Sentí el calor de su aliento contra mis labios. Mi agarre no se hizo más leve en ningún momento y para completar mi osadía terminé por romper la milimétrica distancia haciendo que nuestros labios se rozaran por segundos tan breves que solo aumentó la tensión de lo que se deseaba pero no podía ser. Una sonrisa divertida apareció en mis labios y solté su corbata con rapidez, antes de que mis instintos me obligaran a empujarlo en mi dirección y devorar esa boca que tanto había extrañado y extrañaba todavía. Mi piel rozaba la suya en esa cercanía que era un pleno deleite y por más que luché contra mis deseos, cada terminación nerviosa de mi cuerpo estaba completamente encendida. La emoción que cruzó sus ojos por milésimas de segundo fue intensa, pero tan rápido como llegó se esfumó, dejando

