Los Trolls llegan a Aradia

1795 Words
-Mi señor una vez que ha visto estas peleas de exhibición, ¿cumplen con sus expectativas? -Ha sido un excelente trabajo Phantom, con la furia y la inteligencia de esos Trolls los podremos en primera fila para que aplasten a los elfos y hombres. -Debemos a****r primero Aradia arrasando con todo para luego ir al Reino celestial y poner fin a esta guerra. -Mordor estaré en espera de sus órdenes, mientras tanto voy a traer al más poderoso de los Trolls-mor, no se lo quise entregar a los dioses/demonios para dárselo a usted mi Señor. -Muy bien, muy bien Phantom que seas fiel a tu Señor. Phantom fue a traer al poderoso guerrero Trolls-mor. Este era de menor tamaño que los de su r**a, medía tres metros de alto pero con una fuerza y rapidez descomunal. Era el más inteligente de todas sus creaciones. Su nombre “Azam” quien sería el comandante de todos los Trolls y Trolls-mor durante toda la guerra. Mordor lo vio y para dejarse de dudas quería probarlo. Primero hizo traer a 5 soldados de las sombras, Azam los destruyó fácilmente, luego mandaría a traer a un Trolls. A este Trolls no le dio oportunidad de nada y con unos movimientos veloces, se trepó en los hombros de la bestia, le atravesó una lanza en medio de su cabeza y este cayó muerto al instante. Finalmente Mordor lo probaría con un Trolls-mor, aquí se sentía más emocionado ya que esta bestia era inteligente y hábil también. El enfrentamiento se dio, ambos se movían rápidamente, sin embargo Azam lo era un poco más, el Trolls-mor trató de arremeterlo con su martillo pero fue esquivado. Por cuatro ocasiones hizo el mismo movimiento y todas fueron esquivadas por Azam. El Trolls-mor lo correteaba por todo el lugar hasta que se cansó, ni bien tomó unos segundos de respiro, Azam le arrebató el martillo y con un golpe mortal le destrozó el rostro y rematándolo con una multitud de golpes, lo dejó sin vida. Mordor se alegró de ver a este Trolls completamente evolucionado, aunque era de menor tamaño era fuerte, astuto, inteligente y resistente. Él lo pondría como comandante de todos los Trolls y solo por encima de él en cuanto a rango serían Lord Nazgul, Mordor y Phantom. -Me has dado una gran sorpresa Phantom, este guerrero es impresionante, sea el quien comande a los Trolls. -Que así sea mi Señor, Azam estará conmigo en todas las batallas que están por venir. Los planes de Mordor en cabo de poco tiempo se darían por cumplido, tontamente no contaba que en Aradia Gondor y su madre adiestraban fuertemente a los hombres para defender a su mundo con todas las fuerzas de su corazón. Ya tenían formados soldados de élite, hombres diestros en todo tipo de armas y a no tener miedo a nadie, absolutamente a nadie. Gondor después de algunos días de fuerte entrenamiento decidió descansar un par de días, su amada Lúthien bajaría del Abgal para pasar con él por aquellos días. -Mi amor todo este tiempo te he observado desde el Abgal, la forma como entrenas a los hombres junto con tu madre, la preocupación que tienes por los mortales. -Mi dama de blanco, es mi deber salvaguardar mi mundo, yo nací allí y estoy dispuesto con todo mi corazón para defender del poder de las Criaturas de las Tinieblas y de Nazgul así me cueste la vida. -Eres demasiado noble mi amor, por eso te amo tanto por ese gran corazón que tienes. -Yo también te amo Lúthien, siempre tendré en mis pensamientos el día en que mi padre nos desposó, fue lo más hermoso que he vivido. -Eres lindo mi Gondor, yo también jamás olvidaré que aquella vez nos unimos como uno solo por el resto de las eternidades. Por aquellos mismos días, Elentari fue a visitar a Luciel para conversar de temas de guerra. Ella quería estar segura de tener a todos sus aliados armados hasta los dientes. Sabía que en cualquier momento la maldad iniciaría una nueva guerra del cual no tardaría en llegar. El diálogo duró por unas cuantas horas, luego dieron un pequeño paseo por un jardín donde Luciel suele caminar en sus momentos de descanso. Los aromas de aquel jardín son variados y muy deliciosos. Elentari preguntaría por su hijo Gondor, ella quería verlo por unos instantes para conversar con él y conocerlo un poco más. Luciel sedería a las peticiones de la Reina. Ambos descendieron a Aradia para visitar a Gondor. Cuando llegaron fueron a la cabaña donde Bryinhildr en las afueras practicaba con sus armas como de costumbre. Al momento del saludo, Bryinhildr les invitó a beber una buena cerveza y degustar de unos deliciosos bocadillos. Bryinhildr como agradecimiento a Elentari por salvar la vida a su amado esposo, le hizo un vestido muy bonito, este era de color rojo con un corazón en medio del pecho. Ella se probó en aquel instante y la Elfa lucía demasiado hermosa, quería ver a Gondor para que la viese así, casualmente Gondor venía muy abrazado con Lúthien luego de dar un paseo por el bosque. -Madre mía he venido con mi Lúthien para que junto con ella puedan cantar. -Hijo mío claro que sí, Lúthien siempre es una bendición verte por Aradia. -Bryinhildr mi igual, solo tú eres lo más semejante a mí entre todas las mujeres. Mientras seguían dialogando en la entrada de la cabaña, Luciel se acercó para saludar a su hijo y su nuera. Abrazos, caricias y saludos entre la sagrada familia. Gondor notó que alguien también salía de la cabaña, una mujer vestida de rojo, vio su rostro y era Elentari en todo su esplendor, aquel vestido le hacía lucir más hermosa lo que es. Ella se acercó y saludó a Gondor amablemente pero sin dejarle de ver a sus ojos, Lúthien se dio cuenta de las intenciones del corazón de la Elfa y se puso frente a frente. Ambas se miraban viéndose a los ojos fijamente, Bryinhildr se percató que algo extraño había en esas miradas, quizá eran miradas de desafío por el corazón de Gondor. Elentari se calmaría y decidió no decir palabra alguna, Gondor fue quien se acercó a ella para cogerle de la mano y besarla como una muestra de agradecimiento eterno por lo que había hecho con su padre, curarlo de las heridas mortales que Therion le causó. -Gracias Gondor eres todo un caballero, dijo la Reina. -Siempre mi gratitud contigo mi Reina. Lúthien solo miraba con mucho cuidado a la Reina, fue la primera vez que experimentaría una emoción llamada celos. Ni siquiera las altísimas deidades como Lúthien no serían exentos de este tipo de emociones. Llegó el momento donde Mordor enviaría a las tropas de Trolls y Trolls-mor al planeta Aradia, ellos viajarían por un portal interdimensional. Miles de ellos entrarían al portal para llegar a un lugar recóndito e ir avanzando en silencio hasta las ciudades principales. Primero invadirían los pequeños pueblos quemando y destruyendo todo a su paso como unos malvados vándalos. La orden fue dada y las bestias entraron por el portal, en cuestión de segundos arribaron a unos profundos bosques, los Trolls eran comandados por Azam, él era el único que los mantenía a raya a parte de Mordor y Phantom. El lugar era muy espeso y algo pantanoso, avanzaban lentamente hacia los lugares donde residían los campesinos. Llegaron a unas pequeñas aldeas y Azam dio la orden y los Trolls salieron como toros salvajes dispuestos a envestir a quien se pusiera a su paso. Ancianos y hombres labraban en el campo y algunos animales domésticos salieron huyendo del sitio, ellos quedando asombrados por la actitud rara de su ganado no entendían lo que pronto sucedería. Ni bien se iban a percatar de la situación, vieron de lejos a unos gigantes con unos martillos en sus manos, fue tarde y no pudieron salir huyendo del todo. Los Trolls les tendieron una emboscada y todo el pequeño pueblo quedó rodeado. El aire se respiraba a miedo, todos los aldeanos trataron de esconderse en sus pequeñas casas pero fue inútil, los Trolls entraron rompiendo las puertas como si se tratase de partir la mantequilla con un cuchillo. Los chillidos de las mujeres se oían por todas partes, los Trolls con sus golpes brutales y con la furia que los caracterizaba, despedazaron a cuantos hallaron en las cabañas. Nadie quedó con vida, Azam junto con unos cuantos Trolls-mor incendiaron toda la aldea. Así continuarían hasta llegar a un pueblo más grande donde no solo había campesinos, también se encontraban algunos hombres de guerra. Todos iban en silencio detrás de Azam listo para la ofensiva, nuevamente los Trolls fueron en la línea de frente. Al unísono arremetieron con todas sus fuerzas a los guardias centinelas, poco pudieron hacer los hombres de guerra y quedaron muertos tendidos en el suelo. El terror en el pueblo se notaba en todas partes, la gente corría de un lado para otro mientras los Trolls los seguían para masacrarlos uno por uno. Azam se reía malignamente observando como los hombres, mujeres y niños eran destruidos. De la misma manera continuaron por otros cinco pueblos arrasando y quemándolo todo. Miles de vidas se habían perdido, nadie se daba cuenta de la tragedia. Azam inteligentemente no atacaría aún a las grandes ciudades, sabía que estaban bien armados con hombres de guerra y elfos. Él regresaría por los portales interdimensionales al palacio de Mordor para contarle de lo acontecido. -Mi señor, he arrasado con algunas aldeas de hombres y he quitado la vida a miles de ellos incluyendo niños, nadie se dio cuenta de la situación. -Muy bien capitán Azam, ¿no invadiste las grandes ciudades? -No mi Señor, tome nota de la situación e hice un mapa de todos los lugares, solamente de lejos observaba las ciudades. -En el momento oportuno se atacará, necesito más Trolls y unas cuantas legiones de solados de las sombras. -Tendrás todo lo que necesites Azam, lo importante es que me traigas buenas noticias. Quiero destruir a todos los hombres de Aradia, luego iré al Reino celestial para abatir a Luciel y a todas sus fuerzas. El plan de Azam fue muy bueno pero no se percató que dos niños quedaron con vida, escondidos entre los escombros de una aldea. Ellos fueron a las fronteras de los valles de “Norfer”, montados en un caballo llegaron muy heridos. Los elfos que custodiaban las fronteras del valle fueron apresurados para ayudar a los niños. -Señores elfos, dijo uno de los niños. -Unos monstruos nos invadieron y mataron a nuestros padres. Acabando de pronunciar estas palabras el niño murió. El otro niño era de tan solo de cuatro años y no pudo decirles casi nada.
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