Capítulo 2. ¿Despedida?

1340 Words
Hace ya tres días que estoy trabajando para David Miller. No ha sido fácil, la verdad. Desvelarme para después tener que levantarme temprano y aprenderme más de cien nombres no es algo de mi gusto, pero sorpresivamente se me da bien. Claro que, todos los días le recuerdo a Akira que soy blanco de las malas miradas de David y que en la oficina soy la única que debe ir corriendo a todos lados porque según él "siempre llego tarde". Tonterías suyas. Hoy es uno de esos días. Llegué tarde, y para remate, olvidé donde dejé un informe muy importante para un reunión de la tarde. Para mi suerte, puedo invertir el tiempo de mi desayuno buscándolo. —Bela —escucho a David hablar por el intercomunicador—. Tráeme el informe de ventas. Olvídenlo. De aquí me quedo sin trabajo. • X • —Señor Miller —le llamo por lo bajo. Desde que he entrado en su oficina, el señor Miller no ha hecho más que sentarse en su escritorio, teclear un rato y, después, firmar papeles, cosa que es particularmente molesta ya que pensaba que me había llamado por algo, no para verlo hacer su trabajo—. Señor Miller —lo vuelvo a llamar, pero él se limita a murmurar algo incomprensible por lo bajo—. ¡David! —sólo así logro que levante la cabeza y que me mire. —Deje lo que le pedí en la mesa. La llamaré más tarde cuando termine con esto. —Oh... El informe. Ese es el problema —murmuro. Él alza la vista. —¿Problema? —el señor Miller se pone en pie—. Pues por favor dígame cuál es el problema con el informe que le pedí hace más de un mes —da dos pasos hacia adelante sin haberme quitado la mirada de encima—, que es posiblemente lo más sencillo que le he asignado hasta ahora y que también le recalqué era muy importante —menciona lo último con dureza. Pongo la mirada en mis manos. Puedo ser muy atrevida respecto al respeto con algunas personas, pero tengo vergüenza. Y justo ahora quiero morirme de vergüenza. —Lo perdí. —¿Lo perdió? —Pues... Si, lo perdí. Pero no se preocupe, lo buscaré. Como es para la tarde... Veo a David masajearse la frente con una sola mano y, después de un par de segundos, vuelve a sentarse en su escritorio. —Está despedida. —¿Qué? —No lo volveré a repetir. —Pero... —No puedo trabajar con una persona con un grado tal de irresponsabilidad que no se le pueda asignar ni el más sencillo informe. Es imposible. Me quedo quieta en mi lugar por un largo periodo de tiempo. No hablo, ni digo nada. Solo intento procesarlo. —Pero...yo hago bien mi trabajo, solo que a veces... —David cierra su computadora de golpe, haciendo que yo vuelva a la realidad—. Le prometo que voy a acostumbrarme a los lugares donde se ponen las cosas, y... —¿Por qué no te sientas, Bela? Remojo mis labios secos con mi lengua mientras camino a la silla más cercana. —¿Desde cuándo me tutea usted? —Me gusta tutear a las personas con que hago negocios —responde con simplicidad. —¿Negocios? —frunzo el ceño—. ¿Qué tipo de negocios? Por un momento él parece dedicarse únicamente a pensar en las palabras más adecuadas. —Verá, señorita... —No me acostaré con usted —David se queda en blanco por unos segundos mientras me mira fijamente, aparentemente confundido. —¿Quién fue el que le mal informó de que le pediría que se acostara conmigo? —Lo lamento. Es que suelen pedírmelo mucho —comento, avergonzada. David alza una de sus pobladas cejas en mi dirección, por lo que solo me queda rascarme la nuca con incomodidad. —Ya veo —él se aclara la garganta—. No era sobre eso —se apresura a aclarar, aunque hay algo en sus ojos que me dice que miente. Entonces sus ojos bajan a la taza de café, que justo cuando entré, hace un par de minutos, se había servido. —¿Se lo está pensando? —pregunto de repente. David posa su mirada en mí. —Ya me ha hecho la misma insinuación varias veces. Puede que sea por un simple error, pero yo creo que no es tan sencillo como una simple insinuación, más bien algo que tiene muy presente. —No juegue usted conmigo, señor Miller. —No lo hago. No juego nunca. Vuelvo a repasar mis labios con mi lengua, pero esta vez por nerviosismo. Ahora, sin poder sostenerle la mirada al hombre que tengo en frente, desvío mi mirada hacia el suelo de mármol pulido que tiene la oficina. Desde que conocí al señor Miller, siempre tendré la misma opinión de él. David Miller es el jefe más raro que tengo, tuve y tendré en toda la vida. Es el único jefe que, aparte de mandar como si fuera el mismísimo creador del mundo, te calienta como si de una olla sobre fuego se tratase. Y lo peor es que yo lo disfruto, y él lo sabe. Siempre existió fuego. Lo malo es que, si nos dejamos llevar siempre por nuestros deseos, solo existirán cenizas. —¿De qué va el trato? —interrumpo mis pensamientos pocos puros con el hombre que tengo en frente. Él también parece aterrizar. —Es justo eso lo que quería pedirle —alzo ambas cejas, más sorprendida que incrédula. David se quita la chaqueta del traje y la cuelga en el espaldar de su escritorio antes de continuar hablando—. No quería hablar de esto así, quería ser más profesional... —Si, seguro. En la sala de conferencias todo es más profesional —comento con sarcasmo. —¿Y? —David me mira con fijeza, esperando una respuesta. —¿Y porque debería aceptar? —lo cuestiono—. Hace cinco minutos quería despedirme. —No me mal entienda, aún quiero despedirla. Sólo le estoy dando una alternativa. —¿Y si no quiero? David se encoge de hombros. —No hay problema. Respetaré su decisión. Además, al yo ser quien la despida, la empresa le dará una suma bastante generosa que le servirá hasta que usted pueda conseguir otro trabajo. Pero lo que él no entiende es que no es cuestión de dinero, sino es por la confianza que Akira ha depositado en mí. Me lo pienso un rato. —¿Y qué hay de si quedo embarazada? —Eso no va a pasar. —Señor Miller, no quiero ofenderlo, pero su nivel de «Todopoderoso» no llega hasta ahí. —¿Disculpe? —Olvídelo —me pongo de pie—. Gracias por su propuesta... Algo fuera de lugar, pero muy generosa de su parte. Pero no. Él suspira. —Como desee. Otra cosa, esto no lo puede saber nadie. —No, qué va. Quién me creería que me citó el mismísimo señor Miller aquí, solo para hacerme una propuesta indecente. Intento no sonar sarcástica, pero supongo que no lo logré por la expresión en la cara de David. Empiezo a caminar hacia la salida, pero antes de llegar, me detengo. Aún tengo una última pregunta. —¿Y cuándo se vencería nuestro contrato? David toma un sorbo del café de tiene en su escritorio, sin quitar la mirada de mí. —Solo será por una noche. Chasqueo la lengua. —Ya veo. Me volteo para irme nuevamente, pero la voz del señor Miller me detiene. —No tiene que pensártelo ahora. Le doy hasta hoy a las doce. Sabe cómo encontrarme. • X • Una noche. Solo por una noche.... No puede ser verdad. No puedo estar planteándome esta estupidez ¡Es imposible que si quiera lo siga pensando! Pero si lo veo por un lado... Solo será una noche, y luego... Y luego todo se acabará.
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