El nacimiento de Gondor

2578 Words
El Rey Luciel desde hoy en adelante frecuentaría Aradia a causa de Bryinhildr, el dios observaba de lejos a la chica mientras ella se bañaba en las vertientes cristalinas de una de las colinas en medio de un frondoso bosque. Ella era sumamente hermosa, mientras dejaba caer el chorro de agua en sus cabellos, un bello canto se escuchó de sus labios. Era una voz que enamoraba a cualquiera quien la escuchara, superaba a los cánticos de las sirenas del mar. Luciel quedó más prendido de la doncella guerrera y no soportó las ganas de manifestarse. - ¿Bryinhildr estás bien? Vio al dios que se acercó a donde se bañaba la muchacha. -Sí, se secó la cabeza. -¡Qué valor! – Ella suspiró, me protegiste de esos terribles demonios y de ese ser maligno sin forma- le tomó de la mano. -Por ti bella mortal, sostuvo su rostro por la barbilla para que no la viera a los ojos, hago lo que sea, bajara de los más altos cielos, recorriera toda la creación, peleara con terribles dragones y demonios. -¿Por qué harías eso?, le sonrió y desvió su mirada hacia el cielo. -¡Porque estoy enamorado de ti me hermosa creación! -¿Un dios que se haya fijado en mí? -¿Cuál es la razón? -Tu belleza tan perfecta como las diosas del Abgal, tu voz como los cánticos celestiales de las elfas, tu valor como la de un dios guerrero, tu corazón tan puro como la Fuente Original. -Eso es más que suficiente para que el Rey de la creación haya puesto sus ojos sobre una mortal. -¿Estás enamorada de mí? Dijo el dios mientras sus ojos brillaban como los luceros de la mañana. -¿Quién no se podría enamorar de una divinidad tan esplendorosa como tú?, además me salvaste la vida. -Te debo todo y más. Luciel hizo una pausa y le sonrió. -Mi mundo se paraliza si me dejas acariciar tus suaves cabellos, el tiempo deja de existir a tu lado, mis manos, mis pies, mi cuerpo divino me hormiguean cada vez que te he observado mientras de bañas en las vertientes cristalinas. -Me vuelvo loco y solo pienso estar cerca de ti. Luciel se acercó a ella y atrajo su rostro. -Quiero besarte mi dulce doncella y que descubras lo que esconde mi alma, que mis labios, mis caricias y mi amor sean la demostración de lo que siento por ti, porque mis palabras no alcanzan a expresar todo lo provocas en mí. Los dos se veían tímidos y con su mirada sobre ella el dios la besó, movió su cabeza y mordió sus labios, se detuvieron y se rieron mientras la Bryinhildr jugaba con los cabellos de él. -Creo que me estoy enamorando de ti. Miró al cielo pero atrajo su mirada haciendo que sus ojos se cruzaran con algo de temor. -Eres el dios de dioses y seguramente tienes a tus pies a divinidades femeninas, muchas hermosas elfas y un sinnúmero de mortales que nadie te digiera un no. -A mi lado jamás te traicionaré o escogeré a otra mujer que no seas tú, amada mía, te quiero proteger, cuidar de ti, te quiero abrazar, rodearte de mis caricias para que confíes en mí. -¿Siempre lo harías? -Por toda la eternidad, deseo hacerte Reina de Aradia y cuando tu espíritu abandone tu cuerpo, reines junto conmigo en el Reino Celestial. -Eres mi gran tesoro Bryinhildr, me costó demasiado tiempo hallarte, no todos descubren a su complemento de forma rápida, ni aún los dioses. Ella entrelazando sus dedos con él. -¿Estarías dispuesto a dar todo por mí? -Doy todo, hago todo, paso cualquier prueba que la creación quiera ponerme, haré lo que tú digas para demostrarte lo mucho que te amo, porque sé que somos llamas gemelas que estamos destinados a estar juntas. -No importa si soy un dios y tú una mortal, EL AMOR no ve razas, jerarquías, culturas, tiempo y espacio, solo se deja ser, ahora en el eterno presente. Suspiró la doncella. -Promételo por la Eternidad. -Hasta el fin de los tiempos y más allá. El dios la tomó de los brazos y la besó hasta que la recostó en las hierbas y recorrió los labios por la piel de ella, en lo que se escuchaban más de un suspiro, se separaron. -¡No hay mujer más bella que tú! -Se lo has de decir a todas tus féminas en todos los mundos donde has descendido. -¡Solo tengo ojos para ti! -Pruébalo, mientas ella jugaba con su cabello. -A ti te veo con los ojos del Amor, por eso te conozco perfectamente, eres mi creación, sé que te gusta cantar mientras vas a la vertiente cristalina y que tus ojos brillan cuando ves toda la hermosura de la naturaleza, cuando te molestas aprietas tus manos y cuando estás nerviosa como ahora juegas con tus cabellos. -Nadie te conoce mejor que yo porque mis ojos están sobre ti, te quiero a ti y solo a ti, quiero robar tu corazón para que seas mía y de nadie más para despertar a tu lado, que seas mi mujer y que ningún otro dios u hombre alguno pueda tenerte. También te quiero, ella sonrió. -Quiero acariciar cada rincón de tu ser y que formemos en solo corazón, que la creación sienta envidia de nuestro Amor. El momento estaba listo para que estos seres se unan en el Amor pero una voz de lejos interrumpió el acto. Esa era mi voz que venía de parte de Nazgul para darle a Luciel un importante mensaje. El mensaje era para alertarlo de un contra ataque de las Criaturas de las Tinieblas, que los dragones celestiales observaban desde las fronteras de la constelación del Caos muchos movimientos estratégicos de guerra. Luciel dejó a la mortal para dirigirse conmigo a la presencia de Nazgul, el que iba a ser mi futuro líder y dios se hallaba sentado en el Gran Trono Blanco como si fuera el Señor que lo regía todo. Cuando llegamos con Luciel, Nazgul se levantó del Trono y se dirigió a su hermano para confirmarle lo que yo le había dicho. La inquietud del Rey era notoria y dejándome a fuera del salón celestial, los dos grandes dioses conversaron en secreto. Después de unos momentos ellos salieron y Luciel decidió que su hermano gobernase completamente Aradia junto con Mordor y Phantom. Luciel le había entregado el trono de Aradia y los demás mundos del sistema estelar mientras él estaría a cargo del Reino y los mundos celestiales. No sé qué conversaron los dos en secreto, pero seguramente con la gran oratoria por el cual se caracterizaba Nazgul, de seguro le convenció al Rey para que le entregara en sus manos una parte de su creación. Transcurriría el tiempo y los dioses descendieron a Aradia y convocaron a los líderes de los otros mundos del sistema estelar. La reunión dio comienzo y el Rey de los dioses en presencia de las demás divinidades y las altas dignidades élficas, dio el poder y la autoridad a Lord Nazgul como Rey de Aradia y a Mordor como Virrey. Los ojos del futuro traidor prendían de emoción, poco a poco ocultamente se apoderaba de la creación. Ahora Mordor, el mago blanco Phantom, los elementales y todos los hombres le deberían sumisión y respeto. El concilio había terminado y todos regresarían a sus respetivos mundos, solo Luciel se quedaría por un tiempo más, la razón fue Bryinhildr, él iría nuevamente a donde su amada se encontraba. Él llegó y ella desde lejos fue corriendo para recibirlo con un gran abrazo. -Me extrañaste, dijo ella. -Como nunca mi bella mortal, siempre te tengo en mis pensamientos, extraño pasar mis manos por tu delicada piel, coger tus cabellos y mirarte a los ojos mientras me sonríes risueñamente.  -Luciel siempre te sueño, estás todo el tiempo en mis pensamientos, te has convertido en mi obsesión. -Me alegra que me haya convertido en tu obsesión, eso es lo que deseo, que me ames sobre todas las cosas y solo pienses en mí. -Esto hice Luciel mientras estabas ausente. -¿Qué hiciste para mí, amada mía? Una medalla hecha de roble y marfil para que me recuerdes siempre que estés lejos de mí. Esta pequeña medalla tenía la forma de una estrella de cinco puntas, en cada punta había un color distinto. El rojo representaba el amor, el blanco la pureza, el celeste la luz, el dorado la divinidad y el turquesa el valor. Él se puso esta medalla en señal de un pacto eterno, los dos se miraban a los ojos profundamente enamorados y una Luz emanó de ellos. La unión se dio, esta vez no hubo interrupción alguna, ella se acostó en el césped mirando al cielo celeste en todo su esplendor, él la cogió de sus manos mientras la acariciaba y besaba. La escena de amor lo alumbraría todo, la unión de estas llamas gemelas experimentarían la conciencia crística en su interior, mientras ese amor sea incondicional ellos crearán una resonancia que provendría del fuego de la Diosa Madre, las energías de los opuestos masculino-femenino se fundían. Y mientras se fusionaban más y más y bebían más la copa del otro, se convertían en el “Uno”, y se convertirían en la fuerza y en el amor del otro. Mientras esto ocurría experimentaban lo que se llama la “ILUMINACIÓN”. Ellos entraron en la sintonía con Todo Lo Que Es y fundiéndose con sus energías sagradas, crearían milagros y él más grande de ellos fue la concepción de Gondor el semidiós. Una vez pasado el tiempo de gestación, Bryinhildr daría a luz a un ser deslumbrante, una Avatar que provenía del Reino de lo Absoluto. Su cuerpo era blanco como la nieve y rojo como la flor de una rosa, y el cabello de su cabeza y sus largos mechones eran negros, y sus ojos hermosos. Y cuando abrió los ojos, iluminó toda la casa como el sol, y toda la casa estaba muy luminosa. He engendrado un hijo extraordinario, diferente al hombre y distinto del hombre, y semejante a los hijos de los dioses; y su naturaleza es diferente y no es como nosotros los mortales, y sus ojos son como los rayos del sol, y su rostro es glorioso. Bryinhildr decía esto mientras la partera la atendía. En el cosmos hubo grandes señales, las estrellas iluminaron casi tan radiantes como los luceros de la mañana, los soles darían un mayor resplandor y las lunas brillarían asombrosamente. Había nacido el hijo del Rey de la creación, Aquel a quien se le encomendaría una gran misión para la presente y futura generación, del cual él sería “el Elegido”. Este ser sería amado por diosas, semidiosas, elfas y mujeres mortales. Su corazón tenía la misma pureza de su madre y en sus ojos reflejaban la mirada de ternura de su padre. El nombre del niño era “Gondor”, que significa “el amado de las mujeres”. Yo el semidiós estuve allí viendo el nacimiento de aquella criatura para llevar las buenas nuevas al Rey Luciel. En mi viaje sideral, fui al Reino Celestial para dar la gran noticia, Luciel se encontraba descansando en uno de sus jardines, paseándose y pensando a cerca de lo que le esperaba en el futuro. Llegué e interrumpí al Rey. -Mi dios Luciel, desde Aradia os traigo una gran noticia, ha nacido tu hijo. Bryinhildr ha dado a luz esta mañana. -Me has dado la mejor noticia de mi inmortalidad, vamos para ver a mi hijo. Luciel descendió a Aradia en compañía mía y de dos de sus dragones. Él llegó a la cabaña donde Bryinhildr se hallaba y cuando la vio, el niño estaba entre sus brazos. Él se acercó y los abrazó, lágrimas de felicidad rodaban de sus ojos. En ese momento Luciel cargó a la criatura y se dirigió a las afueras de la cabaña y con una potente voz exclamó: -Él es mi pequeño hijo, mi adorado retoño, todos en la creación le deberán respecto y honra. Su voz se escuchó hasta los confines de Aradia y muchos de los elementales incluyendo la reina de las Hadas se dirigieron al lugar, el mago blanco Phantom y otros magos más hicieron lo mismo, Nazgul y Mordor de igual manera. Todos se hallaban reunidos y observaron al niño. Las hadas lo rodeaban y besaban sus pequeñas manos, los gnomos danzaban de alegría y los duendes aplaudían incesantemente. Phantom se alegraba mucho de verle al Rey teniendo en sus brazos a su unigénito, Mordor estrechaba las manos dándole las felicitaciones. Solo Nazgul se quedaría varado a unos pasos de la fiesta. Él tenía miedo de la criatura debido a que cuando llegara a la edad de madurez, sería una piedra de tropiezo para sus intenciones, además que Gondor sería el sucesor de su padre Luciel. Todo esto lo sabía Nazgul y no haría nada hasta que llegase a pactar con las tinieblas y pudiese hacerse más poderoso. Y no solamente Nazgul temía el nacimiento de Gondor, también los dioses/demonios del caos sentían la misma angustia. Yog-Sothoth que todo lo sabe, dio aviso a Azatoth para que no dejase pasar por alto el asunto. Cuando él le indicó de aquellas señales extrañas que se dieron en el cosmos, supo que un gran Avatar provendría de los Reinos Inconmensurables. El dios de las tinieblas se enfureció y su voz blasfema se escuchó hasta todos los rincones del caos. -He aquí, un ser luminoso ha llegado desde lo Absoluto, que las sombras en todos los rincones oscuros de la Galaxia se levanten, usando los lenguajes con que las Criaturas de las Tinieblas conversamos entre sí, para no usar los idiomas, dialectos y lenguas y los seres de la luz no intercepten nuestras intenciones. -Y Luciel aún no es destruido por que el Caos, debe ser prolongado un tiempo para que lo que se alejó de la oscuridad regrese a ella; para que las estrellas y el Amor se extingan para siempre. -Y todo vuelva a ser como en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos oscuros. Yog-Sothoth continuaba mostrando más acontecimientos futuros. He aquí, daremos a Nazgul, que será llamado rebelde por Luciel, la facultad de llevar a los seres de luz, dragones celestiales, semidioses y elfos a la oscuridad. Ellos nos servirán y formaremos inmensos ejércitos para aniquilar a Luciel, a su hijo Gondor y a todos sus mundos celestiales y terrenales. Luciel condenará a su hermano a las mazmorras galácticas. Él dirá: -“Seas precipitado en este lugar oscuro y tenebroso por el resto de tus incontables siglos hermano mío; seas rechazado por los seres humanos que he creado, seas odiado por las Criaturas de las Tinieblas quienes son mis grandes adversarios”; pero nosotros nos volveremos hacía Nazgul, desafiando a Luciel. Azatoth volvió a hablar: -Demasiado tiempo hemos callado desde que perdimos aquella gran batalla; porque entre nosotros no hay amor, ni luz, ni bondad. Pero sí venganza: escuchen bien Yog-Sothoth, Shub-Niggurath y Therion. -Enseñen de aquí en adelante el valor de la venganza a sus retoños, así como han enseñado las artes oscuras, la destrucción, el rechazo a la luz y la protección de la oscuridad; la magia y la maldad.
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