—Aquí tienes. Hay azúcar y leche en la mesa. David deja de ver lo cuadros que hay colgados en las paredes para volver su vista a mí. —Son muy buenos estos cuadros. ¿Los has pintado tú? Niego. —Se los he comprado a una artista callejera. David recién toma la taza de café que le extiendo y le da un sorbo corto antes de volver a hablar conmigo. —¿Crees que durarás esas dos semanas completas fuera? Me encojo de hombros y soplo un poco mi taza de café. No creo que sea buena idea que tome café a estas horas, pero necesito tomar algo fuerte y no me arriesgaré a levantarme mañana con resaca. —No lo sé. No sé mucho de cómo se encuentra. David pone su taza en una de las mesitas de la sala, sin habérsela terminado, y empieza a remangarse su camisa negra hasta los codos. —¿Te llevas

