El reloj marcaba las 10:47 p.m. Valeria aún estaba frente a su computadora, con los ojos fijos en la pantalla y un nudo de ansiedad apretándole el pecho, había leído cada artículo sobre Alejandro Ferrer.
Algunos lo llamaban un visionario. Otros, un depredador corporativo, había rumores de adquisiciones hostiles, despidos masivos y estrategias turbias para eliminar a la competencia. Nada probado, pero demasiadas coincidencias.
Valeria dejó escapar un suspiro y cerró la laptop. Estaba paranoica, pensaba que no podía dejarse llevar por chismes, lo único que importaba era su trabajo y que hora él es su jefe.
Pero una parte de ella sabía que no era solo eso. Alejandro la miraba como si supiera algo que ella no, como si jugara con ella y lo peor era que Valeria sentía que estaba cayendo en su juego y no podía darse ese lujo y caer en esta treta.
A la mañana siguiente, el ambiente en la oficina estaba cargado. Alejandro había convocado a una reunión individual con cada uno de los jefes de departamento.
Cuando llegó el turno de Valeria, su estómago se encogió, tomó aire para así coger un poco de valor y entrar en su oficina.
Alejandro estaba detrás de su escritorio, con una expresión completamente neutral. Demasiado neutral.
—Cierra la puerta, Valeria, —le dijo, con un tono serio y el seño fruncido.
Ella obedeció, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda.
—Toma asiento.
Lo hizo, sin despegar la mirada de él.
Alejandro entrelazó los dedos sobre el escritorio y la estudió en silencio.
—¿Has dormido bien?
¿Qué clase de pregunta era esa?
—Lo suficiente —respondió con cautela.
Él sonrió levemente.
—Me alegra, porque vamos a tener una noche larga.
Valeria parpadeó, confundida porque no estaba comprendiendo que estaba sucediendo.
—¿Perdón?
—Necesito que me acompañes a un evento esta noche.
—¿Un evento? —repitió ella, aun mas confundida.
—Sí. Una cena con inversionistas, quiero que estés ahí.
Valeria sintió que la cabeza le daba vueltas.
—¿Por qué yo?
Alejandro se inclinó hacia adelante, con una mirada que la atrapó por completo.
—Porque eres inteligente, sabes manejar la imagen de la empresa y… —su sonrisa se hizo más pronunciada —quiero ver cómo te desenvuelves bajo presión.
Hijo de puta, solo quiere ponerme aprueba.
—Esto no es parte de mi trabajo —señaló Valeria, cruzándose de brazos.
—Desde hoy lo es. —Alejandro la miró con un desafío evidente. —¿Hay algún problema?
Ella apretó los labios, no iba a dejar que él la intimidara, no es como que tuviera mucha opción.
—Ninguno.
Alejandro sonrió.
—Perfecto, te recogeré a las ocho, recuerda usar algo elegante, nos reuniremos con alguien muy importante, la primera impresión siempre cuenta para estas personas.
Esa noche, Valeria se miró en el espejo del ascensor, ajustándose el vestido n***o que había elegido. Nada demasiado llamativo, pero lo suficientemente elegante.
Repetía una y otra vez en su mente, no era una cita, era trabajo.
Cuando llegó al vestíbulo, Alejandro la esperaba junto a un lujoso auto n***o. Vestía un impecable traje oscuro y se veía jodidamente atractivo.
Valeria se reprendió a sí misma, no iba a caer en su juego.
—Te ves… impresionante —comentó él, abriéndole la puerta del auto.
—Gracias. ¿Podemos irnos?
Alejandro sonrió de lado y arrancó.
Durante el trayecto, Valeria sintió que él la observaba de reojo, como si analizara cada reacción suya.
—Pareces tensa —comentó finalmente.
—Solo estoy concentrada —replicó ella.
Él soltó una leve risa.
—Sabes, investigaste sobre mí, ¿cierto?
Valeria se quedó helada.
—¿Qué?
—No me mientas, se nota en tus ojos.
Su corazón latía con fuerza. ¿Cómo diablos lo sabía?
—No sé de qué hablas —dijo con firmeza.
Alejandro la miró fijamente antes de volver la vista al camino.
—Eres mala mintiendo, Valeria.
Ella sintió un escalofrío.
—Si tienes algo que decirme, dilo de una vez.
Alejandro sonrió con diversión.
—Solo digo que, si vas a jugar a descubrir mis secretos, deberías tener cuidado. Hay cosas que es mejor no saber.
La advertencia estaba clara, pero Valeria no era de las que retrocedían.
La gala estaba en un hotel de lujo. Desde el momento en que entraron, Valeria sintió las miradas sobre ellos, Alejandro Ferrer no pasaba desapercibido, pero lo que la sorprendió fue cuando una mujer se les acercó con una copa de vino en la mano y una sonrisa calculada.
—Vaya, vaya… miren quién está aquí.
Isabella Monteverde.
Valeria la reconoció de inmediato. La ex de Alejandro.
—Isabella —saludó Alejandro, con una expresión controlada.
—Siempre es un placer verte. —sus ojos se posaron en Valeria— ¿quién es tu acompañante?
—Valeria Mendoza. Trabajo con Alejandro.
Isabella alzó una ceja.
—¿Solo trabajo?
Valeria mantuvo su expresión firme.
—Sí.
Isabella sonrió de una forma que no le gustó.
—Ten cuidado, querida. Alejandro tiene un talento especial para enredar a la gente en su mundo y una vez que entras… es difícil salir.
Valeria sintió un escalofrío.
¿A qué se refería?
Antes de que pudiera preguntar, Isabella se despidió con una mirada enigmática.
—Nos veremos pronto, estoy segura.
Valeria se giró hacia Alejandro, pero él solo bebió un sorbo de su whisky.
—No escuches todo lo que dice Isabella.
—¿Por qué no?
—Porque algunas verdades es mejor no saberlas.
Su tono fue tan serio que Valeria sintió que algo dentro de ella se retorcía.
¿Qué carajo estaba pasando?
Horas después, Alejandro la llevó de regreso a casa.
Cuando Valeria entró en su departamento, su mente estaba hecha un caos aun resonaban las palabras de la ex de alejando en su mente.
Había algo en Alejandro que no encajaba.
Justo cuando se disponía a quitarse los tacones, su teléfono vibró.
Un mensaje anónimo.
"No confíes en él. Te va a destruir."
Valeria sintió que la sangre se le helaba.
Su corazón latía descontrolado mientras releía el mensaje. ¿Quién lo había enviado? ¿Isabella? ¿Martín? ¿Alguien más?
Antes de que pudiera procesarlo, su teléfono vibró de nuevo, otro mensaje.
"Aléjate mientras puedas el es mío."
Un escalofrío le recorrió la espalda.
Algo estaba muy mal y lo peor era que, en el fondo, sabía que ya estaba demasiado involucrada.