Valeria se quedó inmóvil, su mente tambaleándose por las palabras de Alejandro. "Alguien que conoces." Esa frase reverberaba en su cabeza como un eco interminable. ¿Quién podría querer verla muerta? ¿Quién podría estar tan cerca sin que ella lo notara?
—Tienes que darme más, Alejandro —susurró ella, su voz temblorosa pero firme.
—Te doy lo que tengo —respondió él, cruzando los brazos. —Aún estoy buscando respuestas, igual que tú. Pero te aseguro que esa persona está más cerca de lo que imaginas.
Valeria se alejó, sintiendo que el suelo bajo sus pies se desvanecía. Todo su mundo se estaba derrumbando.
—No sé si puedo seguir viviendo así, mirando por encima del hombro todo el tiempo.
Alejandro dio un paso hacia ella, su mirada intensa clavándose en la de Valeria.
—No tienes otra opción.
Un silencio cargado se extendió entre ellos. Finalmente, Alejandro suspiró.
—Necesito que confíes en mí, aunque sea difícil.
Valeria soltó una risa amarga.
—¿Después de todo lo que ha pasado? Me dices que no confíe en nadie, ni siquiera en ti, y ahora me pides esto. ¿No ves lo contradictorio que suena?
Alejandro se acercó aún más, su rostro apenas a centímetros del de ella.
—No te pido que confíes en mis palabras. Te pido que confíes en mis acciones.
Valeria sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Había algo en los ojos de Alejandro, una mezcla de desesperación y sinceridad que la desarmaba.
—¿Qué planeas hacer? —preguntó ella finalmente.
—Descubrir quién está detrás de esto, protegerte… y destruirlos —dijo Alejandro con un tono gélido que no admitía discusión.
Antes de que Valeria pudiera responder, Alejandro ya se había marchado, dejándola sola con sus pensamientos caóticos.
Horas después, en un café apartado…
Valeria se reunió con Martín. Necesitaba respuestas y, aunque dudaba de todos, Martín era su único apoyo.
—¿Qué pasó anoche? —preguntó Valeria, observando a Martín con sospecha. –Desapareciste después de que escapamos.
Martín frunció el ceño, incómodo.
—Tuve que asegurarme de que no nos siguieran.
Valeria entrecerró los ojos.
—¿Eso es todo?
—¿Qué insinúas? —Martín parecía herido, pero Valeria ya no estaba segura de nada.
—No lo sé. Alejandro dijo que alguien cercano a mí quiere verme muerta.
Martín se inclinó hacia ella, su voz un susurro apremiante.
—¿Y le crees? Valeria, él manipula. Juega con la verdad para confundir. No caigas en su trampa.
—¿Y si esta vez no es una trampa? —Valeria lo miró fijamente—. ¿Y si realmente hay alguien más?
Martín no respondió de inmediato. Finalmente, dijo en voz baja:
—Entonces debemos encontrarlo antes de que te encuentre a ti.
Esa noche, en el departamento de Valeria…
La oscuridad era densa, y el silencio solo se rompía por el tic-tac del reloj. Valeria intentaba dormir, pero su mente no paraba. Se levantó, fue a la cocina a buscar agua, y entonces lo vio: un sobre en el suelo, justo debajo de su puerta.
Con el corazón latiendo desenfrenado, se agachó y lo recogió. Dentro había una sola hoja:
"No creas todo lo que ves. Los enemigos a veces usan máscaras de amigos."
Valeria dejó caer el papel, respirando con dificultad. Un ruido detrás de ella la hizo girarse bruscamente.
—¡¿Quién anda ahí?! —susurró, su voz apenas audible.
Nada.
Pero el presentimiento de que no estaba sola la invadió. Tomó un cuchillo de la cocina y caminó lentamente hacia la sala. Cada paso que daba, su respiración se volvía más pesada.
Entonces, vio una sombra moverse cerca de la ventana.
—¡Sal de ahí! —gritó, armándose de valor.
Pero cuando encendió la luz, no había nadie. La ventana estaba cerrada. No había señales de intrusión.
—¿Estoy volviéndome loca? —se preguntó en voz baja.
De repente, su teléfono vibró. Un mensaje de un número desconocido:
"No estás loca, Valeria. Te observo. Siempre."
El cuchillo se le resbaló de las manos. ¿Quién estaba haciendo esto? ¿Por qué?
Sin pensarlo dos veces, marcó un número.
—¿Alejandro?
—¿Valeria? ¿Qué pasa?
—Alguien estuvo aquí… me dejó un mensaje… y dijo que me observa siempre.
Alejandro guardó silencio un momento.
—Voy para allá. No te muevas.
Mientras esperaba, Valeria se sentó en el suelo, abrazándose a sí misma. Los minutos parecían horas. Finalmente, un golpe en la puerta la sobresaltó.
—Soy yo —dijo Alejandro del otro lado.
Valeria abrió y, sin pensarlo, se arrojó a sus brazos.
—No puedo más con esto —susurró contra su pecho.
Alejandro la sostuvo firmemente.
—No dejaré que te hagan daño.
Pero Valeria notó algo en su mirada cuando se separaron: duda, preocupación… y algo más.
—¿Qué no me estás diciendo, Alejandro?
Él se pasó la mano por el cabello, frustrado.
—Recibí un mensaje similar hace una hora. Alguien también me está vigilando. Y eso significa que estamos lidiando con alguien muy poderoso.
—¿Quién? —preguntó Valeria, desesperada.
Alejandro la miró fijamente.
—Eso es lo que vamos a descubrir juntos.
Al día siguiente, Alejandro llevó a Valeria a un lugar inesperado: un antiguo archivo policial.
—¿Qué hacemos aquí? —susurró Valeria.
—Buscamos conexiones. Viejos casos que puedan tener relación con todo esto. A veces, el pasado guarda respuestas.
Mientras revisaban archivos polvorientos, Valeria encontró algo que la dejó helada: una foto antigua de Alejandro con un hombre al que no reconocía… y a su lado, Martín.
—¿Qué hace Martín aquí? —preguntó, mostrándosela a Alejandro.
Alejandro la tomó, su expresión endureciéndose.
—No lo sé, pero vamos a averiguarlo.
El corazón de Valeria se detuvo un segundo. ¿Podría Martín ser el traidor? ¿El que quería verla muerta?
—Tenemos que hablar con él —dijo Valeria, decidida.
—No —respondió Alejandro firmemente. –Primero, investigamos. Si Martín está involucrado, no podemos alertarlo.
—Pero…
—Confía en mí —dijo Alejandro suavemente, tocando su mano. —Por favor.
Esa noche, Valeria no pudo dormir. Se debatía entre el miedo y la desesperación. Finalmente, decidió actuar. Tomó su teléfono y llamó a Martín.
—Tenemos que vernos. Ahora.
—¿Pasa algo? —preguntó Martín, sorprendido.
—Solo ven.
Minutos después, Martín estaba en su puerta.
—¿Estás bien? —preguntó preocupado.
Valeria lo miró, intentando leer su expresión.
—¿Qué sabes que no me has dicho, Martín?
Él frunció el ceño.
—¿De qué hablas?
—La foto. Te vi con Alejandro hace años. ¿Por qué nunca me dijiste que lo conocías?
Martín palideció.
—Valeria, no es lo que piensas.
—Entonces dime qué es.
Martín suspiró, resignado.
—Alejandro y yo fuimos amigos hace mucho tiempo. Pero nuestros caminos se separaron cuando me di cuenta de lo oscuro que era su mundo. Intenté advertirte porque sé de lo que es capaz.
Valeria sintió que su mundo se desmoronaba aún más.
—¿Por qué nunca me lo dijiste?
—Porque sabía que no me creerías.