El fuego aún ardía en los labios de Valeria. El beso con Alejandro había sido intenso, distinto a los anteriores. No estaba impulsado por la furia, ni por el miedo, sino por algo más profundo. Algo que ninguno de los dos estaba listo para aceptar. Pero la realidad no tardó en alcanzarlos. Alejandro se apartó lentamente, su respiración entrecortada, su mirada fija en la de ella. —No deberíamos… —susurró, pero Valeria vio la lucha en sus ojos. No quería detenerse. Pero algo lo retenía. Ella lo miró con desafío. —¿Por qué? Alejandro pasó una mano por su cabello, frustrado. —Porque esto nos hará vulnerables. Valeria sintió que su pecho se oprimía. —¿Y qué pasa si ya lo somos? Alejandro la miró con intensidad, como si estuviera tratando de descifrarla.

