Nazgul el soberano de Aradia

1833 Words
Esto fue lo que las dioses/demonios del Caos pronunciaron. En Aradia Nazgul gobernaba sabiamente y Mordor se sentaba a su diestra. El palacio donde regían era extremadamente hermoso. El castillo fue construido sobre la roca alta y se ve tan armonioso que a primera vista apenas se puede ver dónde termina la roca y comienza el edificio. Hecho de madera con cúpulas y torres de color verde esmeralda. La piedra arenisca de color rosa sirvió como el principal material de construcción para las puertas del palacio, por lo que el edificio se ve tan impresionante. En la parte más alta de la obra colosal, Nazgul coloco tres grandes insignias, la del dragón, la del águila y la del oso. Estos símbolos significaban mucho para él. Toda esta obra maestra fue hecha por las manos de grandes herreros elfos, muchas hadas y algunos de los gnomos. Phantom también fue involucrado en la edificación y fue quién dio los toques de multitud de colores en los pastos verdes que rodeaban el palacio. También forjó el trono donde Nazgul reinaría. El trono del Lord Nazgul era el más maravilloso sobre el que soberano alguno se haya sentado jamás. Estaba hecho totalmente de marfil y cubierto de oro, incrustado de rubíes, zafiros, esmeraldas y otras piedras preciosas que lucían con los más brillantes, deslumbrantes y fascinantes matices y colores. Nueve escalones conducían al asiento; representando los seis mundos del sistema estelar Luciel, los dos soles y la luna de Aradia. En ambos costados, sobre cada uno de los escalones, se erguían figuras de seres de diamante puro. En el primero, un dios; en el segundo un dragón; en el tercero, un semidiós; en el cuarto, un águila; en el quinto un elfo; en el sexto, un mago, en el séptimo una hada, en el octavo un enano y un gnomo y en el noveno un hombre. Todo eso se figuraba como una muestra de su supremacía sobre todo lo existente. No tomando en cuenta para nada a su hermano Luciel. Más arriba, sobre el trono mismo, una galaxia giraba por sí sola, esto fue un efecto mágico que Phantom lo hizo. Al costado, alzándose por encima del trono, una magnífico candelabro, de oro puro, decorada con bandejas, borlillas, flores, capullos y pétalos áureos. De cada lado de candelabro se elevaban tres brazos. En los brazos de un lado estaban grabados los nombres de Nazgul, Mordor y Phantom. Cuando Lord Nazgul iniciaba el ascenso de las gradas, se ponía en movimiento un mecanismo especial. Tan pronto ponía el pie en el escalón, los dragones de diamantes extendían una de sus alas para sostener al dios y ayudarle a subir al siguiente. Desde ambos costados las esculturas de diamantes prestaban apoyo al dios hasta que éste quedaba confortablemente e instalado en su trono. Delante de su hijo Mordor, Phantom, algunos semidioses de los cuales me encontraba yo y muchos elfos y hadas se pronunció: -“Soy el Señor, amo y soberano de Aradia y los cinco mundos de Luciel”. -En los reinos celestiales soy el único al que Luciel comparte el Gran Trono Blanco. -Todos tienen que rendirme honor, sumisión y respeto. El júbilo de los presentes no tenía límites incluyendo mi persona, todos nos regocijábamos por la majestad, la sabiduría y el poder del que a futuro sería nuestro único Señor. La inmensa soberbia de Nazgul crecía estrepitosamente, desde la constelación del Caos las Criaturas de las Tinieblas miraban a su futuro preciado tesoro. El dragón Therion era el más entusiasmado, él quería que Nazgul le montase y juntos fueran invencibles. Destruyendo todo a su paso, con su fuego poderoso ambos podrían calcinar mundos enteros. Therion era tan soberbio como Nazgul. Nada se puede hacer cuando la oscuridad llama a la oscuridad. Aradia año 500 Luciel no tomaba muy en serio por el momento los abusos de autoridad que su hermano adquiría. El Rey se ocuparía de lleno en estar junto con su amada Bryinhildr y su retoño Gondor. Los tres solían ir a pasearse por los bellos campos en los bosques. Las hadas se sentían muy felices al contemplar aquella hermosa familia. Los gnomos no paraban de danzar alrededor de ellos y los enanos de aplaudir. Arriba en el firmamento varios dragones majestuosos y águilas blancas abanderaban al Rey. Luciel observaba como su pequeño crecía lleno de amor y ternura. Debido a que era mitad dios-mitad humano, sería un semidiós por cual su crecimiento sería mucho más rápido que los demás niños de Aradia. Pronto se haría de gran tamaño, con apenas 16 años de edad tenía el cuerpo de un gladiador, su rostro era blanco como la nieve, sus ojos eran una mezcla de color n***o y gris y sus cabellos largos color azabache. Sin duda alguna heredó la hermosura de sus progenitores. Tanto Luciel como Bryinhildr lo comenzaron a entrenar en las artes de la guerra, querían hacer de él un poderoso guerrero. Pero antes de eso, Luciel haría una nueva visita a su amigo de antaño Ariel. Él iría de nuevo al planeta de los Vendor para hablar sobre el futuro de su hijo. Llegando el Rey al mundo de los Vendor, Ariel lo recibió amablemente y se dirigieron a su modesta morada. Ambos mientras bebían unas cervezas, platicaban a cerca de lo sucedido en la batalla contra las Criaturas de las Tinieblas y el dragón Therion. Pasaron largas horas conversando hasta que Luciel le preguntó el futuro a cerca de Gondor. El amable anciano le contestó: -El espíritu de tu hijo proviene del Reino de lo Absoluto, la Fuente Original tiene un propósito muy específico con él. Si lo hizo encarnar en los dominios del tiempo y el espacio, es para limpiar y purificar totalmente a toda la maldad existente desde el principio y que durará hasta el fin de los tiempos. -Gondor será el elegido para realizar dicha misión, él tendrá tu ayuda, la de su madre, un gran amor que pronto se manifestará en su vida y de muchas de tus legiones que están a tu cargo, no todas ya que pronto Nazgul corromperá a algunas legiones y se llevará consigo a las sombras. -Él será una pieza clave tanto en la era actual de Aradia y la Galaxia entera como en un futuro después de algunos milenios hablando en tiempo humanos. -No te puedo decir más, pero ve y entrena a tu hijo junto con tu mujer para que le conviertan en el guerrero más poderoso de Aradia y la Galaxia de Andrómeda. -Gracias por tus palabras mi fiel amigo Ariel. Llegó el momento de la despedida y ambos se tendieron un abrazo. Ahora Luciel debía entrenar a su hijo para prepararlo a lo que estaba a punto de acontecer. Pasaron cinco años y Gondor era un joven maduro y fuerte, su madre se deleitaba en su adorado hijo. Siempre que él la veía después de sus entrenamientos con su padre, le traía una hermosa rosa. Ella le esperaba con los brazos abiertos y le preparaba su plato favorito, salmón al horno con arroz amarillo y salsa rosada. Había una cosa que su madre tenía que liar con él, Gondor llamaba mucho la atención y muchas mujeres y doncellas venían a su hogar para estar cerca del semidiós, incluso algunas hadas y entre ellas unas cuantas princesas hijas de la Reina de las hadas iban a buscarlo. Luciel por su parte viajaría a los mundos de Arcoluz, donde residían en su mayoría elfas. Ahí fue a buscar a los herreros más legendarios para que forjaran una espada para que fuese obsequiada a su hijo Gondor. La espada fue forjada con las más espléndidas artes élficas y se la entregaron al Rey. Esta espada era grande y de doble filo, capaz de traspasar la piel de un dragón y de herir mortalmente a un dios. Su color era dorado y su material hecho de cristales de cuarzo y acero. El nombre de aquella legendaria espada se llamaría, “Tenseiga” que quiere decir, el rayo fulminante. Luego Luciel después de abandonar los mundos de Arcoluz, iría a unos de sus mundos celestiales para acudir a uno de los dioses para que le hicieran un escudo que fuera capaz de soportar todo tipo de ataques y armas mortíferas como el fuego, el rayo, la electricidad y espadas poderosas. Los deseos del Rey se hicieron órdenes y un dios elaboró un escudo hecho con las escamas de un dragón n***o y que a la misma vez fuera tan ligera como un ala de un hada. El nombre de aquel legendario escudo sería, “Forgan” que quiere decir, lo impenetrable. Por último Luciel de sus propias manos divinas formaría la indumentaria de su hijo, una armadura dorada que brillara como el sol, hecha de oro puro y una mezcla de diamantes negros. Que resistiera el fuego de los dragones y toda arma de acero. Aún faltaba algo por añadir, un corcel imponente de color blanco y con unas alas del color arcoíris obsequiado por los benevolentes Vendor. Todo estaba listo para armar a su hijo de manera completa. Luciel regresó a Aradia para entregar todo a su hijo; la armadura, la espada, el escudo y el caballo. Viendo Gondor estos presentes de parte de su padre le agradeció mucho y con estas palabras juró ser un gran guerrero. -Padre, he de honrar esta armadura, espada y escudo y junto con aquel majestuoso corcel, he de defender mi amada tierra de Aradia y todos los confines de la Galaxia hasta donde llegan tus dominios. -Que así sea mi querido hijo. Una vez que Gondor se puso toda su armadura, se dirigió junto con su padre al palacio de Lord Nazgul para dar gala de su imponencia. Al llegar al castillo fueron recibidos como a los máximos soberanos de la creación. Mordor salió a darles el encuentro y les hizo pasar ante el trono de su padre. Cuando Nazgul vio a Gondor en todo su esplendor se espantó, más tuvo que disimular para que no lo notara nadie. Él hipócritamente les dio la bienvenida y con palabras de falsos halagos se dirigió a Gondor. -Hijo de Rey y Señor mío, bienvenido seas a mis humildes atrios. Eres la copia viviente de tu padre, veo que serás un legendario guerrero defendiendo nuestros mundos. -¡Loado seas hijo del Rey! -Gracias por tus halagos Lord Nazgul, pero tú eres infinitamente superior a mí, me han contado como enfrentarse cara a cara al Gran Dragón n***o Therion y que estuviste a punto de destruirlo. -Ese dragón es invencible, ha derrotado a todos los que se han puesto al frente que ni siquiera los dragones negros lo han podido aguantar por mucho tiempo. El dios envanecido, se sintió idolatrado por Gondor. A Nazgul le encantaba que los grandes lo reconozcan como a superior, sin embargo él invitaría en ese momento a un pequeño enfrentamiento a Gondor para alardear delante de todos su inmenso poder.  
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