Capítulo 16: la trampa de la araña

1005 Words
En la habitación de Marko no se escuchaba sonido alguno, era casi abrumador para la chica. Movía las piezas del tablero con calma, sintiendo una pesadez creada por el fuerte vino en su cuerpo, el cual no estaba acostumbrado a tomar alcohol. —¿Te incomodó que hablara con Merina? —preguntó Marko de repente. Ella alzó la mirada del tablero y se acodó en la mesa. ¿Qué podía contestarle que fuera prudente para la ocasión? Debía elegir sabiamente sus palabras. —Tiene algo que no me agrada —se limitó a decir. Marko ladeó una sonrisa. —Supongo que algo has visto en ella, noto que eres bastante crítica —comentó—. Y no te gusta que te utilicen, la pusiste en su lugar cuando mintió sobre su cercanía. Un corto silencio los atrapó mientras Valentina movía uno de sus caballos en el tablero. —Estaba desesperada por acercarse a ti, pero eso no le daba el derecho de mentir, mucho menos usarme tan descaradamente. Él mordió la uña de su pulgar, analizando la jugada de Valentina, lo tenía acorralado. —No es la primera vez que me pasa, muchos quieren acercarse a mí, creen que si lo hacen podrán sacar algún provecho, hasta que me conocen y entienden que los que realmente tienen el poder y dinero son mis padres, así que se van. Valentina lo observó fijamente. Le sorprendía por momentos el conocer aquel lado de Marko Rumanof, era su parte más vulnerable, la humana, la que seguramente conoció Merina y que aprendió a utilizar para manipularlo y enredarlo en su red, como una araña. —Debes cuidarte —soltó ella, haciendo que él levantara su mirada con sorpresa—. Pecas de inocente e ingenuo, en el mundo también existen personas malvadas que te pueden manipular y hacer que actúes según sus intenciones. Y podrían convertirte en una persona más malvada que ellos. Todo el rostro de Marko se tornó serio. —¿Y tú? ¿Con qué intenciones te acercas a mí? —preguntó con un tono lleno de ironía y chiste, pero apretó los labios cuando notó el rostro serio de la jovencita. —Tampoco deberías confiar en mí —respondió ella—. Puedo también tener malas intenciones contigo, como el querer destruirte. En ese momento Valentina sintió que su interior se dividió en dos. Una parte de ella exigía venganza, que él muriera de la forma más lenta y dolorosa posible. Pero después había otra parte de ella que reconocía que el Marko frente a él aún era un ser dulce, feliz e inocente que no tenía ninguna intención de hacerle daño. ¿Y si ella podía cambiar la historia y hacer que Marko nunca perdiera esa parte tan humana? ¿O era mejor manipularlo al igual como hizo Merina y que él actuara según su voluntad? —Sé que no tienes malas intenciones conmigo —soltó Marko, restándole importancia al asunto y movió un alfil en el tablero—. Tú… no tienes un alma tan cruel. Entonces Valentina movió a su rey en el tablero y tomó la reina de Marko. —Puedo ser cruel cuando me lo propongo —dijo—. Jaque mate. . Marko llevó a Valentina hasta su casa, la joven quería bajarse del auto, estaba a pocos pasos de la puerta y de estar en su privacidad, sin embargo, él parecía no querer marcharse, la sostenía de una mano y se tomaba su tiempo para hablar. De pronto, de un impulso, Marko la atrajo y le dio un apasionado beso en los labios. Valentina estaba tan impresionada que quedó con los ojos bien abiertos. Ella tuvo que colocar todas sus fuerzas para controlarse y no apartarlo para después salir huyendo. Cuando el beso se acabó, Marko la tomó de las mejillas para obligarla a mirarlo fijamente. —Te prometo, Valentina, que voy a protegerte de ahora en adelante, siempre, siempre —dijo. No podía entender el actuar de Marko, se le estaba haciendo demasiado fácil el acercarse a él. La abrazó casi como si quisiera acurrucarla en su pecho para poder protegerla. El corazón de Marko se escuchaba fuerte, con un pulso decidido, lleno de vida. Su mano derecha acariciaba su cabeza con suavidad. Si siempre hubiera recibido aquel trato cariñoso por parte de Marko la historia seguramente sería diferente, tal vez estarían casados y Valentina se sentiría la mujer más afortunada del mundo. O tal vez considerara a Marko su mejor amigo o ese primer amor que recordaba con nostalgia. Pero eso nunca podría suceder, porque Marko nada más le dio insultos y humillaciones. Y la realidad era diferente, en esta realidad Valentina quería asesinarlo de la misma forma como él lo hizo con ella. Deseaba destruirlo lentamente, haciéndole pagar por todo el daño que le ocasionó por años. La joven desplegó una sonrisa y después se despidió de Marko. —¿Podemos vernos mañana por la tarde? —preguntó Marko cuando la joven bajó del auto, con el vidrio de la ventana abajo—. Tengamos oficialmente una cita. —Sí, nos vemos mañana —respondió Valentina, aún estaba rebobinando todo lo que acababa de pasar. Marko sonrió y después subió el vidrio de la ventana, el chofer puso el auto en marcha y Valentina los vio alejarse por la larga calle. Una vez Valentina estuvo a solas, sintió que todas sus fuerzas se alejaron de ella y su estómago se revolvió, obligándola a vomitar tan repentinamente que lo hizo en el jardín. Tuvo que bañarse de pies a cabeza para lograr quitarse el asco y se lavó la boca hasta que sus dientes sangraron. Terminó llorando acurrucada en la ducha, cuestionándose si podría soportar que Marko la tocara y besara como aquella noche. Lo más probable es que a ese paso debiese tener sexo con él y estaba segura de que no sedería tanto. ¿Cómo podría acostarse con el mismo hombre que la asesinó a sangre fría? No, no podía permitirlo, no sería capaz.
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