Capítulo 10: la familia Rumanof

1999 Words
Valentina, veintiocho años (tres meses antes de morir): Era la primera vez que Valentina visitaba la tumba de su difunto prometido en compañía. De hecho, era la primera vez desde la muerte de Lorenzo que Valentina aceptaba conversar con alguien que no fuera su hermana. Hugo era uno de los pocos amigos de Valentina que conservó de la escuela, claramente el muchacho provenía de una familia adinerada como todos los que la rodearon en su adolescencia y adolescencia. Aunque Hugo era un joven sencillo, si bien era guapo, con clase, su forma de ser era bastante humilde y muy cariñoso. Él, al ser amigo del colegio de Valentina, conocía toda la historia que pasó entre ella y Merina, de hecho, tuvo que vivir esa historia, consolar a Valentina y llenarse de impotencia por no poder reclamarle a Merina y a Marko, pues si lo hacía era como condenarse a la desgracia. La pareja de amigos observaba la tumba de Lorenzo. Era temprano por la mañana y desde que iban en el auto sostenían una conversación que se convertía en debate. Hugo quería que Valentina renunciara o al menos tomara el traslado de sede, estaba preocupado por ella, por su actitud vengativa y presentía que corría mucho peligro. —Rosa me contó todo, me dijo que estás intentando vengar a Lorenzo, ¿qué crees que vas a conseguir haciéndolo? Por favor, Vale, es la familia Rumanof, ¿crees que esa idea podrá salir bien? —Si puedo hacer justicia por la muerte de Lorenzo, no me importa lo que me suceda —dijo Valentina. —¿Te estás escuchando? —cuestionó Hugo. La joven volteó a verlo. —Toda mi vida he estado soportando las humillaciones y malos tratos de la familia Rumanof. Siempre me han quitado lo que yo más he querido, tú mismo lo has visto, ¿por qué no puedo enojarme contra ellos? ¿Por qué no tengo ese derecho? ¿Nada más porque son adinerados y tienen poder? —Es porque son muy peligrosos —soltó Hugo y la tomó de los hombros—. Vale, sé que debe ser muy duro para ti todo lo que estás pasando, y sí, Marko te ha hecho mucho daño, pero es por esa misma razón que deberías darle un cambio a tu vida, dejar tu pasado atrás y comenzar desde cero. Toma el dinero que te dieron los Rumanof y vete muy lejos, sé que podrá irte muy bien y todos lo que te amamos podremos estar tranquilos. ¿Es que acaso no te das cuenta? Tus padres y Rosa están preocupadísimos, así como yo también… Valentina inclinó la mirada llena de confusión y tristeza. Valentina se alejó un poco de Hugo, se agachó y arregló las flores en la tumba. No decía palabra alguna. Las lágrimas se acumulaban en su mirada, volviendo todo su alrededor borroso. A su mente llegaba el recuerdo de las muchas veces que Lorenzo la abrazó y le susurró al oído que todo estaba bien. Su lugar tranquilo y seguro en su vida ya no estaba, se lo habían arrebatado. Arrodillada frente a la tumba de su difunto novio, apretó con fuerza sus manos, arrancando a su paso parte del césped. —Valentina… —llamó Hugo con tristeza. —No me voy a detener, no lo haré —dijo ella—, necesito saber toda la verdad, necesito saber por qué lo hizo. Necesito saber por qué me quitó la única felicidad que tenía en mi vida. —Fue un accidente —recordó Hugo. —No lo fue —gruñó Valentina—. No fue un accidente. —¿Y cómo piensas descubrirlo? —Haré que el mismísimo Marko Rumanof me lo confiese todo antes de asesinarlo —dijo ella con rencor. Hugo tragó saliva. Su amiga había enloquecido. Marko desde adolescente sospechó que a su padre no le agradaba Valentina, no supo el por qué hasta que una tarde, cuando ingresó al estudio de su padre y lo vio fumando un habano el señor le dio el consejo que marcó un gran cambio en su vida. —No debes juntarte con personas que son de baja clase, por más amable que quieras ser con ellos —dijo el señor Rumanof. —¿Por qué? —Porque las personas de baja clase están llenas de inseguridades y envidia —explicó el hombre a su hijo—. Personas como Valentina Sandoval no están acostumbradas a la alta sociedad y su forma de pensar no se iguala a la nuestra. Si pasas mucho tiempo con ella, te va a contagiar su mediocridad. Necesitas amigos que estén a tu altura. Marko, que para sus diecinueve años no entendía muchas cosas, no comprendió en su momento el consejo de su padre, pero si él lo decía es porque era cierto, era un hombre sabio al cual admiraba mucho. —Pero Valentina está estudiando y tendrá una buena carrera, es muy inteligente. —Claro que lo es, su padre no tiene dinero para pagar la matrícula, por eso la fundación Rumanof la ha becado, de lo contrario estaría estudiando en una universidad pública. Necesitas como amigos a personas útiles, que te sumen. Y fue allí cuando la verdad se reveló ante los ojos de Marko. Desgraciadamente tomó el consejo de su padre y se alejó de Valentina, no en ese momento, fue después, pero igualmente la consecuencia fue la misma. Y junto a todo lo que vivía diciéndole Merina, decidió ver a Valentina como a una amenaza, no como la amiga que tanto le gustaba tener a su lado. Aquel recuerdo se volvía pesadilla y torturaba al ahora hombre, dándole noches desagradables cubiertas de arrepentimiento. El rostro de Valentina llorando con sus ojos hinchados volvía a él como fantasma y le tocaba el hombro. Se sufre mucho cuando se ha recibido daño de otra persona, como una traición o malos tratos, pero se sufre el doble cuando se es el victimario y se logra evidenciar la magnitud del daño que se ha ocasionado, sobre todo cuando no se tiene ninguna justificación que explique su nivel de maldad. Valentina había llegado a la mansión, impresionando a Marko, se iban a ver ese sábado en la noche, pero nunca acordaron el que ella fuera quien llegara a la mansión. La joven llevaba puesto un hermoso vestido blanco que hizo que el hombre la comparara con un ángel. Era de tarde, aún se podía apreciar la puesta de sol. Se sentaron en el jardín trasero de la mansión, tomaban vino mientras conversaban y apreciaban la hermosa tarde de verano. Esto le recordaba a Marko las tardes después de la universidad, cuando Valentina se quedaba en su casa y estudiaban juntos, robaban una botella de vino de la colección de su padre y la bebían en el balcón escondidos de todos. Fue una buena época, donde él llegó a creer que todo lo que Merina decía de Valentina era mentira, pues Valentina le parecía alguien sumamente dulce y sus planes de venganza cambiaron, prefería tenerla cerca. En ese tiempo terminó descubriendo que se había enamorado, que, si se esforzaba, podría terminar casándose con Valentina. Fue un joven bastante ingenuo. Valentina necesitaba que Marko se embriagara, para así poder sacarle toda la información que necesitaba. Estaba más cariñosa de lo normal con él, para esto necesitó varias copas de vino. Con el paso de los minutos y caída la noche, Marko se mostraba muy relajado y de buen humor, le acariciaba la pierna y la atraía a él al rodearla con un brazo. Valentina advirtió que todo podría terminar en sexo y no sabía si pudiera resistirlo. —Marko, ¿recuerdas la vez que me mostraste las barras de oro que guardas en la caja fuerte? —preguntó la mujer con una sonrisa. —Ah, sí… recién habías entrado a trabajar en la empresa. —Sí, ¿confías tanto en mí como para enseñarme tus más profundos secretos? —Eres la única persona en la que confiaría ciegamente —contestó Marko. —¿En serio? No te creo… —Dejó salir una risita—, a ver, si confías tanto en mí, ¿cuál es la contraseña de la caja fuerte? No creo que seas capaz de decirme algo tan privado. —Pero si ya la sabías… el que se te haya olvidado es diferente —respondió Marko—. Es la fecha en la que nos conocimos. ¿Lo recuerdas? El primer día de clases, discutimos y terminamos cayendo a la piscina —Marko bebió de su copa de vino. —Oh… —Valentina se sintió tonta, odiándose por no habérsele pasado por la cabeza que podría ser esa fecha—. ¿Y por qué colocaste esa fecha? —Porque es muy especial para mí. Valentina le besó los labios. Se sentía eufórica por haber conseguido la clave para abrir la caja fuerte. . . Actualidad: No sabía qué pensar sobre su situación, su propósito era que Marko la conociera y creara un concepto positivo de ella, para que así, si alguna vez llegaran a sus oídos malos rumores de ella, pudiera cuestionarlos. Conocía tanto a Marko que sabía que pecaba de ingenuo y era demasiado fiel a las personas que consideraba cercanas. En los muchos años que tuvo que estar obligada a convivir con él, vio atisbos en Marko que la hacían cuestionarse qué tan despiadado podría ser y llegó a la conclusión de que no lo era, todo lo contrario, era demasiado inocente como para darse cuenta de que su esposa Merina lo manejaba como un títere. Y Marko tenía demasiado poder como para destruirle la vida a las personas que él quisiera con sólo señalar con el dedo índice. Por esas razones y muchas más necesitaba mantener la distancia de él, simplemente convertirse en invisible, alguien que operaba desde las sombras. Pero ahí estaba, siendo maquillada por Mariana. Había sido invitada por Marko a su fiesta de cumpleaños y no pudo evitar el aceptar, pues recordó que justo en esa fiesta él se iba a conocer con Merina y necesitaba que él no se interesara en ella, pues si eso pasaba, iban a comenzar a tener citas y en cuestión de un mes, le pediría que fuera su novia. Y era allí donde su tormento comenzaría. Sin embargo, Valentina nunca creyó que, al aceptar la invitación, se iba a desencadenar una cercanía que era demasiado peligrosa entre Marko y ella. Aquella tarde en que fueron a almorzar, terminaron en la casa de Marko, la cual en realidad era una mansión. Era idéntica a como Valentina la recordaba, llena de empleados, con perfectos jardines y salones grandes, dignos de la realeza. Pero algo que jamás había pasado: conoció la habitación de Marko. Aquel cuarto era del grande de su casa, hasta con su propio juego de muebles y una biblioteca, además que tenía varias colecciones de tableros de ajedrez. Y fue cuando recordó que él era un maestro del ajedrez, hasta iba a competencias. Por alguna razón que ella no entendía, Marko generó un gran interés en ella y se decidió a enseñarle a jugar. No era raro el hecho de que él quisiera hacerlo, antes, cuando trabajaron juntos, Marko pasaba tantas horas frente a un tablero de ajedrez que ella aprendió cuáles eran los movimientos y terminó jugando con él (en contra de su voluntad), porque su jefe quería ver hasta qué nivel llegaba en estrategia y análisis. Valentina perdía a propósito para no hacerlo enojar en aquellos días, algo que terminaba enfureciéndolo, porque el hombre creía que se burlaba de él y le exigía que lo tomara en serio, así que ella empezó a ganarle en todas las partidas. Aunque esa tarde pasó todo lo contrario, el Marko de dieciocho años al ver que ella ya sabía jugar, le pidió que tuvieran una partida y se sorprendió cuando Valentina logró ganarle. Hasta Mariana, que estaba pegada en su celular chateando, generó curiosidad y se acercó.
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