El aire dentro del penthouse se volvió aún más pesado. Valeria sintió que la habitación se achicaba a su alrededor mientras releía la nota una y otra vez. "Sabes que esto no se trata solo de ella. Vamos a ver qué tan bien juegas cuando la única pieza que te importa está en jaque." La tensión en el rostro de Alejandro era evidente. Por primera vez, su frialdad se resquebrajaba. Había algo más profundo en esta amenaza. Algo personal. Valeria dejó la nota sobre la mesa y lo miró fijamente. —Tienes una hermana. Alejandro no respondió de inmediato. Se limitó a apretar la mandíbula, sus ojos grises oscuros como tormenta. —Sí —dijo finalmente. —Camila. El nombre flotó en el aire, cargado de un peso que Valeria no comprendía del todo. —¿Por qué ir

