No puedo estar planteándome esta estupidez. Pero es que...
—Arg... ¡Qué odio le tengo!
—¿Tan mal te fue en el día? —el sonido de la voz de Akira me hace callarme al instante—. Vamos, no es nada con que no puedas —ella se sienta sobre mi cama—. No es la persona más complicada con la que has tratado.
Pongo mala cara.
—Claro que no. Conozco más arrastrados.
—¡Bela!
—Lo lamento, es que... —respiro profundamente varias veces—. Oye, ¿te puedo preguntar una cosa?
—Claro que sí, hermosa. Dime.
—Pero no se lo puedes decir a nadie.
—Claro —ella asiente—. A nadie. Entendido.
—Ni siquiera a...
—¡Ya dilo! —la miro ceñuda desde mi lugar en la cama—. Lo siento, es que me pones nerviosa.
—Y después dices que el embarazo no te pone agresiva.
Ella rueda los ojos.
—Venga, dímelo.
—¿Tú tendrías un acostón de una noche?
En un principio Akira se mantiene muy seria, pero luego empieza a reírse. Segundos después su risa mengua.
—Espera, ¿por qué me hiciste esa pregunta justamente después de hablar de David? ¿Acaso él...?
—No, no. Nada que ver —me apresuro a matar sus sospechas—. Es que hay un chico en la oficina que...me gusta mucho —miento.
Kira no parece creerme del todo, pero aún así deja el tema de David atrás.
—Bueno, la verdad es que eso no depende de mí. Depende de cómo te sientas con la idea.
—¿Pero y si...?
—Si nos detuviéramos a pensar en todas las posibilidades de que algo salga mal, al final no haríamos nada nunca.
Le sonrío, agradecida, mientras la abrazo.
—Muchas gracias, Kira.
—Ah, sí, —me separo un poco de ella—, piensa en algunas posibilidades y usa condón.
Me rio de eso.
—Es más obvio que sí.
Akira se separa completamente de mí y se dirige a la puerta de mi habitación.
—Sígueme. Te hice un pastel de limón para celebrar tu primer día trabajando directamente con David y no haberlo ahorcado.
• X •
Han pasado unos quince minutos desde que abandonamos mi habitación y vinimos a la sala a comer pastel de limón. Yo aún sigo por mi primera porción de pastel a medio comer, mientras tanto Akira ha arrasado con todo lo que quedaba.
Razón número dos por la que odio a los infantes: Antes de nacer, los pequeños demonios te hacen bolita.
Akira aplaude en mi cara un par de veces, trayéndome de vuelta a la realidad.
—Oye, Bela. Estás muy ida.
—Si, disculpa. Es que estoy cansada.
—Te mandaría a dormir, pero sabes que tienes una cita con Simón...
Me acuesto en el mueble, enredándome en una manta que siempre tenemos allí, cuando me acuerdo de la estupidez que hice esta mañana.
Me siento de golpe.
—Oh no...
Akira sonríe maliciosamente.
—Y tienes que ir.
Por algún extraño motivo, Akira está segura de que Simón y yo somos el uno para el otro. Y gracias, pero no gracias. Paso de él. Y no es por nada en su físico, solo que no me veo en un futuro con él. Y que es muy, pero que muy insistente, y eso me irrita.
• X •
—Solo será una hora, dos como máximo —yo misma me doy ánimos.
—¿Solo le darás dos horas a un hombre que te ha perseguido desde que vivimos aquí?
—Me encantaría darle más tiempo, pero mañana tengo trabajo.
Primera vez que el odioso de David sirve para algo.
—¿Y qué hay de mañana?
—Kira, —saco un vestido rojo de mi armario—. Entiendo que quieras salir de mi rápido, pero esa no es la manera.
Akira rio a carcajadas mientras busca también un vestido en mi armario.
—No es eso. Es que ese pobre chico quiere algo serio contigo, ¿y tú le vas a contar las horas?
Juego con las mangas del vestido que tengo en la mano, entonces sonrío con inocencia.
—Si.
Akira deja de buscar automáticamente ropa en mi closet para detenerse a mirarme.
—Eres especial.
—Gracias.
Ella niega, riendo.
—A este paso vamos a tener que amarrar a alguien en el sótano para que se quede contigo.
• X •
—¿Lista?
—No.
—Oh, vamos...
—Akira, desde que llegué a San Francisco, nunca he salido sin ti.
—Eso suena deprimente.
Presiono el botón del ascensor unas tres veces mientras espero a que llegue.
—Seguro que hay alguien en él —murmuro, fastidiada.
—Qué horror, ya me duelen los pies —se queja Akira a mis espaldas—. No te molestará que vuelva al departamento, ¿o sí?
Niego. —Es mi cita, no tuya.
El ascensor empieza a subir, por lo que Akira se apresura a entrar en el departamento.
1...
Había pensado que estaría nerviosa, pero extrañamente estoy muy tranquila.
6...
Suspiro. Solo es Simón. Es un gran chico... Creo.
12...
Puedo tener citas, además, nadie me lo impedirá.
15... ¡Ding!
—Señorita Santaro. Es un placer verla aquí.
El cuerpo del señor Miller se adentra al pasillo del piso número 15, seguido de Daniel, que viene con un regalo de envoltorio rosa en la mano.
—Oh, vamos, ¡tiene que ser una broma!
—Bela, ya estas grandecita para eso —Dan me da un golpe suave con el regalo en la cabeza—. Compórtate como tal.
—Si, si, adiós.
"Eso. Ignóralo. Sabes que es el único momento en que podrás hacerlo."
Ruedo mis ojos y me posiciono otra vez frente al ascensor. Ya se ha ido, por lo que lo vuelvo a llamar. Pocos segundos después logro oír que tocan la puerta de un departamento. Seguro es Daniel. Solo pasan cinco segundos para que el ascensor llegue, pero me llevo la sorpresa de que Simón se encuentra dentro.
—Oh, Simón, ¿qué haces aquí?
En vez de dejarme entrar en el ascensor para poder huir de aquí lo más rápido que pueda, él sale del ascensor.
—Bueno, pensé que tú estabas esperando que viniera a buscarte —dice mientras se rasca la parte trasera de su cabeza, nervioso.
• X •
Pov's David Miller
Desde aquí puedo sentir la incomodidad en el cuerpo de la pelinegra.
¿Pero quién es él? ¿Y por qué se viste solo para él?
—¿Celoso? —pregunta Daniel, divertido.
Solo hasta ese momento me entero de que la puerta del departamento de la novia de Daniel, Akira, ya está abierta, y que la misma se encuentra frente a mí, mirándome con los ojos entrecerrados.
—Todo lo contrario. Pensaba que de noche salía con un arco y dos flechas a cazar hombres.
Le doy un breve saludo a Akira con la cabeza y me propongo a entrar con David.
—Debimos dejar que tuvieran su primera cita aquí —oigo murmurar a Daniel—. A lo mejor así es menos incómodo.
—No lo creo, Dan. Es mejor dejarlos solos —le susurra de vuelta Akira mientras me mira de reojo.
—No lo creo. Es de Bela que estamos hablando, además, mira esto. David.
Levanto la cabeza en dirección a Daniel.
—No te molestia que Bela tenga su cita con nosotros, ¿verdad?
Me encojo de hombros. —No tengo ningún problema. Incluso diría que es una buena idea.
—Si según tú eso es una buena idea, me pregunto cómo has hecho para llegar donde estás con tu empresa.
Miro en dirección al origen de esas palabras.
Bela. No podía ser nadie más.
—¡Bela! —le riñe Daniel.
—No tendré mi cita aquí. Solo vine por mi bolso.
• X •
Pov's Bela Santaro
¿Les digo una cosa?
La cita fue un asco.