El bar estaba lleno. La música vibraba en las paredes de ladrillo y los murmullos de conversaciones se mezclaban con el tintineo de los vasos. Era viernes por la noche, y Valeria no tenía intenciones de quedarse en casa lamentándose por su mala semana en el trabajo.
—¡Vamos, Val! —exclamó Natalia, su mejor amiga, empujándola levemente por el hombro. —Dijiste que esta noche sería para olvidar el estrés, no para pensar en los correos de tu jefe.
Valeria suspiró y dejó su copa de vino sobre la mesa.
—Lo sé, pero ese idiota me tiene al borde de un colapso. Si vuelve a mandarme a rehacer un informe a las diez de la noche, juro que…
—¡No vas a hablar del trabajo! —Natalia levantó un dedo en señal de advertencia. —¡Regla número uno de esta noche!
Lucía, otra de sus amigas, se inclinó sobre la mesa con una sonrisa traviesa.
—Tengo una idea. Una apuesta.
—No me gusta cómo suena eso —Valeria frunció el ceño.
—Escucha, escucha —Lucía miró alrededor del bar. —La última que toque su teléfono en toda la noche tiene que besar a un extraño.
—¿Qué? ¡Ni loca! —Valeria se echó hacia atrás, riendo.
—Ay, vamos, no es gran cosa —intervino Natalia.—Es solo un beso. Nada de nombres, nada de números. Solo un poco de diversión.
—¿Y si el tipo es un asqueroso?
—Nos aseguraremos de que no lo sea —Lucía guiñó un ojo y señaló discretamente a un hombre sentado en la barra. —¿Qué tal él?
Valeria siguió la dirección de su dedo y sintió que el estómago se le encogía.
El hombre era alto, de complexión atlética, con el cabello oscuro ligeramente despeinado y una camisa blanca remangada que dejaba ver sus antebrazos. Su mandíbula era marcada, y sus ojos parecían analizar cada rincón del bar con una expresión seria.
Definitivamente, no era cualquier tipo.
—Ni hablar —susurró Valeria, sintiendo cómo se le encendían las mejillas.
—Entonces, guarda tu teléfono —Lucía le guiñó un ojo y tomó su copa.
La noche transcurrió entre risas y copas. Valeria, sintiéndose relajada por el alcohol y la buena compañía, dejó su teléfono olvidado en el bolso. Pero justo cuando estaba terminando su segundo cóctel, Natalia gritó con emoción:
—¡Val perdió! ¡Sacaste el teléfono para revisar un mensaje!
—¡No, no! No cuenta, era solo una notificación. —se defendió Valeria.
—Reglas son reglas —Natalia se cruzó de brazo. —Vas a besar a un extraño.
Lucía señaló de nuevo al hombre de la barra.
—Y ya elegimos a tu víctima.
—¡No! ¿Por qué él? —protestó Valeria, sintiendo su corazón acelerar.
—Porque es atractivo y misterioso, ahora ve.
Valeria miró al hombre una vez más. Parecía ajeno a todo lo que ocurría a su alrededor, concentrado en su vaso de whisky con una leve expresión de aburrimiento.
Suspiró.
No puedo creer que voy a hacer esto.
Con el impulso del alcohol y la presión de sus amigas, se puso de pie y caminó hacia él.
—Disculpa —dijo, al llegar a su lado.
El hombre levantó la vista, clavando en ella unos ojos grises e intensos que la hicieron tambalearse por dentro.
—¿Sí? —respondió, con voz profunda.
Valeria sintió que su plan sonaba ridículo ahora que estaba frente a él.
—Mmm… Esto va a sonar raro, pero tengo que hacer algo y… bueno, digamos que tú eres la persona elegida.
Él arqueó una ceja, claramente intrigado.
—¿Elegida para qué?
Valeria cerró los ojos un segundo, respiró hondo y, antes de que la valentía se evaporara, se inclinó hacia él y lo besó.
No fue un beso torpe ni fugaz, fue un beso atrevido, con un toque de desafío y nerviosismo. Sintió la textura cálida de sus labios y el ligero sabor a whisky. Pero lo que no esperaba era que él respondiera al beso.
El desconocido no la apartó, sino que profundizó el beso con una firmeza que la hizo estremecerse. Su mano se deslizó suavemente hacia su cintura, sosteniéndola en su lugar. Era peligroso, adictivo… y completamente inesperado.
Cuando Valeria finalmente se separó, su corazón latía descontrolado.
—Eso fue… —murmuró, sin saber qué decir.
El hombre la miró con una leve sonrisa en los labios.
—Definitivamente no lo esperaba.
Valeria se mordió el labio.
—Es una larga historia, perdí una apuesta.
El hombre asintió con diversión en sus ojos.
—Pues, ha sido el beso más interesante de la noche. ¿Tienes nombre, o prefieres que esto quede en el misterio?
—Prefiero que quede en el misterio —dijo ella, aún avergonzada.
Él la observó un segundo más antes de asentir.
—Entonces, que tengas una buena noche, señorita Misteriosa.
Valeria regresó con sus amigas, sintiendo la adrenalina recorrer su cuerpo.
—¡Dios mío! ¡Fue intenso! —chilló Natalia.
—Parecía que lo estabas disfrutando bastante. —bromeó Lucía.
—No fue tan terrible —admitió Valeria, tratando de disimular la sonrisa en sus labios.
Pero lo que no sabía era que el destino tenía preparada una sorpresa.
Al día siguiente, al entrar a la oficina, todo parecía normal. Hasta que escuchó un murmullo entre sus compañeros y vio a su jefa, la señora Ortega, salir de la sala de reuniones con una expresión de tensión.
—Valeria, ven un momento —le dijo.
—¿Sí?
—Quiero presentarte a nuestro nuevo director ejecutivo.
Y ahí estaba él.
El hombre del bar.
El hombre que había besado la noche anterior.
Alejandro Ferrer.
Su nuevo jefe.
Valeria sintió que la sangre se le iba del rostro cuando Alejandro le tendió la mano, con una mirada entre curiosa y divertida.
—Un placer conocerte, Valeria.
Ella apenas pudo respirar.
¿Cómo diablos iba a salir de esta?