Massimo
Ella acaba literalmente de lanzarme mil dagas al corazón, eso fue un golpe bajo, la frase que yo tanto he usado en muchas mujeres ahora me la está diciendo una pequeña mujer, mi ego está por el piso y es gracias a ella, pero esto no se quedará así. Si ella quiere ser rebelde yo la enseñaré a serlo.
— ¿Un polvo más dices? — Le pregunto con una ceja levantada y en un tono que muestra mi evidente enojo.
— Sí. ¡Ahora déjame en paz!! — Me reta.
— ¿Tú crees que he pasado todas estas semanas saliendo contigo solo porque te considero un polvo más? ¡No me jodas Diane!!
— Pues no lo sé, los playboys tienen diferentes formas de operar. — Está mujer. Ahora simplemente se mira las uñas y no le da importancia al tema. En serio ella es única y sí que sabe como ponerme en mi lugar.
— !Deja de hablar estupideces y sal del auto!! Ya llegamos. — En el camino peleamos todo el tiempo, ella me sacaba de mis casillas y a la vez me sentía excitado.
— Está no es mi casa, no bajaré. — Se cruza de brazos y yo a este punto ya estoy perdiendo la paciencia.
— ¿Quieres que te folle aquí?!! ¡Sal ya! — Abre los ojos como plato y se sonroja.
— Idiota!! — Me grita y sale del auto. Entramos a la casa, le pregunté si quería comer algo y se negó. Dijo que quería quitarse esa ropa, le sugerí bañarse, la lleve a mi habitación, ella entró al baño y yo detrás de ella.
— ¿Qué haces? ¡Fuera! — Intenta sacarme golpeando mi pecho.
— Te ayudaré a bañar y ya por favor deja de gritar.
— No lo necesito, no estoy mocha.
— Pues te aguantas, debo quitar todo rastro de todos esos hombres que dejaste que te tocaran en el bar. — Sí, estaba celoso y esa era la razón por la que no bajaba la guardia, si gritaba, le gritaba igual...
— Estúpido, de una vez te digo que ni creas que va a pasar... Mm — Gime mientras la beso. Sí, no me aguante y pensé en la mejor manera de frenar esta estúpida discusión, ya estaba en mi casa, en mi cuarto, en mi baño, que más podía hacer.
— Hablas mucho, ¿acaso estás nerviosa? — Sé sonroja de inmediato.
— Cállate. — Su tono bajó y supe que había ganado. Se puso de espalda a mí, la ayudé a bajar su vestido y para mi sorpresa solo traía una braguita, nada de bra, sin aguantarme le doy una nalgada.
— ¿Por qué sales solo en esto? — Toco su topa interior. Ella gime del dolor.
— Auhc, ¿como más? este vestido no lleva bra, después se nota y se ve horrible. Cosas de mujeres que no entenderías.
— Pues no quiero que salgas con esto otra vez, solo conmigo lo harás. — Empece acariciar su abdomen, entramos a la ducha, enjabone su espalda, baje a sus nalgas, a su cochita quien ya se sentía mojada con únicamente mis caricias en su piel y por último subí a sus pechos uff que pechos tenía esta mujer, grandes, redondos y ahora duros por la excitación. — Eres mía pitufa... — Beso su cuello.
— ¿Tú eres mío? — Se separa y se gira para mirarme a los ojos. Debo confesar que me toma por sorpresa su pregunta, por lo que suspiro, respiró profundo y le sostengo la mirada.
— Lo soy, por favor confía en mí. No te alejes... Confieso que no soy un experto en relaciones y que no puedo explicarte lo que siento, pero me gusta esta sensación, me gusta estar contigo pequeña. — Volví a besarla, le agarré de las nalgas, ella enrolló sus piernas en mi cintura y entre en ella de una sola estocada, la escuché gemir, cortar el beso y aferrarse a mí, mientras tiraba su cuerpo hacia atrás. En esa posición veía sus hermosos pechos saltar, amo ver su cuerpesito desnudo, seguimos por un rato más hasta llegar en una explosiva liberación. — Vamos, salgamos de aquí. — La llevé a la habitación y la sometí sobre la cama de espaldas, su cuerpo recostado y sus pies fijos en el piso, con su trasero expuesto, me agache y le di atención a su centro con mi lengua, saboree todo de ella tanto como quise, me levante y entre en ella.
— Ahh papii... — Esa palabra entre gemidos me encendía, yo no se si ella lo sabía, pero en el sexo me ponía más cachondo y en otras situaciones solo provocaba que mis defensas cayeran, levante su cuerpo de la cama y la cargue aún de espaldas, subió sus manos a mi cuello para sostenerse, la lleve frente al espejo, con una pierna en el piso y la otra sostenida por mí. Acaricie su v****a con mi mano libre en círculos, miraba al espejo y ella igual, veía todas sus caras de placer reflejadas hay, metí un dedo y luego otro. Ella gemía como una tierna gatita, los saque y los lleve a mi boca.
— ¿Ya te dije que sabes delicioso? — Volví a entrar, ver nuestros reflejos nos tenía al mil, era una escena bastante caliente, subí su otra pierna y seguí entrando, luego baje sus piernas me aferré a sus grandes pechos sin dejar de entrar, quería más y más de ella, era simplemente adictivo, sentí sus paredes vaginales apretar mi duro m*****o y luego de dos estocadas más tuvimos ese tan deseado orgasmo.
Llegamos juntos, sabía que ver como se veía mientras estaba dentro nos prendería mucho. Salí de ella y la dejé acostada en la cama mientras iba a llenar la tina. Nos bañamos, esta vez si no lo hicimos ja, ja, ja y sin decir más, nos quedamos dormidos, mañana sería otro día y sabía que tenía muchas cosas que decirle y aclararle a esta mujer.
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A la mañana
La insistencia de la alarma me despertó y ella ni se inmutó. Me sonreí al verla a mi lado, tan linda y tierna. Dormida era toda una dulzura. Aproveche para arreglar unas cosas para el trabajo, tenía asuntos que atender, era todo un desordenado con las mujeres y las fiestas, pero cumplido y responsable en el trabajo. Baje por una taza de café e hice unas llamadas a mi secretaria, todo dándole tiempo a ella de despertar... Luego volví a la habitación, caminé hasta la cama, acaricie su rostro, ella abrió sus hermosos ojos y me dio una tierna sonrisa. Me acerqué a besarla.
— Tengo que irme, puedes quedarte todo el tiempo que quieras, ¿está bien? — Se puso serio de repente.
— Ve tranquilo. — No pude aguantar y reí.
— ¿Es enserió? Es día de trabajar, puedo tener miles de defectos, pero soy un hombre responsable. — Se sorprende y se baja rápido de la cama.
— Ohh. El trabajo. — Corre por toda la habitación recogiendo sus cosas, lleva puesta un de mis playeras y es divertido verla toda desorientada. Río mientras ella no sabe bien qué hacer.
— Deja de reír y ayúdame a buscar mis cosas.
— Tranquila, es temprano. Te dejaré en tu departamento y hay puedes arreglarte con calma. Ahora vallamos a la ducha
— ¿Nada más piensas en coger? — Se detiene y se cruza de brazos.
— Contigo, sí. — Le sonrio. Entramos a la ducha y una vez más paso lo que debía pasar para ahorrar agua, la dejé en su casa con la promesa de que hablaríamos luego de todo. Ella no quedó muy contenta y dijo que era mejor que tomáramos diferentes rumbos, eso me volvió a provocar un tirón en el pecho. Estaba enamorado de ella y a este punto no quería dejarla. Ella era por mucho diferente a todo lo que había conocido antes, quería estar con ella, quería cambiar para ella.
— Diane, por favor hablémoslo más tarde sí, tomemos esto con calma. — Hace una pausa y respira profundo. — Hasta más tarde, ten lindo día en el trabajo.
— Contéstame el teléfono y así lo tendré.
— Está bien — Me da un beso y sale del auto sin mirar atrás, sentía que me dolía el corazón, estaba enamorado de esa mujer, ya no había vuelta atrás.