Valeria no pudo dormir esa noche. Los mensajes anónimos seguían rondando en su cabeza.
"No confíes en él. Te va a destruir, aléjate, es mío."
Se revolvió en la cama, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda. Las palabras parecían susurrarle en la oscuridad, como si alguien estuviera en su habitación, repitiendo una y otra vez.
Martín le había advertido sobre Alejandro. Isabella también. ¿Y si estaban en lo cierto?
Suspiró y se incorporó, no podía seguir así. Necesitaba respuestas, tomó su teléfono y antes de pensarlo demasiado, le envió un mensaje a Martín.
—Necesito hablar contigo, es urgente.
La respuesta llegó casi de inmediato.
—Nos vemos en 30 minutos en el bar de la esquina.
Sin perder tiempo, se vistió con ropa sencilla y salió del departamento, la noche estaba fría y silenciosa, como si el mundo estuviera conteniendo la respiración.
Al llega al bar nota que estaba casi vacío cuando Valeria llegó. Las luces tenues y la música baja creaban una atmósfera inquietante. Martín ya la esperaba en una mesa apartada, con una copa de whisky en la mano, ella se acercó con paso apresurado y se dejó caer en la silla frente a él.
—Gracias por venir —dijo, sintiendo el peso del miedo en su voz.
Martín la miró con preocupación.
—¿Qué está pasando, Valeria?
Ella tomó aire y sacó su teléfono, mostrándole los mensajes.
—Recibí esto anoche. No sé quién los envió, pero dicen que no confíe en Alejandro.
Martín frunció el ceño y leyó los mensajes en silencio. Su mandíbula se tensó.
—No me sorprende.
—¿Qué sabes? —preguntó ella, inclinándose hacia él, sintiendo que su respuesta cambiaría todo.
Martín dudó un momento antes de hablar.
—Alejandro no es solo un empresario. Tiene conexiones… con gente peligrosa. Hay rumores de que en su última empresa hubo cosas turbias, pero nadie pudo probar nada.
Valeria sintió un escalofrío.
—¿Qué clase de cosas?
Martín bajó la voz.
—Desapariciones de empleados, acuerdos forzados, chantajes.
El corazón de Valeria latió con fuerza.
—Eso es… demasiado grave. ¿Tienes pruebas?
Martín negó con la cabeza.
—Nada concreto, pero conozco a alguien que podría ayudarte.
—¿Quién?
Martín miró alrededor con cautela y bajó la voz aún más.
—Un ex socio de Alejandro, trabajó con él hace años y desapareció del mapa después de un escándalo. Si alguien sabe la verdad, es él.
Valeria sintió un nudo en el estómago.
—Dame su contacto.
Martín vaciló.
—Valeria, si sigues con esto, podrías estar en peligro.
Ella sostuvo su mirada con firmeza.
—Ya estoy en peligro.
Martín suspiró y sacó un papel con un número escrito a mano.
—Este es su contacto, se llama Daniel Vega. Pero ten cuidado.
Valeria tomó el papel y lo guardó en su bolso.
—Gracias, Martín.
Él asintió, pero su expresión seguía sombría.
—Solo prométeme que serás cuidadosa.
Ella no respondió, porque no estaba segura de que pudiera cumplir esa promesa.
Cuando Valeria regresó a su departamento, sintió una presencia extraña.
El ambiente se sentía… distinto, cerró la puerta con cautela y encendió la luz. Nada parecía fuera de lugar, pero su instinto le decía otra cosa, avanzó lentamente hacia su habitación y, justo cuando iba a entrar…
—Tienes una mala costumbre de hacer preguntas equivocadas.
Valeria ahogó un grito y se giró bruscamente.
Alejandro estaba sentado en su sofá.
Su corazón latió desbocado.
—¿Qué demonios haces aquí? —exigió, tratando de sonar firme.
Él se levantó con calma y metió las manos en los bolsillos.
—Debería preguntarte lo mismo.
Valeria frunció el ceño.
—No entiendo de qué hablas.
Alejandro inclinó la cabeza, la estudiaba con esa mirada intensa que la hacía sentir atrapada.
—Hablaste con Martín, lo vi contigo en el bar.
Valeria sintió un escalofrío. ¿La había estado siguiendo?
—¿Me estás espiando?
Alejandro sonrió levemente.
—Prefiero llamarlo… proteger mis intereses.
—¿Tus intereses? —repitió ella, furiosa. —¿Y cuáles son exactamente?
Alejandro dio un paso hacia ella, acortando la distancia.
—Que no te metas en asuntos que no entiendes.
Valeria sostuvo su mirada, negándose a retroceder.
—¿Y si quiero entender?
Alejandro sonrió, pero su expresión no tenía rastro de diversión.
—Entonces tendrás que estar lista para enfrentar la verdad.
Valeria sintió la tensión entre ellos, la energía contenida, como si cada palabra fuera un paso más hacia el abismo.
—¿Cuál es la verdad, Alejandro?
Él se acercó más, hasta que ella pudo sentir su aliento.
—¿Realmente quieres saberlo, Valeria? Porque la verdad no siempre es lo que esperas.
—Dímelo.
Alejandro la estudió en silencio, su mirada se hacía cada vez más oscura.
—Si sigues por este camino, no habrá marcha atrás.
Valeria sintió un nudo en la garganta, pero no apartó la vista.
—No necesito marcha atrás.
Alejandro soltó una breve risa, pero no era de diversión.
—Eres valiente… o temeraria.
Valeria cruzó los brazos.
—Tal vez ambas.
Alejandro suspiró, como si estuviera midiendo sus palabras.
—Martín cree que puede salvarte de mí. Que puede advertirte sobre quién soy. Pero lo que no te ha dicho… es que él también tiene sus propios secretos.
Valeria sintió su corazón saltar en su pecho.
—¿De qué estás hablando?
Alejandro se acercó aún más, sus ojos clavados en los de ella.
—Piénsalo, Valeria. ¿Por qué Martín sabe tanto sobre mí? ¿Por qué insiste en que te alejes? ¿Realmente confías en él?
Las palabras se deslizaron en su mente como veneno.
—Martín solo quiere ayudarme.
—¿O quiere alejarte de mí porque tiene algo que ocultar?
El silencio entre ellos era pesado. Valeria sentía que el suelo bajo sus pies se tambaleaba.
—No puedes sembrar dudas en mí, Alejandro.
Él sonrió con una calma inquietante.
—No necesito hacerlo, tú sola empezarás a dudar.
Valeria respiró hondo, tratando de controlar su propia confusión.
—Es mejor que salgas de mi casa o llamare la policía.
Alejandro la observó unos segundos más antes de girarse y dirigirse hacia la puerta, antes de salir, se detuvo y la miró por encima del hombro.
—No confíes en nadie, Valeria. Ni en mí… ni en él.
Y con eso, se fue.
Valeria sintió que sus piernas flaqueaban, se apoyó contra la pared y cerró los ojos.