Nazgul pacta con las tinieblas

1829 Words
Gondor con un poco de temor aceptó la invitación, Luciel le apoyaba a que no lo temiese y que era el momento de demostrar todos los entrenamientos que había sido enseñado por él y por su madre. Él finalmente aceptó el duelo, antes del enfrentamiento fueron reunidos Luciel, Mordor, Phantom, el capitán Azam, algunos dioses que descendieron de los mundos celestiales, la madre de Gondor y curiosamente la Reina de las Elfas Elentari. Yo también fui afortunado de estar en el duelo donde Nazgul sería humillado. Nazgul fue a ponerse su armadura, esta era de color n***o y tenía incrustados muchos diamantes puntiagudos, además fue por su letal espada y un látigo que emanaba fuego candente. Él quería humillar a Gondor delante de su padre y de todos los presentes. La pelea empezó, Gondor saltó al círculo y rápidamente fue con su espada al cuerpo de Nazgul, él con su látigo lo frenó y con su fuerza descomunal le jaló con todo y espada hasta hacerlo caer al suelo. Nazgul y algunos de los presentes se rieron. -Gondor, ¿Eso es todo lo que puedes hacer? Parece que tus padres te han enseñado muy poco. Gondor se llenó de furia y se levantó enseguida, fue nuevamente con su espada para chocar con la espada de Nazgul, él impuso toda su fuerza pero no tuvo mayores efectos y nuevamente fue derribado al suelo. -Creo que la pelea de exhibición ha terminado, dijo Nazgul. -Dame una oportunidad más Lord Nazgul, esta vez no os defraudaré. -Está bien Gondor, ven por mí para tumbarte otra vez al suelo. Ahora las cosas serían distintas, la fuerza interna del semidiós se hizo manifiesta, esta vez él fue avanzando lentamente y un certero golpe sorpresivo dio a su contrincante. Él cayó al suelo y por unos momentos se quedó estático hasta que se levantó. Con estas palabras, Gondor provocaría la ira del poderoso dios: -Estamos dos a uno, falta tumbarte una vez más para quedar parejos. Los ojos de Nazgul se prendieron de color rojo y todo su cuerpo se encendió en fuego, sinceramente el golpe que le dio Gondor le había hecho algún tipo de daño. Nazgul se movería a la velocidad del rayo para dar un golpe brutal a Gondor, más él lo esquivó. Nuevamente Nazgul iría a toda velocidad y fue otra vez esquivado. Ni bien él iba a contraatacarlo, Gondor con una maniobra enseñada por su madre se hizo a un lado y estando en las espaldas de Nazgul, le dio un fuerte golpe con su escudo y por segunda vez lo tumbó al suelo. -Vamos parejos Lord Nazgul. Con palabras de ironía Gondor le dijo que la tercera era la vencida y que si ganaba se quedaría con el trono de Aradia. Nazgul se pondría a pelear con todas sus fuerzas y una neblina negra lo envolvió, los presentes se asombraron en ver a su gobernador dejándose llevar por la oscuridad, sin embargo la pelea seguiría. Esta vez los dos pelearían con todas sus fuerzas como que se tratase de una verdadera batalla. Espada a espada, látigo y escudo, poder a poder los dos se enfrentaban, nadie cedía un solo paso, pasaron largos momentos y bastó un pequeño resbalón de Nazgul para que Gondor aprovechara y lo desequilibrara dejándolo completamente desarmado. Él apuntando con su espada Tenseiga a la cara del derrotado dios le dijo: -Te he ganado mi Lord Nazgul, ahora tienes que darme tu trono. Él humillado con su derrota no dijo palabra alguna. Al pasar unos minutos Gondor le sonrió y le dijo que no deseaba su trono y que solo estaba probando sus habilidades. Nazgul no podía creer que un novato aunque fuera hijo de su hermano lo humillaría delante de los demás dioses. Esto no podía quedar allí y discerniendo el peligro que este semidiós representaba a sus planes, esperó que pasase un tiempo para pactar con las tinieblas e ir en busca del dragón Therion. Nazgul con el orgullo lastimado viajó en silencio a las zonas tenebrosas y pantanosas en la constelación del Caos. Ahí se topó con algunos dragones negros y no le cedían el paso, más él dijo que le urgía hablar con su amo. Los dragones no cedieron e iban a atacarlo hasta que una voz terrorífica se hizo presente. -No se enfrenten con él que los aniquilará, él es un dios mayor en dignidad y fuerza que ustedes. -Desde hace tanto tiempo he esperado por ti Nazgul, sabía que algún día vendrías a mis dominios para pactar conmigo. -Aquella vez que me enfrentarte, vi en tu mirada odio y oscuridad y que no tardarías mucho tiempo en buscarme. -Therion, hay una gran amenaza en la Galaxia y la oscuridad y mis planes peligran. Mi decisión ha sido unirme a ustedes y derrocar a Luciel y destruir a su retoño. El pacto fue hecho y no tardaría en llegar la gran traición en el Reino celestial. -Al fin te has dado cuenta de la oscuridad que sentimos en ti Nazgul. -Lo sé y mi ambición es tener el Reino celestial a mi diestra junto con los demás reinos creados por Luciel incluyendo Aradia donde actualmente soy el soberano. -Nosotros pactamos contigo si aquellos reinos los conviertes en tinieblas y las Criaturas de las Tinieblas puedan vagar libremente. -No tengo ningún inconveniente si ustedes permiten que YO lo rija todo. Una vez acabado el pacto, Therion y Nazgul se dirigieron a la presencia de los tres dioses/demonios. Ambos se dirigían a las profundidades del Caos y un sin número de formas grotescas invadían el lugar, seres repugnantes y sin forma se paseaban alrededor de ellos. Nazgul iba montado en las espaldas del inmenso dragón. Al fin llegaron y unos sonidos siniestros se escuchaban en todo el funesto ambiente. Therion con su voz terrorífica hizo el llamado a los señores del Caos, un humo n***o ascendió desde los abismos profundos y tres formas negras se hicieron presentes. Eran Azatoth, Yog-Sothoth y Shub-Niggurath ascendiendo en toda su malignidad. Los tres seres se acercaron al dragón y a Nazgul. Azatoth habló: -Huelo el ambiente a una maldad jamás aspirada, eso me llena de mayor poder. -Bienvenido seas Therion y a nuestro nuevo servidor Lord Nazgul. Azatoth se acercó a Nazgul y le indicó que cerrará sus ojos, él lo hizo y una fuerza invisible entró en su interior. Todo había sido consumado y desde ese momento Nazgul era aliado de las Criaturas de las Tinieblas. Una vez que todo había terminado, él regresó a Aradia como que nada hubiera sucedido. La actitud de Nazgul sería muy distinta y nuevamente reunió a un sin número de elfos, algunos semidioses del cual estaba yo, unos cuantos dragones celestiales, a su hijo Mordor y al mago blanco Phantom. Este era el segundo Concilio que se celebrara a puertas cerradas desde aquella primera vez que se dio, pero que fue interrumpida por la invasión de las Criaturas de las Tinieblas. Esta vez todo se concretaría, Nazgul con su majestuosa imponencia y su gran oratoria se dirigió a todos los presentes. -Queridos aliados, es la segunda vez que os vuelvo a reunir para persuadirles nuevamente que podemos formar nuestro propio Reino y hacer todo lo que se nos plazca, incluyendo tener las mismas habilidades de creación que el dios Luciel. -Este es el momento de finiquitar nuestra empresa y dar el golpe mortal a los mundos celestiales y a mi mundo de Aradia. -¿Todos están dispuestos a aliarse conmigo y las Criaturas de las Tinieblas? Hubo solo uno que daría un paso hacia atrás y este era su propio hijo Mordor, él no podía seguir los pasos de su padre a pesar de que eran demasiado tentadores. Él le replicó a su padre. -Padre mío y soberano de Aradia y todos los mundos del sistema estelar, no voy a ceder a tu petición, tú estás armando una guerra que no tendrá fin y habrá consecuencias devastadoras para ambos lados. -Mi hijo Mordor, únete a mí y serás el segundo al mando en toda la Galaxia, solo yo estaré arriba de ti. -Te ofrezco todo a tus pies, sabes que te necesito a mi lado, tú eres el dios más poderoso después de Luciel y mi persona. -No puedo ceder a tus peticiones padre mío, Yo soy de la Luz y ahí permaneceré. Luego de decir estas palabras, Mordor salió del Concilio, tras él iba el mago blanco Phantom pero un grito lo detuvo. -No vayas tras él mi futuro general de todas mis legiones, desde ahora te consagro como el gran general y mago n***o. Phantom sería tentado a las insinuaciones de Nazgul pero no haría caso a sus invitaciones. Pero una vez más Nazgul le propuso que tendría un gran poder como mago n***o y que aprendiendo de las artes oscuras se haría mucho más poderoso. El mago n***o finalmente fue seducido y se quedó con el que ahora sería su Señor. Al fin el plan se llevaba a cabo. Nazgul era el señor y soberano sobre la mitad de los ejércitos de Luciel. Todos los elfos reunidos ahí que eran millares de millares daban la honra al nuevo proclamado Rey, Nazgul se paró enfrente de ellos y los hechizó con el poder que Azatoth le transmitió y todos ellos se tornaron de formas grotescas, sus cuerpos que eran una vez luminosos se convirtieron en oscuras sombras. Los dragones celestiales que una vez tuvieron un color dorado se tornaron negras y sus alas coloridas como el arcoíris se hicieron rojas. Nosotros los semidioses nos convertimos en abominables reptiles, ¡Cuánto lamento el haber seguido a este dios lleno de codicia y maldad! Los pocos dioses que lo apoyaron permanecieron con sus formas celestiales pero una neblina negra los invadía. Aparentemente era el comienzo del fin de la Luz y la pronta victoria de las tinieblas. Luciel desde el Gran Trono Blanco, sintió un dolor profundo en su corazón y sabía con toda seguridad que su hermano lo había traicionado, la profecía del vidente Ariel se había hecho realidad. Él sabiendo de la gran traición, se dirigió a todos aquellos que le seguían leales y les advirtió de la insurrección. Todos se armaron, tanto dioses, dragones celestiales, águilas y muchos elfos. Se preparaban para una guerra sin cuartel, Luciel había vencido con mucha dificultad a las Criaturas de las Tinieblas, pero esta vez no sabría si vencería ya que Nazgul se hizo del poder de la mitad de sus ejércitos. Sin embargo Luciel no tomaría en cuenta que desde el Reino del Abgal la morada de las divinidades femeninas cuyo lugar estaba lejos de la Galaxia de Andrómeda, una diosa intervendría en el conflicto. Esto se daría más adelante cuando todo el Reino estaría a punto de sucumbir. Nazgul comenzaría la traición y una parte de los elfos, hadas, gnomos, enanos y humanos de los distintos mundos, sucumbirían y caerían por millares en las superficies de sus planetas.
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