Capítulo 9: veneno bañado en manipulación

1771 Words
Valentina, veintiocho años (tres meses antes de morir): Valentina caminó como toda una gata seductora hacia Marko, rodeó la mesa de escritorio y después se recostó a este; estiró una mano hasta acariciar el cabello castaño claro y liso del hombre, lo tenía sumamente sedoso. —¿Otra vez discutieron? —preguntó ella. Las mejillas de Marko estaban ruborizadas y su entrecejo se fruncía. —Sí, está más irritada de lo usual —contestó él. —Debe ser por la fiesta, organizar una gran fiesta es sumamente difícil y más si es tan importante y elegante como la que ustedes hacen. —Las manos de Valentina acariciaban las mejillas de Marko con suavidad y era evidente que él lo estaba disfrutando, pues su ceño fruncido se había relajado. —Yo no quiero seguir con ella —confesó el hombre, cerró los ojos mientras tomaba las manos de Valentina—. Me voy a divorciar de Merina. Esto sorprendió en gran manera a la joven. No estaba en sus planes que Marko tomara la decisión de divorciarse tan pronto, ella necesitaba que él siguiera con Merina, al menos por un tiempo y que toda la boda estuviera preparada. —¿Y ella ya lo sabe? —indagó. —No, pero lo sospecha. —Marko abrió los ojos y la observó fijamente—. Debo hablar con ella, le informaré que no habrá fiesta. —No es bueno que haga eso, señor —replicó Valentina—. Tendrá muchos problemas si se separa de Merina… por ejemplo, sus padres no estarán de acuerdo, sobre todo el señor Rumanof. —No me interesa lo que piensen mis padres o la sociedad entera. —Marko atrajo a Valentina hasta hacerla sentar en sus piernas—. Si tengo que estar casado con alguien, quiero que seas tú. —Acarició las mejillas de la chica con sus manos—. La única mujer que amo eres tú, siempre has sido tú. No podía ser cierto. ¿Por qué los planes le estaban saliendo tan mal? Marko Rumanof se lo estaba dejando demasiado fácil, así no podría vengarse como quería. ¿O él también ocultaba sus verdaderas intenciones detrás de esas palabras cargadas de amor? —Señor… —Valentina intentó apartarse de a poco de Marko, pero él se lo impidió—. Señor… se está precipitando, si su esposa se entera de sus intenciones, se meterá en grandes problemas y yo también… Marko dejó salir un largo suspiro. —Perdón, sé que mis confesiones te consternan —dijo Marko y su mirada empezó a ensombrecerse—. Cómo me habría gustado que nuestra historia hubiera sido diferente… así Lorenzo jamás… Valentina se aterró por las palabras que Marko iba a pronunciar y se levantó de las piernas del hombre de un salto. —Eh… creo que lo mejor será regresar a mi trabajo —dijo y acomodó con sus manos su largo cabello—. Tenga buen día, señor Rumanof. —Vale, espera. —Marko la tomó de una mano—. Espera, por favor. La joven sentía que la mano que Marko le sostenía le quemaba. Lo odiaba, le producía asco. —Perdona… no debí mencionarlo —dijo él—. ¿Qué harás el sábado por la noche? —¿Por qué? —Quiero que nos veamos, que tengamos una cita. —Desplegó una sonrisa—. Me encantó pasar la noche contigo, me gustaría que se repitiera. Valentina vio la oportunidad de poder abrir la caja fuerte. Desplegó una sonrisa cariñosa. —Claro que sí, me encantaría. Marko Rumanof guardaba fotos de todos los momentos importantes en la vida de Valentina, desde su graduación de la preparatoria (una foto que la misma joven le regaló porque en el fondo aparecía él observando a lo lejos); también así mismo como la graduación de la universidad donde desgraciadamente él no pudo asistir porque habían tenido una terrible discusión a causa de Merina. También tenía otras fotos donde aparecía Valentina sonriente o desprevenida, las cuales él le había tomado a escondidas. Él las observaba todas cuando se sentía nostálgico, le generaba tristeza el no poder haber estado en más momentos importantes en la vida de Valentina. Al mismo tiempo odiaba haber estado en algunos momentos importantes como cuando Lorenzo le pidió matrimonio, pues decidió hacerlo en público, frente a todos los empleados del banco, en un retiro para fin de año que hacía la empresa; estuvo a punto de levantarse e impedirlo, de hecho, le pidió a Valentina que no se comprometiera, pero ella no le hizo caso. Si Valentina lo hubiera escuchado, él jamás habría tenido que asesinar a Lorenzo. Marko cerró de golpe el libro donde se encontraban las fotos. Merina entró a la habitación. Marko la analizó para así saber en qué humor lo estaba visitando, se le veía más calmada, aunque era evidente que se encontraba triste y hasta preocupada. —Qué bueno que llegaste, tenemos que hablar —informó Marko. La mujer se sorprendió y al mismo tiempo temió qué le podría decir su prometido. —Oh… —fue lo único que su garganta pudo dejar salir. Se sentó en un sillón al lado de Marko, su mirada se paseó por la habitación, inspeccionando si había alguna pertenencia femenina; se tranquilizó al concluir que Valentina o alguna otra mujer no había estado en el cuarto de su esposo. —¿Has estado en casa de mis padres? —preguntó Marko. —No, pero me reuní con tu madrastra esta mañana —informó Merina—, me estuvo preguntando por ti, quería saber el por qué no los has visitado. Creen que no estás bien, bueno, sabes que es razonable que se preocupen después de lo que pasó. Marko se removió incómodo en su sillón, bajó la mirada al libro donde guardaba las fotos. —¿Qué es lo que quieres hablar conmigo? —indagó Merina para cambiar de conversación. —Merina, ¿realmente quieres seguir conmigo? Hubo un momento de silencio incómodo. La joven desplegó una sonrisa que lucía bastante bien con sus intensos ojos azules. Pero estaba llena de miedo, temía el rumbo que tomaría la conversación, podía presentirlo. —Claro que me quiero seguir contigo, amor, es lo que deseé por años —respondió—. Me encanta ser tu esposa, aunque tengamos problemas. —Pero tú no me amas —replicó Marko. Merina abrió los ojos con estupor y su respiración se contuvo. —Has estado diez años al lado de un hombre de quien se te ha hecho imposible enamorarte y quien tampoco ha sido capaz de amarte —insistió el hombre y la tomó de las manos—. Deberías casarte con un hombre del que te enamores perdidamente, que no te engañe con otras mujeres y te trate como la diosa que eres. —No, Marko, yo sí te amo —dijo ella con voz temblorosa y lágrimas en los ojos—. Todo este tiempo mi mayor sueño ha sido ser tu esposa. Por favor, no me digas cosas tan hirientes… por favor… —Merina, tú me quieres, te acostumbraste a mí, han sido once años juntos. —Le apretó las manos con fuerza, podía sentir el sudor que transpiraban las palmas de la joven—. ¿Recuerdas que al conocernos me dijiste que serías la mujer más miserable si terminabas casándote conmigo? Te parecía injusto que tus padres eligieran el hombre con quien te casarías. Hasta te daba asco que yo te tomara de la mano. —Era muy joven, Marko, no lo entendía en ese entonces. Pero con el tiempo aprendí a verte de otra manera… y me enamoré, claro que me enamoré de ti. —Merina, si de verdad me amaras jamás me habrías sido infiel con otros hombres… —¡Eso lo hice porque tú también lo has hecho! —replicó ella y soltó el agarre con rabia y brusquedad—. ¡Tú comenzaste, te acostaste con Valentina! ¿Sabes lo horrible que me sentí? ¿Sabes lo mal que estuve al enterarme que habían estado juntos y que, aunque estabas comprometido conmigo te seguías viendo con ella aunque eras consciente de todo el daño que ella me hizo en el pasado? —Se cruzó de brazos y evadió la mirada del hombre—. Valentina ha sido como una maldita sombra en nuestra relación. No sé por qué no eres capaz de olvidarla. Todo lo que has hecho por ella… es una locura… ¿crees que no sé que ese estúpido libro que cargas a todas partes tiene fotos de esa mujer? Lo tuyo parece ser una horrible obsesión, estás mal. —No puedes entenderlo porque nunca te has enamorado —dijo Marko con voz tranquila. Merina volteó a verlo con curiosidad. —Cuando te enamoras de verdad —siguió diciendo él—, por más años que pases alejada de esa persona, nunca podrás olvidarla, te acostumbras a su ausencia, pero sus recuerdos siempre te acompañan. Merina, lo que sientes por mí es cariño y capricho, también crees que es tu responsabilidad como hija el obedecer las órdenes de tus padres. Sé que en algún momento de tu vida conocerás al hombre que te enamore perdidamente y no me gustaría convertirme en un impedimento para que estés con él. No quiero que vivas la misma vida que yo he vivido, no quiero que contigo la historia se repita. —Yo jamás permitiré que estés con ella —gruñó la mujer—. No con Valentina, jamás lo permitiré. —Sé que te hizo daño, pero ella ha cambiado, es diferente —insistió Marko—. Realmente… se me hace imposible pensar que una mujer tan dulce es capaz de hacer daño como dices que ella te lo hizo. Me parece que nosotros fuimos más crueles con ella y su familia. Merina soltó una carcajada llena de amargura. —Tú no la conoces como a mí me ha tocado hacerlo —dijo con severidad—. Valentina es la mujer más manipuladora que he llegado a conocer en mi vida. ¿O se te olvida cuando intentó asesinarme? —Perdón, no debería recordarte un momento tan difícil para ti —soltó Marko y bajó la mirada cuando notó los ojos llenos de lágrimas de su esposa. Las lágrimas comenzaron a correr por las mejillas de Merina. Una vez más, Valentina le estaba arrebatando lo que ella más quería en el mundo: su felicidad. Y no lo iba a permitir, si debía asesinar a Marko para que no estuvieran juntos, lo haría, pero jamás permitiría que estuvieran juntos.
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