Capítulo 5: El Susurro de la Traición

1239 Words
Valeria permanecía apoyada contra la pared, su respiración entrecortada, mientras las palabras de Alejandro retumbaban en su cabeza. "No confíes en nadie. Ni en mí… ni en él." El silencio de su departamento, que antes era un refugio, ahora se sentía como una amenaza latente. Cada sombra, cada rincón, parecía ocultar un peligro invisible. Se llevó una mano al pecho, intentando calmar el violento tamborileo de su corazón. ¿Qué había querido decir Alejandro con eso? ¿Por qué Martín tendría algo que ocultar? Martín, su amigo de años, siempre dispuesto a ayudarla, a escucharla, a protegerla… ¿Podría realmente ser parte de este enredo oscuro? El papel con el número de Daniel Vega ardía en su bolso como un recordatorio de que su vida estaba a punto de cambiar aún más. Sacó el teléfono, contemplando la posibilidad de llamar a Daniel de inmediato, pero su dedo tembloroso no se movió. No aún. No mientras sus pensamientos eran un torbellino de dudas. La mañana siguiente llegó demasiado rápido. El timbre del teléfono la despertó. Se sentía agotada, como si no hubiera dormido en absoluto, pero al ver el nombre en la pantalla, se incorporó de un salto. —Martín —respondió con un hilo de voz. —Valeria, tenemos que hablar, ahora. —La urgencia en su tono la puso en alerta. —¿Qué pasó? —No por teléfono, ven al parque detrás de la galería, en 20 minutos. La línea se cortó antes de que pudiera preguntar algo más. Valeria se vistió apresuradamente, con una mezcla de ansiedad y determinación. Al llegar al parque, lo vio sentado en una banca, con una gorra cubriendo parcialmente su rostro. Parecía nervioso, mirando a su alrededor constantemente. Algo iba muy mal. —¿Qué pasa? —preguntó al sentarse junto a él. Martín no respondió de inmediato. Sus ojos, normalmente cálidos, estaban sombríos. Finalmente, murmuró: —Creo que alguien nos está siguiendo. Valeria sintió un escalofrío. —¿Nos? ¿Quién? —No lo sé, pero esta mañana, encontré esto en mi buzón. —Le entregó un sobre. Valeria lo abrió con dedos temblorosos, dentro había una sola foto. Ella y Martín en el bar anoche, en la parte trasera, escrito con tinta roja: "No jueguen con fuego." —Esto es… —Las palabras murieron en su garganta. —Nos están observando, Valeria. No sé quién, pero no estamos seguros. —Alejandro —susurró ella. —No necesariamente. Hay alguien más. —Martín bajó la voz. —Anoche, después de verte, investigué un poco más sobre Daniel Vega. —¿Y? —preguntó ella, inclinándose hacia él. —No es fácil de encontrar. Ha estado fuera del radar por años. Pero logré contactar a alguien que lo conoce. Me dijeron que Daniel no confía en nadie… y que, si lo buscas, más vale que estés preparada para lo peor. Valeria apretó los labios. —Necesito respuestas, Martín. No puedo seguir en esta incertidumbre. —Lo sé, por eso concerté un encuentro. Esta noche. Pero tengo que advertirte… Daniel no es alguien con quien jugar. Si accede a hablar contigo, será bajo sus términos. Valeria asintió, aunque su estómago se revolvía con nervios. —Iré. No tengo otra opción. Martín la miró con preocupación. —No quiero que te pase nada. —Ya es demasiado tarde para dar marcha atrás —respondió ella, repitiendo las palabras de Alejandro. La noche cayó con un manto denso. Valeria y Martín llegaron al punto de encuentro, un almacén abandonado en las afueras de la ciudad. El silencio era casi ensordecedor, interrumpido solo por el crujido de sus pasos sobre el suelo cubierto de polvo. —¿Estás segura? —murmuró Martín. —Sí —respondió Valeria, aunque su voz no sonaba tan segura como quería. De repente, una voz resonó desde las sombras. —Llegaron temprano. Valeria giró bruscamente, un hombre emergió de la penumbra, con barba de varios días, ojos fríos y una cicatriz en la mejilla, no había dudas era Daniel Vega. —¿Valeria, cierto? —preguntó, estudiándola con intensidad. —Sí, gracias por venir. Daniel sonrió sin humor. —No te hagas ilusiones. No estoy aquí para hacer favores. ¿Qué quieres saber? —Todo sobre Alejandro Ferrer —respondió ella, sin rodeos. Daniel soltó una risa seca. —Ese nombre trae recuerdos… la mayoría, no muy buenos. —Necesito saber quién es realmente. Me han dicho que tú… —Valeria tragó saliva —que tú sabes lo que ha hecho. Daniel se acercó lentamente. —Alejandro es peligroso, pero no como crees, lo que viste, lo que crees saber, es solo la superficie. —¿Qué quieres decir? —intervino Martín. —Hace años, Alejandro y yo éramos socios. Construimos un imperio juntos, pero había cosas… negocios turbios, manipulaciones, amenazas. Yo quería salirme. Él no. —Daniel hizo una pausa, su mirada perdida en recuerdos oscuros. —Una noche, recibí una advertencia. Si intentaba dejarlo, no viviría para contar la historia, así que desaparecí. —¿Por qué? ¿Qué hizo exactamente? —insistió Valeria. —No puedo decírtelo todo, pero hay algo que debes saber… —Daniel se inclinó hacia ella— Alejandro no trabaja solo, hay alguien más, alguien mucho peor. —Su voz descendió a un susurro —Y si sigues buscando, esa persona te encontrará. Un ruido repentino hizo que todos se sobresaltaran. Valeria sintió el corazón en la garganta. Daniel se puso alerta, sacando un arma de su chaqueta. —¡Nos encontraron! —susurró. —¿Quién? —preguntó Martín, nervioso. —¡Corran! —gritó Daniel. Disparos rompieron el silencio. Valeria se agachó instintivamente mientras Martín la tomaba del brazo y la arrastraba hacia la salida trasera. Daniel disparaba de vuelta, cubriéndolos. —¡No se detengan! —gritó Daniel. Salieron a un callejón estrecho, jadeando. Valeria miró atrás, pero Daniel ya no estaba. —¡Tenemos que irnos! —dijo Martín, tirando de ella. Subieron al coche de Martín y arrancaron a toda velocidad. —¿Quién era? —preguntó Valeria, su voz temblorosa. —No lo sé —respondió Martín, mirando el retrovisor. —Pero nos querían muertos. Horas después, Valeria estaba en su departamento, todavía en shock. Martín se había ido, asegurándole que vigilaría por si algo extraño ocurría. Ella estaba sola, abrazada a sí misma, cuando su teléfono vibró. Un mensaje desconocido: "Demasiadas preguntas, Valeria, a veces, las respuestas matan." El teléfono se le resbaló de las manos. Respiró hondo, tratando de calmarse, cuando escuchó un golpe en la puerta. Se acercó lentamente. —¿Quién es? —Soy yo —respondió una voz conocida. Valeria abrió y Alejandro entró, su expresión seria. —¿Qué quieres ahora? —preguntó ella, exasperada. —Salvarte —respondió él. Valeria soltó una risa amarga. —¿De ti? —De ellos. —¿Quiénes son ellos? —insistió ella. Alejandro la miró intensamente. —La persona que nos observa a ambos, la que quiere que estés muerta. No es solo un enemigo, Valeria. Es alguien que conoces. El mundo de Valeria se detuvo. —¿Alguien que conozco? Alejandro asintió. —Alguien que ha estado cerca todo este tiempo. —Dime quién es —exigió ella. —Aún no lo sé, pero lo descubriré. Mientras tanto, no confíes en nadie. —¿Ni siquiera en ti? —preguntó, recordando sus palabras anteriores. Alejandro sonrió con tristeza. —Especialmente en mí.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD