El sonido de los neumáticos cortando el pavimento era lo único que rompía el tenso silencio en el interior del auto. Valeria tenía la mirada fija en el camino, pero su mente estaba atrapada en la escena del bar. Martín era solo una marioneta. Eso significaba que el verdadero traidor seguía oculto en las sombras, observándolos, moviendo los hilos… esperando el momento adecuado para atacar. Y ella aún era el blanco. Cruzó los brazos sobre su pecho, intentando contener el temblor en sus manos. Alejandro conducía con el rostro impasible, pero Valeria podía notar la tensión en su mandíbula, el leve temblor en sus nudillos cuando apretaba el volante. Él estaba furioso. No con ella. No con Martín. Sino con el hecho de que alguien había logrado meterse en su mundo sin que lo vier

