Tengo dos misiones en esta vida, ser la esposa perfecta para Paolo Barzini y tener para que la familia siga teniendo el poder absoluto en esta asquerosa vida. Mis padres al morir me dejaron a mi suerte con mi tío Luca Bonanno, así que crecí con las absurdas creencias italianas de la mafia: una mujer debe ser sumisa y callada, servicial, complaciente y siempre fiel a su marido.
El estudio, era un lujo para mí; pero logré obtener mi licenciatura en Negocios Gastronómicos en una de las Universidades de París. Todo esto gracias a mi prima Cassandra, a ella la mandaron con su familia a “Tierra de fuego” en Argentina. La mayor parte de mi fortuna está en ese país.
Si supieran que soy asquerosamente rica, mis inversiones en las embarcaciones y el petróleo me han generado una gran cantidad de dinero, aunque tengo que usar mi doble identidad. Así de jodida esta mi vida.
Debo comportarme a la altura de las señoras que están en la mesa, me lo repitió un millón de veces Paolo, tras ser golpeada y torturada semanas atrás. Mi mejilla aún está un poco inflamada y duele, pero nadie parece notarlo. Lo triste de ser una esposa trofeo es que debemos soportar todo tipo de humillaciones, golpes e incluso violaciones.
Aunque Stefan no me ha tocado en meses. Todo gracias a la hija del senado, una tal Iris Soul, la mujer despampanante con tetas mas grandes que una copa C; la chica no ha parado de ponerse implantes.
La risa de ella inunda todo el salón y mi apuesto marido esta embelesado con ella. Y como no estarlo, si trae puesto un vestido rojo con una gran aventura en la pierna derecha y deja ver sus torneadas piernas; en ocasiones encontraba a Paolo cogiendo en nuestra cama, la imagen de ellos fornicando aún me da nauseas, pero mas nauseas me causaron cuando Paolo me obligó a chuparle las tetas mientras el se daba placer y después obligarme a que se la chupara y terminara sobre mi cara, pero aún así el muy bastardo terminó golpeándome por la interrupción.
Tardé un mes en recuperarme, una fractura en el brazo y múltiples golpes en el cuerpo. Mi adorado tío sabe de todo mi tormento, pero mi castigo fue mucho peor; estuve dos semanas en el bosque amarrada en un puto árbol y azotada sin parar.
Ese día supieron que estaba embarazada. Desde ese día no me han vuelto a tocar. ¿Es un alivio?, no, es una puta pesadilla.
- Los negocios están creciendo, pero necesitamos esas inversiones petroleras, debemos tener todo ese campo – dice mi tío
- Te recuerdo que no podemos entrar en ese lugar, lo tiene el bastardo de la “Bestia” – responde otro tipo que olvidé su nombre
- Ese bastardo ha desaparecido, nadie tiene noticias de el – mi tío se queda pensando
Escuché demasiado ese apodo, “Bestia”; se dice que es un hombre despiadado, que el ataca a sus enemigos y con sólo tres golpes los mata, tiene una fuerza que no es de este mundo; muy pocos han tenido contacto con él.
Es de origen polaco y de familia prodigiosa, pero un día sin más desapareció y nadie ha vuelto a saber de él, es como si la tierra lo hubiese tragado. No hay registro de el en ninguna parte, aunque quisieran buscar información de el en internet, pareciera que no existe.
¿Por qué quieren ese territorio?
¿No les basta con su negocio tan patético de las armas, drogas, trata de blancas y eso?, pero la ambición siempre gana.
Muchos de los invitados han empezado a retirarse, estoy tan cansada que me acerco a Paolo y le pido permiso para poderme ir al hotel.
Me estremezco cuando su mano toca mi mejilla y sutilmente me coloca un mechón detrás de mi oreja.
- Era hora de que te largaras, no llegaré esta noche. Ya sabes Iris y yo la pasaremos genial sin ti.
- Diviértete – sonreí irónicamente
Vi su media sonrisa; mala señal, ¡Joder!, sólo pude cerrar los ojos antes de sentir su cachetada
- Recuerda que la bastarda eres tú – me sujeté fuertemente mi mejilla, y asentí.
Como pude salí del salón y las lágrimas comenzaron a brotar, un chico me dio mi abrigo y mi bolso. Deseaba poderme escapar, irme a “Tierra de fuego” rehacer mi vida, pero solo hay un puto problema. Paolo.
**********
Después de tres días, por fin ha regresado Paolo al hotel. Aunque yo tengo permiso para estar fuera, y aprovecho lo máximo para recorrer Edimburgo.
Entro en una de las emblemáticas cafeterías y me dispongo a disfrutar de mi libro y del café.
Siempre he tenido esta costumbre, café y libros. Mi madre cuando yo era una pequeña me regalaba montones de ediciones especiales. ¿Quién diría que a mis 26 años aún me tienen como una sumisa?
Cada día es una lucha interminable con mi cuerpo, tengo la piel mas pálida que la nieve, mis ojos marrones hacen juego con mi cabello, tengo pecas en la cara, algo que asquea demasiado a Paolo, mis pechos son pequeños a comparación de Iris. Siempre me mantengo en forma y mi abdomen cada vez es más pequeño. – A nadie le gustas – es lo que escucho a cada hora.
Mis pómulos realzan demasiado mi cara, y mis ojos siempre han sido grandes, al igual que mis labios. Pero aún así no soy bonita.
- Ese libro es muy bueno – Levanto la mirada y me encuentro con un chico muy apuesto, pero yo bajo la mirada rápidamente
- Lo es – respondo
- ¿Puedo hacerte compañía?
- No, no puedes – cierro el libro de golpe y me levanto – Lo siento me tengo que ir
Tomo mis bolsas y salgo de la cafetería corriendo, aquel chico me mira preocupado, quizá vio algo en mi que…
- ¿Ahora te atreves a engañarme? – me detengo de golpe y veo a Paolo recargado en el lujoso Aston Martin - ¡Tú no eres nada!
No sé por que camino hacia él, con la cabeza agachada. – se sutil y asume toda responsabilidad, si no lo haces el castigo será peor –
- Lo… lo siento Paolo – mi voz suena con ese temblor que detesta
- ¿Lo sientes? – caminó hacia mi y me sujetándome fuertemente el brazo
- Me haces daño
- Este es un puto recordatorio que nadie debe de hablarte – su puño iba directamente hacia mi pómulo izquierdo
El golpe que recibí era mucho mas agresivo que todos los demás, sentí un ardor en mi mejilla
- Y esto es por humillarme delante de todos mis amigos – otro golpe en el abdomen
Unos instantes después, me encontraba en el piso. Algunas personas corrieron a auxiliarme pero Stefan comenzó a amenazarlos, así que como pude, me levanté. El dolor es insoportable, miro mi muñeca derecha y la tengo inflamada, creo que es una pequeña fractura. Así que me quito mi bufanda y la empiezo a enrollar en mi mano. Hago una mueca, pero no me quejo. Stefan me toma nuevamente por el brazo y abre la puerta del Aston y me hace que me suba rápido, lo conozco bien, algo no ha salido como el quiere y busca desquitarse. Ya decía yo que era bueno que no me golpeara.
Comienzo a vendarme mi muñeca antes de que se de cuenta y comience a golpearme nuevamente.
Al subirse al coche, cierra de un portazo y arranca el coche, como siempre rechinando las llantas.
Durante el trayecto a no sé dónde, ha estado muy callado y mientras yo sigo perdida en mis pensamientos. A lo lejos veo un hermoso castillo, parece un poco viejo, pero es hermoso. Se ve que tiene mucha historia, espero poderlo visitar muy pronto.
Stefan para el coche y se desabrocha el cinturón; algo está tramando así que bajo la mirada y espero para su reclamo.
- ¿Sabes? Eres demasiado molesta, arruinas todo y estoy cansado de lidiar contigo, así que te la pondré de la siguiente manera – abre la guantera y hay un arma y sus patéticos guantes – te daré 10 segundos para que corras, pero si te atrapo te mato.
Miro por la ventanilla del coche y ha empezado a caer una gran tormenta, mi vestimenta no me ayudará mucho, sujeto fuertemente mi bolso y me quito rápidamente mis zapatos, debí de haberme puesto algo mucho mas cómodo y no un estúpido vestido.
- Pero ¿Crees que será así de fácil? – su mano fue directamente a mi cabello y lo apretó fuertemente para después azotarme en la guantera.
El golpe hace que mi muñeca me duela un poco más, la sangre corre por mi cara, creo que tengo una cortada.
- ¡Corre!
Y como pude, abrí la puerta del Aston y comencé a correr, tengo que salir viva de esto.