Estoy tan, pero tan enojada, con él y conmigo por tonta, que entro furiosa a mi oficina y cierro la puerta con llave. Le dije a Eli que estaría ocupada y que nadie me molestara. Y es verdad, tengo una tonelada de cosas que hacer. Aún así, me tiro en mi sillón, lanzo con fuerza mis zapatos lejos y me tapo los ojos con mi brazo. No debiera estar enojada y lo estoy. Y eso me molesta aún más. ¿Por qué me enojé al verlo con Melissa? ¿Es por el beso del sábado? ¿Por mi sueño? ¿Celosa? Imposible. Ni con Daniel reaccionaba así cuando se le acercaban otras mujeres. Me desconozco. A pesar de que estoy encerrada con llave, en silencio, siento abrirse la puerta. Debe ser Eli. Alguien se sienta en la mesita de centro de mi oficina, y me saca delicadamente el brazo del rostro. — Victoria… —escuc

