2. Personas que entran a mi lista negra

1549 Words
Después de un almuerzo totalmente grasiento y pesado con mi hermana, durante el cual no paró de repetir lo orgullosa que estaba de mí y que tenía que empezar a salir para conocer gente, lo que por supuesto ignoré por completo, y una mañana agotadora, donde sólo discutí con el fulano David mientras mi equipo guardaba silencio incómodo, esperando que nosotros nos pusiéramos de acuerdo, cosa que no sucedió, decidí ir a hablar directamente con mi tío Edgard para aclarar la situación y entender a qué me enfrento con este tipo al que le encanta llevarme la contra y reírse de mí. Sólo saludo a su secretaria con la mano y entro a su oficina. Pero no me doy cuenta que ella trata de frenarme para que no abra la puerta sin golpear. La escena con la que me encuentro es realmente divertida. E incómoda. Mi tío está con Ruth, de contabilidad, sentada de lado sobre sus piernas. Están besándose como si nada importara. Ni se han dado cuenta de mi presencia. Me aclaro la garganta para que me escuchen y de inmediato una avergonzada Ruth se incorpora y se arregla un poco la ropa con la sonrisa incómoda de mi tío.. — Victoria, me alegra que estés de vuelta…—me saluda ella con un asentimiento de cabeza, roja de vergüenza. — Gracias Ruth —estoy aguantando las ganas de reír. Sí, ahora me río menos, pero esto no deja de ser gracioso. Sin decir algo más, sale corriendo de la oficina dejándonos solos. —Tío Edgard, sé que eres libre pero… ¿tiene que ser con alguien de aquí? ¿Y en tu oficina? —se ríe calladamente, limpiándose los restos de labial. — Si llevaras tantos años sola como yo, entenderías… Con eso, se me aprieta el estómago. Pienso de inmediato en Daniel. Mi tío se da cuenta de ello, y se apresura a abrazarme por los hombros. — Perdona, no pensé en eso —me aprieta más contra su pecho, dándome un beso cariñoso en la cabeza. Yo lo abrazo también por la cintura— verás que en algún momento deja de doler. Tomo aire profundo, no sé que responderle. No sé cuánto tiempo pasará para eso, si es que llega a pasar. Mi tío es viudo, no tuvo hijos. Nunca lo había visto con alguien. — Venía a hablar de otra cosa contigo tío… —me separo de él, quien me suelta y se devuelve a su silla mientras me siento frente a él— ¿Por qué no me dijiste que había alguien reemplazándome? ¿De dónde salió este tipo? — Porque pensamos que no era necesario llenarte de cosas de la compañía, necesitabas paz. Es hijo de un gran amigo de la Universidad. Volvió hace poco al país. No sé sus razones, pero tiene un excelente currículum y especializaciones. Así que decidí que ocuparía tu cargo mientras tú te recuperabas. — Y ahora que estoy de vuelta, ¿se irá? — No. Trabajará contigo, en tu equipo, apoyándote. Victoria, me alegra muchísimo que hayas vuelto al trabajo, pero necesito asegurarme de que vuelves al 100%. Que estás de alta. Necesito verte bien. Y aún no lo estás del todo, sigues en terapia. Así que él seguirá trabajando contigo. — No me agrada…—resoplo. — No me importa, soy el Presidente de la compañía y tu tío. Tu padre está absolutamente de acuerdo conmigo. David lo ha hecho excelente mientras tú te recuperabas. Seguirá apoyándote. Lo quiero en tu equipo y como tu mano derecha. Guardo silencio. Moriré de la rabia con ese tipo. No me gusta esto, pero tampoco me gusta discutir con mi tío. Menos con mi papá. Empiezo a mover mi pie contra el suelo, nerviosa. — ¿Cómo va tu terapia? Tu padre contactó al mejor. — Bien. El terapeuta dice que estoy avanzando muy bien. — Me alegro —sonríe él tiernamente. — Hablamos más tarde…—me incorporo para seguir con mis cosas, enfilando hacia la puerta. No voy a sacar nada aquí. — Recuerda que el fin de semana tendremos un almuerzo familiar. Es el cumpleaños de tu madre —dice a mis espaldas. Se me había olvidado completamente. — Sí tío, ahí estaré —pongo mis ojos en blanco mientras sigo caminando a la puerta. No estoy para reuniones de nada. Pero no me dejarán tranquila si no voy. **** Debo reconocer que David es excelente en lo que hace. Pero, no tenemos precisamente los mismos métodos de análisis y trabajo, así que toda la semana hemos discutido, como el primer día. Es agotador. Al menos Nicolas siempre me apoya. Ingrid y Melissa nos miran, pero no toman partido por ninguno de nosotros. David las tiene enamoradas. Hay que reconocer que este tipo es guapo. Pelo castaño oscuro, unos ojos azules hermosos, se mantiene en forma... Y desagradable. Un idiota. Como sea, se las ha ganado. Pero ellas tampoco me van a contradecir si sigo siendo la jefa. Todos los días he llegado muerta al departamento. Susanna me llena todos los días de comida más y más grasienta. Pero he llegado tan cansada, quizás de tanto discutir con ese idiota, que como sólo un poco y caigo rendida a la cama. *** Al fin es viernes. Dos días sin verlo, un respiro para mí. Quiero ver películas con Hermes en el sofá y dormir. Su no está los fines de semana, así que tengo libertad. Aunque el domingo tendré que ir al cumpleaños de mi madre. Ni siquiera le he comprado algún regalo. Tiro mi bolso y me siento en la mesita americana de la cocina. Es hora de cenar. — Su, sé que tengo que subir de peso, pero no creo que comer tanta grasa sea bueno, menos de noche…—suspiro mirando el plato de comida. — Instrucciones de tu terapeuta. Y de tu madre. — Mi terapeuta no mencionó la grasa como parte de mi alimentación. — Tampoco dejó una lista. Así que come —responde sin mirarme, está concentrada preparando algo más de espaldas a mí. — Gracias Su…—resoplo. No sé si pueda comer todo eso. Estoy tan cansada que no le voy a discutir. Como todo lo que puedo de ese plato de pollo relleno con champiñones y papas fritas. El postre de helado de vainilla me lo como apenas, no me cabe nada más en el estómago. Hermes ya ha salido de paseo con Susanna, así que me ladra para que vaya a acostarme con él. Le gusta estar acostado conmigo haciendo nada. Así que lo sigo a la habitación, me pongo mi pijama y me acuesto a ver una película con él. Y tal como pasa desde que llegó, nos quedamos dormidos juntos. **** Me despierto con Hermes lamiéndome el rostro. Quiere salir a su paseo. Veo el reloj, son las 8 de la mañana. ¡No me deja tranquila ni los fines de semana! Es mi culpa por consentirlo tanto. Me visto con un polerón enorme encima, tomo mi pelo en una coleta desordenada, zapatillas de deporte, agarro su correa y salimos a nuestro paseo. Aunque el verano está empezando, la mañana está fresca. El frío no me abandona desde aquel día, debe ser eso. Hermes va feliz marcando todos los árboles que se nos cruzan. Yo tengo tanto sueño que dejo que él me guíe. Hasta que siento a alguien que se pone a mi lado. — Jamás pensé que la gran señorita Victoria Emerson saliera vestida así a la calle… Giro para ver quién habla. Es David, va con un pantalón de deporte, una polera y zapatillas. Ha salido a correr. Sus ojos azules miran divertidos cómo estoy vestida. ¡Qué vergüenza! — Jamás pensé que alguien como tú se ejercitara los sábados en la mañana. ¿Siempre pasas por aquí? —pregunto nerviosa. — Es una de mis rutas. Salgo a correr todos los días. — ¿Puede dejar de ser ésta una de tus rutas? — ¿Eres la dueña de la ciudad? — No, pero me molesta encontrarme contigo si no es en el trabajo. Tengo suficiente aguantándote en la Compañía. — ¿Vives por aquí? —cuestiona. — En el edificio de la esquina. — Ah, con razón te paseas en pijama. Un paseo corto… En este rato no ha dejado de trotar a mi lado, sigue avanzando junto a mí, a mi ritmo. Hermes está concentrado oliendo un árbol. Y yo estoy molesta y avergonzada. No quiero mirarlo, lo evado. — Creo que te molesta que te vea paseando a tu perro en pijama y sin bañarte —me habla en su tonito arrogante. Lo odio cada día más. — No es mi pijama —trato de defenderme, aunque es verdad que me veo desastrosa— y este es mi barrio. Te agradecería que, si vas a seguir corriendo por aquí, no me molestes. — Eres mi jefa en la oficina, no fuera de ella —responde burlándose— y es divertido ver a tu jefa así de mal vestida y desaliñada paseando por la calle. Creo que ésta se convertirá en una de mis rutas favoritas... Me guiña un ojo y retoma su ritmo. Sigue corriendo, dejándonos atrás. David Miller, estás entrando a mi lista negra.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD