Capítulo 1. Nuevo empleo

1447 Words
Desde que llegué a San Francisco, hace un año, no he podido conseguir trabajo fijo. Antes no querían emplearme porque mi inglés era mediocre, y cuando por fin aprendí el idioma, me despiden porque "mi lengua tiene vida propia y suelo ser venenosa". Por un momento me recuerdan a mi familia. Tomo un pedazo de pizza y la entro en mi boca, disfrutando del sabor a comida chatarra que tanto se me prohibió comer cuando vivía en Italia. Deben ser alrededor de las una de la madrugada, cuando recibo una llamada de Akira, aquella energética pelirroja que conocí hace un año en el aeropuerto. —Hola, Ak —abrevio su ya corto nombre. A veces ni yo me creo lo perezosa que puedo llegar a ser—. ¿Todo bien? Akira es una pelirroja que siempre lleva una sonrisa en la cara. Es amable, atenta y definitivamente es la mejor en su trabajo: Asistente personal de un mandón que se cree «Todopoderoso». —¿Mmm? Oh si, todo está perfecto. Apago la televisión de mi super reducido departamento y termino de tragar mi pizza. —¿Algo que quieras decirme...? —la presiono. Por su tono deduzco que no solo me llamó por llamarme. Del otro lado de su teléfono oigo una respuesta negativa de su parte. —Todo bien por acá, ya sabes, los malestares comunes de los siete meses y los dolores de espalda... —deja la oración abierta. Desde que conocí a Akira me volví una parte de su cerebro. Normalmente sé que le pasa, qué quiere decir y si es malo o bueno. En este caso detecto que es malo. —¿Necesitas ayuda con algo? —le pregunto, dispuesta a romper el silencio. —Nooo —alarga a "o"—. Solo es para avisarte que, si de casualidad te llaman de una tal empresa Miller's Enterprises, te comportes y no arruines la llamada, ¿Sí? En ese momento me encuentro limpiando la sala, y en cuanto oigo lo que dice, suelto la basura que tenía en mis manos. —No... —Bela, por favor. —Me odia. ¡Tu mejor que nadie lo sabes! Tuve "el placer" de conocer al sensual y codiciado soltero David Miller en una parrillada que organizaron algunos empleados de su empresa hace un par de meses. Lo que debió ser un encuentro para unir a los empleados de la empresa y a su jefe, se convirtió rápidamente en el lugar más incómodo del planeta, causando que solo después de quince minutos de haber llegado, David tuviera que marcharse. Akira dijo que tenía trabajo, pero vi el "No la quiero ver ni en sueños" en su frente. Y como si ya no me odiara lo suficiente, me lo encontré varias veces más en el ascensor de su empresa cuando iba a visitar a Akira allí, y solo "quizás" se me hayan escapado un par de comentarios libidinosos en italiano sobre lo rico que esta... Y también lo bien que le queda ese pantalón. Solo unas dos semanas después me enteré de que habla un perfecto italiano. La voz de Akira me saca de mis pensamientos impuros con su jefe el «Todopoderoso» con traje ajustado. —Solo fue un mal inicio. Ya verás que con el tiempo se llevan mejor —intenta convencerme—. Además, necesitas el trabajo y cuando yo pueda ir a trabajar y no tengas que seguir trabajando con él, todas las empresas querrán trabajar contigo. Suspiro. —Bien —acepto. Por más mal que me cayera —y aunque fuera la misma tentación en persona—, necesito el dinero. —¿Como a qué hora llaman? —No lo sé, no le quiso decir a Adam. Dijo que una de las virtudes que necesitaba el puesto era siempre estar alerta. —Eso ni siquiera es una virtud —me quejo por lo bajo. Ella rio suavemente. —Ve a dormir —me aconseja—. Mañana será otro día, necesitas descansar y yo y mi bebé también. —Bien, descansa. Y no creo que deba mencionar otra vez que eso es muy anticonceptivo de tu parte, Ak. Akira vuelve a reír, esta vez mas alto. —¡Es tu sobrina, Bela! —Oh cierto, qué tonta soy. Lo lamento. No quise entretenerla más. Las mujeres embarazadas necesitan descansar, además de que el odioso de Adam estaba con ella y ya estaba molestándome con que me vaya a dormir. Termino recoger la sala y lavo los trastes para prepararme e irme a dormir. Una vez en cama me quedo pensando. Akira está poniendo su empleo en mis manos. Ella me recomendó y si salgo mal trabajadora, ella y Adam corren el riesgo de perder su trabajo. Bueno, puede que Adam no tanto. Es primo de David y su segunda mano. Suelto un largo suspiro, cierro los ojos y me dispuse a dormir. • X • Sus caricias cada vez se acercaban más a su destino. Eché mi cabeza hacia atrás, disfrutando de las sensaciones que me estaba dando el hombre que tenía arrodillado frente a mí. David. Sus ojos cafés, llenos de deseo me miran mientras ocupa sus dedos en tocar mi v****a superficialmente. —¿Te gusta cómo se siente, Bela? Me muerdo el labio y gimo con fuerza. Eso es un si para él. David deja de tocarme y toma una de mis piernas, la pone encima de su hombro y empieza a chupar mi sexo. Lo tomo del cabello con fuerza y restriego contra mí, buscando desesperadamente más placer del que ya me da. Se siente tan bien... El sonido de un odioso teléfono suena y suena, no dejándome disfrutar en totalidad de mi encuentro nocturno con David. Entonces... Entonces desperté. La humedad entre mis piernas me distrae por un momento, hasta que el sonido de mi teléfono termina por espabilarme. Espero que con la hora que creo que puede ser sea una llamada de la lotería y que me den la noticia de que ahora seré millonaria y no tendré que trabajar nunca más en mi vida. Tiro mi mano a varios lugares de mi mesita de noche, imaginándome donde podría estar mi teléfono, porque no lo recuerdo. —¿Mmm? —es lo único que sale de mi boca al descolgarlo. —Bela, qué bueno que respondes —es Akira—. Te llamo porque un pajarito me dijo que David va a llamarte en cinco minutos. Mi adormilado cerebro no procesa nada de lo que la pelirroja me dice. —Si, el pajarito... —Bela, ¡No! David te llamará, ¡Despierta! Sacudo la cabeza. —¿Q-qué? ¿Ahora? ¡Pero si es de madrugada! —David viaja mucho, necesita que siempre estés alerta. ¡Te lo repetí mil veces, Bela! —Lo siento —me disculpo —. Prometo que estaré alerta. Akira suelta un sonoro suspiro. —Bien, te dejo. Suerte. —Gracias, la necesitaré. Justo cuando Akira cuelga, el teléfono comienza a sonar. Con un sobresalto, me lanzo hacia él, tratando de despertar completamente. La voz de David en el otro extremo del auricular me indica que no hay tiempo para la somnolencia. —¿Hablo con Bela Santaro? —Sí, estoy aquí —respondo, luchando por mantenerme despierta. —Perfecto. Supongo que Akira ya te explicó que durante los meses de licencia que ella tome necesitaré una asistente sustituta. —Si, estoy al tanto. Del otro lado del teléfono lo escucho suspirar. —Escúchame bien. Mi asistente personal siempre debe responder el teléfono, incluso si está durmiendo. Siempre debe tener a mano el material de trabajo y aprenderse los nombres de mis proveedores, socios e inversionistas. ¿Crees estar capacitada? ¿De qué está hablando este? ¿Cómo demonios haré para responder si estoy durmiendo? Aló, línea de los sonámbulos. No lo creo, jefecito. Aun así, continúo. —Sí. —Bueno, yo no creo que lo estés, pero confío en el juicio de Akira —¿Eh? Pero qué hombre más grosero—. Iniciaremos mañana, así que te quiero en mi oficina antes de las seis. ¿Antes de las seis? ¿Pero de la tarde? —¿Entendido? —Sí, sí. Claro como el agua. David cuelga sin despedirse ni nada. Tiro el teléfono a un lado y vuelvo a acostarme en la cama. Esto será una tortura. No recordaba que fuera tan brutalmente grosero. Aunque a lo mejor debería decir honesto. Suelto un bufido y giro mi cabeza hacia donde está mi reloj. Son las dos y media, y se supone que debo estar allá antes de las seis. Suelto un suspiro. Espero levantarme a tiempo.
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