Desperté por un fuerte patada en mis piernas, estaba dormida sentada ya que me encontraba atada con las esposa a esa maldita pared que me impedía acostarme. Mire a la persona que me había propinado la patada y mis ojos se abrieron de par en par, no podía creer que fuera ella, y a su lado estaba el, Rafael. Mireya tenía una sonrisa diabólica en su cara y me miraba con superioridad, mientras que Rafael estaba apoyado en la pared con sus brazos cruzados en el pecho, me miraba de reojo como mostrando indiferencia. -¿por qué? Salió esa pregunta de mis labios, iba dirigida a ambos. - ¿creías que te iba a dejar feliz con Alejandro? Pues no cariño él es mío, y ninguna zorra me lo quitará. - dijo la arpía de Mireya. -él no te ama, nunca lo hará. Porque no te largas y nos dejas en paz de una ma

