FLASHBACK —¿No piensas ir a la cama? ¿O querías quedarte conmigo a trabajar? —pregunté mientras rodeaba el escritorio y enredaba mis delgados brazos cerca de su cuello. Su fragancia me hizo cerrar los ojos y disfrutar de ese aroma tan atrayente que me enloquecía. Sus manos abandonaron el expediente y tomaron las mías antes de llevar el dorso a sus labios. Fue cuidadoso. Se aseguró de que yo le diera espacio para girar el mullido sillón y quedar frente a mí. Sonrió, justo antes de tomarme de la cintura para llevarme a su regazo. Esos largos dedos tomaron la tela de seda de mi camisón mientras mis rodillas se posaban sobre sus piernas. Me encantaba sentirme pequeña cuando hacía eso. —¿Vas a enfadarte conmigo? —Llegaste hace tres horas, tomaste un baño y te encerraste aquí. A veces pienso

