—Nunca me imaginé viviendo sin Akira, ¿Sabes? Me encuentro recostada en el pecho desnudo de David, que después de una intensa sesión de sexo, se recostó en mi cama, dejándome acostarme en su pecho hasta la hora de la comida. No falta mucho, pero de todos modos David me dejó hacerlo. Justo en este momento estoy usando a David como mi psicólogo personal, y no parece importarle, en cambio, se queda escuchándome atentamente y, luego, me dice qué puedo hacer para resolver mis problemas. —¿Por qué no? —me pregunta el castaño mientras enreda sus dedos en mi cabello, quitando los nudos que se hicieron cuando me tomó por él, no hace mucho, y me puso en cuatro—. ¿Tenías miedo? —Mmm, no —niego—. Es más porque me lo imaginé como... ¿Cómo se diría eso? Que soy libre de hacer lo que yo quiera,

