Idiota de profesión

1267 Words
Después de que me cerrara la condenada puerta en la cara, yo la toco con tanta fuerza que parece que la voy a romper. - ¿Ahora me dirás a qué demonios debo la impronta de tu visita? – Dice abriendo la puerta con su polera en la mano, pero no se la ha colocado aún. - ¿A usted nunca le enseñaron modales de niño? – Me mofo de él, se nota que él y yo no nos caeremos bien jamás, y eso no es algo que me quite el sueño. Por mí, que se vaya al diablo. - ¿Y a ti nunca te enseñaron a mantener la boca cerrada? – Una clara amenaza de él. - ¿Con alguien como usted? Jamás. – Diablos, me siento estúpidamente atraída por él. ¿Qué diablos me sucede con este cretino? ¿Desde cuándo me pasa algo así con un imbécil? - ¿Y cómo es alguien como yo? – Dice mirándome y acercándose.. - Idiota, por decir lo menos. - Sin tapujos, así me crió mi madre. - ¿Y entonces a qué mierda vienes? ¿O sólo te paras aquí para mirarme? - ¿Que? - Uuuf, por favor, le aseguro que, si fuese por mirar a alguien guapo, aquí ya hay muchos y son mucho más simpáticos. - O sea que si te parezco atractivo entonces. – Dice acercándose más a mí. - Atractivos me parecen los modales, el respeto y usted no tiene nada de eso. – Soy tajante. - Insisto ¿A qué vienes entonces? – Dice volteando su rostro. - Me mandó el capitán para ver si necesitaba algo para su estancia, que espero sea corta. – Digo la última parte más bajito, aunque sé que me escuchó igual. - ¿Realmente usan mujeres para ver las necesidades de un hombre? - ¿Qué rayos? - No entiendo. – Digo un tanto sorprendida y él me sonríe con unas tonta mirada de soslayo. - Se nota. – Ahora él es quién se mofa de mí. - ¿De verdad? ¿Lo traumaron de pequeño? ¿O definitivamente sus padres no le enseñaron a tratar con gente? - Bien, suerte la tuya que tuviste unos que te enseñaron a ser tan molesta como un puto grano en el trasero. – Wow, no me esperaba esto del muy idiota. - ¡A mí no me habla así! – Levanto la voz. - ¿Y que esperas que te diga si eres odiosa? – Me habla fuerte también. - Usted no es precisamente una maravilla. - Mi turno de reír ahora. - Pues bien, somos dos idiotas entonces. – Se acerca más a mí, lo que me causa un poco de miedo o de alguna sensación que no sé explicar. Quiero golpearlo, definitivamente quiero hacerlo, pero en cuanto intento levantar la mano el me la toma y me corre hacia la muralla de su habitación cerrando la puerta tras él. - Sólo inténtalo. – Me dice con mi mano en alto y su cuerpo completo presionando el mío contra la muralla. Mierda. - Suéltame. – Pido con un jadeo, lo sé, mi propio cuerpo me falla. - Ah, ¿Ya nos llevamos así? – Se acerca aún más y me causa miedo lo que me pueda provocar este hombre. - No sé a qué te refieres, sólo suéltame. – Vuelvo a pedir mirando hacia otro lado. - Soy tu superior, me debes respeto. – Su cálido aliento cayendo en mi cuello. - Pero no por eso dejas de ser un idiota. – Giro mi cabeza y lo miro a los ojos, pero mi corazón agitado me traiciona, si yo puedo oírlo, sé que él también lo hace. ¡Rayos!. - Y tú una odiosa y antipática niña. – No me gusta esto, necesito salir de aquí. - Pues bien, dejaré de serlo cuando me sueltes. – Está bien, a veces es necesario ceder un poco. - Te enviaron a ver mis necesidades, entonces deberías cumplir con todas. – Su rostro se acerca a mí tanto que hasta podría tocar sus labios con los míos si me acerco un par de milímetros más. - Sigo sin entenderte. – Vuelvo a responder pero casi sin respiración. - Creo que entiendes sólo lo que quieres entender. – Me dice más cerca, diablos, si se acerca un poco más… - Que me sueltes, Trent. – Digo bajando mi cabeza, es cuando rompemos el contacto visual y la tensión se desvanece. - Está bien. Me suelta y se aleja de mi. Debo reconocer que su cuerpo desnudo rozando contra mi piel fue algo sin igual, pero eso no le quita lo engreído y facilote a este cretino, me pudo haber besado y eso no le habría importado, pero a mí sí, quiero que mi primer beso sea con el hombre de mi vida, no con un odioso hombrecito como este, necesito recordar eso. - Tengo una necesidad. ¿Puedes ayudarme? – Dice sin mirarme. - Ni en un millón de años. Ahora atiéndete solo. – Me siento molesta otra vez con él, aunque ya no sé ni porqué. - No es forma de tratar a tu superior, niña metiche y bocona, debes aprender a guardar tu distancia de mí. – Se voltea y me mira, la habitación vuelve a arder, estoy segura de que hay fuego entre nosotros, pero de ese malo... Muy malo. - No es forma tampoco de tratar a una mujer, esa que usaste recién conmigo es una manera horrible. - Estoy enojada, muy enojada. - Dirígete a mi como Señor. – Me dice con su tono amenazante y molesto pero sin mirarme. - Dirígete a mi como Díaz y no como niña metiche y bocona. - Tu no aprendes. – Sonríe y si, debo reconocer que es algo hermoso de ver, pero de muy lejos. - ¡Pues tú tampoco! - Reclamo molesta. - ¿Quieres que aprenda o... Me quieres enseñar? - Me toma de los brazos y se acerca a mi rostro... Uuy no estaba en mí la idea de matarlo, pero ahora juro por dios que lo haría sin pensar. -¡De ti no quiero nada! ¡Suéltame! - Ah ¿Ahora te quieres alejar de mi? Estoy seguro de que recién pedías a gritos que me acercara. - ¿Que diablos cree que está haciendo? ¿Porqué lo hace? - Eso nunca, no es comparable con alguno de los chicos de la base, todos son respetuosos. Podrías aprender de ellos. - Insisto ¿Me enseñarás tu? - Cretino, arrogante y narcisista. - ¡Eres un idiota de profesión! - Pero podría aprender mucho de ti, no eres precisamente un amor. - Contigo jamás. - Niega que te parezco atractivo. - Lo niego, ya le dije, los modales son atractivos y usted no tiene nada de eso. - ¿Volvemos a tratarnos de usted? - Ojalá para siempre mantener la distancia de alguien como usted. - Eso es lo que menos quieres de mi. - Y es ahi que me doy cuenta de que nos estamos acercando demasiado, no me había percatado de lo cerca que estábamos. Diablos, tengo que salir de aquí. - ¡Mentira! Me enferma lo cerca que está de mi y me molesta que se crea tanto por ser teniente, me suelto de su agarre en una técnica usada por nosotros, me apresuro hasta la puerta y salgo azotandola, el muy desgraciado me hizo sentir horrible esos momentos que estuve con él, ojalá y se vaya luego. Dios ¿Qué diablos me sucede con este cretino?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD