno", ahí le mostró lo que estaba por venir; la fuerza descomunal de los dioses/demonios del caos, la furia del Dragón n***o Therion, la multitud de seres de las sombras y algo que rompería el corazón de Luciel, la traición de su hermano Lord Nazgul que se uniría a sus enemigos. Luciel al ver lo que su hermano iba hacer, quería ir pronto para hacer justicia pero Ariel con su gran sabiduría le indicó que no hiciera nada, que todo esto tenía un propósito para el futuro, que dejase a Nazgul actuar y aliarse con las tinieblas. Que siempre recordara que tarde o temprano la Luz siempre vencería a la Oscuridad. -Luciel, aunque te mostré lo que va a suceder y de la gran traición de tu hermano, acepta el cáliz de esta copa que esto será para el bien de toda la Galaxia en las generaciones por venir. En la constelación del caos, Azatoth se dirigía a sus poderosos aliados Shub-Niggurath y Yog-Sothoth para indicarles que ya era el tiempo de la invasión, que no podía tolerar por más tiempo el gran agravio que había hecho Luciel al crear la luz y los mundos celestiales negando que antes de su creación, ellos eran los amos y señores de la Galaxia de Andrómeda morando en el silencio y la oscuridad. Con su grotesca y blasfema voz se dirigió a dioses: -No podemos toleras más que ese dios de la luz y sus elfos sigan expandiendo su creación por todos los rincones de la Galaxia. En el principio fue la oscuridad, una densa e ilimitada negrura, enlazaba los siete puntos cardinales de la Galaxia. Nada existía fuera de lo "Que No Tiene Forma". Y la oscuridad palpitaba con el primer suspiro. El suspiro se deslizó por los siete puntos cardinales hasta convertirse en la Primera Forma. Y la oscuridad creó a los primeros seres, hijos de lo Que No Tiene Forma, los hijos de la oscuridad y de lo Que no Tiene Forma alzaron su voz. El vacío de la inmensa Galaxia escuchó por vez primera a las Criaturas de las Tinieblas. Las Criaturas de las Tinieblas recorrían toda la Galaxia en completa libertad, no había límites impuestos ni el tiempo y el espacio, todos ellos moraban en la dimensión de lo atemporal. Hasta que vino una calcinante Luz que hizo retroceder a las tinieblas, todo lo que era silencio y oscuridad se vio precipitado por unos rayos calcinantes y todo cambió, nada volvería a hacer lo mismo que fue al principio. Las Criaturas de las Tinieblas fueron testigos la creación de los demás dioses, dragones celestiales, elfos y magos. Luciel no pudo apartarlos de su presencia. Así, los hijos de las Tinieblas conocieron el nacimiento de los seres de la luz. Para los elfos, en el principio fue la luz. Una densa, ilimitada luz los iluminaba al reflejo de Luciel. Más algunos de ellos descubrirían que también existía la oscuridad. Después de la Luz, la Galaxia y los seres poseían luz y oscuridad. La poseen, y la poseerán por siempre. Aconteció que uno de los dioses descubrió su oscuridad mientras su codicia crecía para gobernarlo todo, no estaba conforme con ser el dios más poderoso y divino después de Luciel. Tenía grandes riquezas y honores, todo lo tenía bajo sus pies, y por un tiempo se aceptó como ser de luz pura. El nombre de éste era Nazgul, un dios gobernante de muchas legiones y siendo la mano derecha del Rey de los dioses. Viendo Nazgul que podía ser el único quien se sentaría en el Gran Trono Blanco, quiso tener comercio con las Criaturas de las Tinieblas. Yog-Sothoth que todo lo sabe le hizo saber estos misterios a Azatoth para darle a conocer las intenciones oscuras de Lord Nazgul y seducirlo para que fuera su fiel servidor y así recuperaran el silencio y la oscuridad que reinaba en el principio de todo. Yog-Sothoth lo sabe todo y lo ve todo. Esta deidad puede acarrear conocimiento de multitud de cosas. Este dios/demonio era el arma más poderosa que tenía el terrible Azatoth. Incluso él tenía mayor grado de videncia que el profeta y sabio Ariel. Llegó la hora de la invasión y los tres grandes dioses/demonios convocarían al dragón Therion para que se uniera a la colosal batalla que estaba a punto de comenzar. Desde los lugares más pantanosos y repugnantes de la constelación del caos fue llamado Therion junto con su séquito de dragones negros. La imponencia de estos seres era un poco menor al de su amo, el mensajero de Azatoth llamado Saitan fue a visitar al dragón. Él los trajo ante la presencia de sus señores para planificar el mortífero ataque.
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