No sé si lo que David está haciendo se puede llamar chantaje, pero definitivamente sí que es tentador. Además de que es mi única opción.
11:46 p.m. Aún tengo tiempo.
Ignoro esa voz que me dice que lo llame y acepte el trato, e intento dar un par de vueltas en mi cama, buscando dormirme, pero no lo consigo.
¿Por qué me pasa esto a mí?
Entierro mi cara en una de mis almohadas antes de oír un pitido. Es una alarma que yo misma había puesto para que suene a las 11:50 p.m.
Por más cansada que me encuentre, David Miller no me sale de mi cabeza. Odioso señor Todopoderoso. Doy otra vuelta más en la cama.
¿Por qué a mí?
Tomo mi teléfono para ver la hora.
11: 57 p.m.
Tengo que hacerlo ya o más tarde no tendré oportunidad.
Busco mi laptop lo más rápido que puedo y empiezo a buscar entre los archivos el número del teléfono personal de David.
—No, no es este. Este es el de su secretaria —miro el reloj de mi teléfono una vez más. 11: 58 a.m—. Este es el pasado. Este nunca fue suyo. Este es el del Call Center... —dirijo mi vista al reloj por segunda vez. 11: 59 a.m—. No, no, no...
Escribo el primer número que veo y le doy a llamar. Posiblemente ni sea este, pero aquí estoy yo, llamando casi a la media noche a una persona que posiblemente no es David.
—¿Con quién hablo? —la voz ronca por el sueño de un hombre suena del otro lado.
¡David! ¡Es David!
Suspiro, aliviada, mientras me paso la mano por la frente. Ni cuenta me había dado de que estoy sudando.
—Es un trato.
• X •
Es de mañana. Tengo sueño, hambre y unas ojeras horrorosas, pero aun así tuve que maquillarme y tomar un taxi hasta Miller's Enterprises.
Había aceptado. Y es posiblemente lo más estúpido que he hecho en toda mi vida, porque, aunque el señor Miller se había disculpado por esa idea tan estúpida y por su mal comportamiento, le dije que aun así lo haría. ¿Por qué? Porque no puedo ni pensar en no complicarme la vida.
Todo es más difícil cuando es el momento, por lo que, si hago un plan no muy complejo, todo saldrá perfecto. Llego, me acuesto con él y me voy. Es demasiado fácil. No creo que funcione.
Levanto la vista de los papeles que tengo en frente al escuchar las órdenes de una tan conocida voz.
—... Necesito eso para mañana en la mañana, no en la noche No es un cuento para dormir.
Reprimí una risa. ¿Se ha escuchado alguna vez? Lo dudo mucho. Finjo estar tecleando algo en mi computadora, cuando lo veo de reojo caminado hacia mí.
—Señorita Santaro, venga a mi oficina ahora mismo —y con eso se pierde en su oficina dando un portazo.
Me levanto, me aliso la falda y el cabello y tomo mi libreta antes de entrar en la boca del lobo.
Pongo mi mano al pomo de la puerta, pero antes de darle la vuelta, siento una presencia detrás de mí.
—Ya lo entiendo.
Miro por encima de mi hombro, encontrándome con el pecho de alguien, por lo que miro hacia arriba, encontrándome con la cara sonriente de Kerry. Él es el más nuevo del lugar. Recuerdo que desde que llegó a este piso congeniamos al instante.
Le devuelvo la sonrisa a manera de saludo.
—¿Y qué es lo que entiendes?
Él se acerca un poco más a mí, creando un área "confidencial" entre ambos.
—El porqué del sobrenombre «Todopoderoso».
Yo rio.
—Tardaste en entenderlo —desde dentro de la oficina del señor Miller puedo oír el sonido de un bolígrafo sonando rítmicamente contra un cristal. Giro el pomo—. Tengo que irme. Nos vemos al rato.
Entro a la oficina después de despedirme de Kerry y de prometerle que nos encontraremos en el almuerzo. Al entrar, la habitación se mantiene en un silencio sepulcral que solo se ve interrumpido por el sonido del bolígrafo del señor Miller contra la mesa de cristal.
—¿Me llamaba, señor Miller?
¿Enserio? ¿Me llamaba, señor Miller?
—Si, pero por lo visto pensaste que era para nunca.
Evito decir algo fuera de lugar.
—Y bueno, ¿qué necesita?
David cierra su computadora, pero esta vez, con delicadeza.
—Como sabrás, es la semana más tranquila de toda la empresa, por lo que siempre les doy a los menos necesarios para el funcionamiento de la empresa unos días libres —asiento, aún sin entender a donde va. David levanta una lista que tiene en la mano—. Necesito que vayas a las plantas bajas y anuncies quienes tienen las vacaciones y quienes no.
Si, bien, ahora vete... Vete... Vete...
Vuelvo a asentir. —¿Eso es todo?
Vete... Vete... Vete...
—Si, ya puedes retirarte.
Como aún sigo al lado de la puerta tengo que voltearme y abrir la puerta.
—¡Bela, espera!
Cierro la puerta despacio para no causar un gran estruendo.
—¿Sí?
—¿Tienes esta noche libre? —al mirarlo, noto que tiene la vista otra vez en la computadora.
—Al menos mírame a la cara —murmuro.
David se levanta de su escritorio, y por primera vez en todo este tiempo trabajando con él, anhelo su cercanía. Y él no tarda en darme lo que quiero. Se acerca a mí con pasos delicados y sin hacer su típico ruido al caminar. Al estar cerca, sus ojos color café se ven más claros de lo que creí que los tenía.
—¿Te parece esta noche?
Tardo un rato en responder. Aún me encuentro perdida en su mirada.
—Si...
—Perfecto —David aleja su cuerpo un poco de mí, pero sus dedos traicioneros tocan mi cintura, apenas rozándola.
—David...
—David —el sonido de la puerta abriéndose nos sobresalta a ambos. Daniel pasa por las puertas de la oficina del señor Miller sin siquiera tocar, como es su costumbre—. Veo que estás ocupado... Da igual, tu —me señala—. Desaparece.
—Cuánto cariño para la madrina de tu hija —intento actuar con normalidad. Daniel se detiene frente a mí.
¿Nos descubrió? ¿Me descubrió? Ya me morí...
—¿Por qué sigues aquí?
—Yo, ah... Es que... —a mi mente solo llega la lista—. Estoy esperando que el señor Miller me dé la lista.
Daniel mira a David con la frente fruncida.
—¿La lista?
David camina hasta su escritorio y, al volver, trae la lista consigo.
—Si, la lista de las personas a las que le daré los días libres —se gira hacia mi—. Piso 14, toda la sección 3.
—Entendido. Ahora si me retiro.
Y solo al salir me permito volver a respirar como se debe.
Eso estuvo cerca, demasiado cerca.