El primer disparo retumbó en la habitación como un trueno. El tiempo pareció ralentizarse cuando Valeria vio a Alejandro moverse con precisión letal, esquivando el ataque y devolviendo el fuego con una destreza que no dejaba dudas: este no era su primer enfrentamiento. —¡Valeria, al suelo! —gritó Alejandro. El cuerpo de Valeria reaccionó antes que su mente, lanzándose al suelo junto a Camila mientras las balas silbaban sobre sus cabezas. Camila estaba temblando, con los ojos bien abiertos y llenos de terror. —¡Alejandro! —jadeó. Él no respondió. Estaba demasiado ocupado matando. Sus disparos eran certeros, rápidos, sin un atisbo de duda. Como si estuviera hecho para esto. Y quizás lo estaba. Valeria sintió que su estómago se revolvía cuando uno de los hombres cay

