Un encuentro con el pasado
La vista del lago de Sanabria nunca dejaría de traerle paz y calma a su agitada mente. Sentado ante tal maravilla natural, intentaba recordar lo maravilloso de su infancia, pasando las vacaciones en aquel deslumbrante paisaje. Como olvidar esa emoción que lo invadía cuando anunciaban vacaciones en el colegio y tenía la seguridad que podría correr por las colinas al rededor de la casa de su abuela. Incluso el año en el que se enamoró por primera y única vez de aquella dulce niña, que años después se convertiría en una hermosa mujer que robaba su aliento con cada mirada, cada sonrisa, cada roce y ni pensar en lo que le causaba al bailar.
-Cristina... - hasta pronunciar su nombre le causaba un choque eléctrico a través de su cuerpo y lo hacía ansiar su presencia, incluso si decidía ignorarlo como lo había hecho durante los últimos dos días.
Aún recordaba ese momento al ver su rostro después de tres años sin saber de ella. Su regreso a la casa de su abuela para pasar las vacaciones con su familia, se había visto contaminado por la petición de su novia de turno de presentarla como su nuevo pareja. No recordaba cuál de todos los caprichos que había presentado como argumentos con su chillona voz, lo habían convencido de aceptar que lo acompañara.
Pará cuando llegaron el sol se estaba ocultando, pero la luz del porche ya estaba encendida. Tocó el timbre esperando ver a cualquier m*****o de su familia, pero no a ella. Los años parecían haber enriquecido su belleza
-Hola - casi suspiro con sorpresa al encontrarse con sus ojos color avellana y su expresión igual o mas sorprendida que el.
-Horu... No... Sabía... No sabía que vendrías- respondió a su saludo
-Hola! Mucho gusto! Soy Victoria, su novia - intervino la voz chillona que lo acosaba. No recordaba otro momento en el que se hubiera preguntado más porque había aceptado tener una relación con esa mujer que se atribuía ser su novia.
- oh... Tampoco sabía eso- respondió con aparente indiferencia, pero él la conocía muy bien para notar su molestia disimulada - soy Cristina... La... La profesora de ballet de las chicas- respondió con seguridad a pesar del titubeo. Esa revelación lo tomó por sorpresa, aunque no debería. Había pasado tanto desde la última vez que se había enterado de la vida de sus primas.
Habían pasado casi 3 años desde su último encuentro en aquella estación de metro en Londres. La había citado allí mientras ella visitaba a su hermano, con la plena consciencia de que le rompería el corazón luego de la conversación que había planeado. Cristina era el amor de su vida, pero así mismo era su mayor debilidad. Había planeado hasta el más mínimo detalle, con el propósito de minimizar lo máximo posible el dolor que sus palabras le causarían, pero nunca pensó que volvería a encontrarsela años después y que sus sentimientos por ella estuvieran más vivos que nunca. Le había roto el corazón con la intención de protegerla, pero sabía que sí era sincero con ella, sólo le daría más motivos para aferrarse a su relación. Y no podía poner en riesgo a lo mejor que le había pasado en su vida, después de su familia.
Los gritos de Diana , su hermana menor, a lo lejos, lo sacaron de sus recuerdos, y si la conocía bien, no eran precisamente gritos de felicidad, pero... ¿Qué había provocado su ira? Decidió regresar a la casona, su instinto indicaba que la pelirroja, que se hacia llamar su novia, estaba causando más problemas de los que había previsto.
Conforme se acercaba a la puerta podía diferenciar los improperios emitidos por su dulce hermanita. Una vez cruzó el umbral pudo verla parada en medio del salón, con las mejillas coloradas, los ojos llenos de rabia y con un instinto asesino marcado en su mirada. En una mano sostenía su guitarra eléctrica favorita una Jackson Edition Mark Morton 10th Anniversary y en la otra lo que parecía ser una cuerda, que seguramente encajaría en la guitarra, eso explicaba su expresión.
- M4ld1t4 p3rr4!!! Te dije que te alejaras de mis cosas! - gritaba casi desquiciada. A pesar de medir 1.64mt y ser de complexión menuda, el carácter de Diana la proyectaba como una leona furiosa buscando a su presa. Cuando notó su presencia supo a quien dirigir su ira - Se lo advertí! Dime que no la estas escondiendo Horu, porque puedo olvidar fácilmente que eres mi hermano! - agitaba sus manos lo más que podía y el peso de su guitarra se lo permitía - mira! Miraaa!- señalaba su instrumento - imagina lo que tuvo que hacer para que quedara así!!! - sus rizos rubios apenas se balanceaba a al ritmo de su furia sin dejar de darle un toque de glamour a sus furibundo reclamos.
En poco tiempo el escándalo atrajo a los demás integrantes de la familia y el personal de la casa. Y entonces vio esos hermosos ojos avellana que había querido evitar desde su llegada hace dos días, esa mirada llena de dulzura, acompañada de un rostro de ángel y gesto inocente, adornados por rizos color chocolate.
-que pasó? - preguntó con su dulce voz preocupada a la rubia que parecía haber salido del mismísimo infierno en búsqueda de la causante de su ira para arrastrarla de vuelta con ella de regreso.
-se lo advertí! - repitió - DONDE ESTÁ??? - está vez se dirigía a él
- no lo se, acabo de llegar- atinó a responder tratando de salir de su ensimismamiento. Ya era difícil mantener su atención aparte de Cristina, para ahora tener que apelar a su instinto de hermano mayor e intentar el apacigua miento de la furia de su hermana - que pasó? - preguntó sin pensar en el riesgo que representaba para su vida no poner en práctica sus habilidades para leer el comportamiento de la rubia.
-que qué pasó? - respondió incrédula - ESTO PASÓ! - Respondió mostrándole su guitarra evidentemente averiada - Pasó que el trapero que tienes por novia sobrepasó los límites y mira como dejo a Jackie! - si bien había empezado su frase con rabia, no pudo evitar que su voz se quebrara al decir el nombre de su guitarra. Y por si fuera poco, su hermano parecía no apreciar su vida ese dia:
-por qué estás tan segura que fue Victoria? - intentó en calmar la ira de la chica haciéndola dudar de su versión.
Pero obtuvo el efecto contrario, pues su respuesta destilaba veneno- dime quien más en esta casa y en su sano juicio se atrevería a tocar a Jackie y dejarla así! - mostró nuevamente las piezas en sus manos
- Dejá el show que no hay tarima! No pasó nada! Estoy segura que si no se puede arreglar Horu o tu Papi te pueden comprar otra- Intervino Victoria entrando al lugar y con tono despreocupado, intentando restarle importancia a lo que para ella era un berrinche de su cuñada. En cambio, vio cómo la adolescente le entregaba su guitarra y la cuerda suelta a esa profesora que le robaba la atención de su novio, y lo siguiente que vio fue las garras de la pequeña rubia dirigirse hacia ella. Por suerte, Horu alcanzó a agarrarla en el proceso y alejarla de ella, evitando así que el ataque fuera un hecho
-SUELTAME!!! - gritaba Diana con la ira a flor de piel - Dejame mostrarle lo que es nada! - su furia no se apacigua a - le voy a arrancar la cabeza!
-CALMATE! - Le ordenó Horu mientras intentaba controlarla con un apretón de sus musculosos brazos. Ser casi 15cm más alto que su hermana tenía sus ventajas, sin mencionar que era mucho más fuerte y pesado que ella. Sin embargo, solo se calmo al escuchar la autoritaria voz de su madre
-Que está pasando aquí? Cual es el escándalo? - su mirada reflejaba confusión al escuchar los gritos de sus hijos, aunque algo alcanzaba a imaginarse, sabía que el ambiente en la casa no era muy cordial desde la llegada de su hijo con su supuesta novia. Sus ojos se abrieron aún más al ver la causa de la ira de su hija mediana y no tuvo que adivinar cuáles habían sido los hechos, su mente ya había conectado los puntos. - Horu, suelta a tu hermana, Diana, Horu te va a soltar y tu te vas a comportar con calma, entendido? - sus hijos obedecieron sus órdenes sin chistar palabra alguna - Ahora, Cris por favor lleva a Jackie a la sala de música, Horu irá ahora más tarde para ver como soluciona esta... Situación. Horu, Diana y Victoria, al despacho del abuelo, ahora! - ante su tono nadie podía negar su autoridad matriarcal en esa casa y a los nombrados no les quedó de otra que obedecer.
El despacho del abuelo le recordaba a Horu sus visitas a la oficina del Rector del Colegio. Durante sus vacaciones de la infancia, su abuelo Kenji Takagi representó la autoridad y aunque hacía creer a su abuela Esmeralda y a su madre Kazumi que le impartiria una seria charla sobre disciplina y buen comportamiento, cuando hacía travesuras, esa oficina en casa se convirtió en su refugio para su relación abuelo y nieto.
Al cruzar la puerta de la habitación en cuestión, el olor lo transportó a esos momentos felices que pasó junto a él, junto a ese viejo japonés nacionalizado en España, donde conoció al amor de su vida Esmeralda del Castillo, una hermosa mujer de rizos castaños indomables, ojos cautivadores de color ámbar, rasgos delicados y un cuerpo curvilineo, que hacía voltear a más de uno. Así describía su abuelo Kenji a su abuela, cada vez que le recordaba porque debía tener paciencia con su genio y procurar no molestarla, un genio que heredó su madre. Un chasquido de los dedos de su madre lo devolvio al presente. Soltó un suspiro y con un asentimiento señaló a su madre que tenía su atención.
-bien, ahora me van a explicar que pasó? - preguntó su madre con paciencia
Diana había hallado algo de calma al entrar en aquella habitación, que así como para su hermano era un refugio, para ella era un santuario. Aquel lugar le recordaba esas tardes de galletas e historias maravillosas junto a su abuelo y ni el peor conflicto con esa sarrapastrosa que se había conseguido su hermano por novia, opacaria la calma que lograba transmitirle ese lugar. Y su respuesta fue fría pero clara
- La quiero fuera de esta casa o lejos de mí y de mis cosas - su tono de voz no daba lugar a dudas o caprichos, su petición era clara y firme
- Entendido - respondió su madre - Victoria, quisiera ser una buena suegra y anfitriona diciéndote que ha sido un gusto tenerte en mi casa, pero lamentablemente no es así - dijo solemnemente - tu presencia no ha causado más que disgustos entre mi familia y Horu pudo haberte elegido como su novia, pero esta es la casa de mi familia y la respetas - su tono se había endurecido gradualmente - ahora, no te voy a echar, pero a la más mínima falta, serás considerada persona non grata en esta casa - la autoridad en sus palabras era casi tangible - y supongo que está más que claro que estas a merced de las decisiones de mis sobrinas - cerró su posición con un tono socarron, pues sabía muy bien lo que le esperaba a su nuera ahora que le había dado motivos a sus hijas y sobrinas para hacer hasta lo imposible de su casa, sin que les preocupara lo que pudiera decir el mayor de los primos.
La expresión de indignación de Victoria no tenía precio. Una pelirroja de 1.70 Mt, con buen físico y para muchos bastante atractiva, pero su personalidad arrogante y mimada, solo causaba repulsión en quienes la conocían de cerca. Su mirada osciló por unos instantes entre su suegra y su novio, con su boca formando una perfecta o:
-no piensas decir nada al respecto? - preguntó indignada a su novio. El se limitó a fruncir los labios y los hombros, su expresión despreocupada aumentó su molestia - no me vas a defender?! Soy tu novia!!- su tono se agudizó y zapateo como gesto de berrinche
-No, no te voy a defender - respondió Horu en total calma - antes de venir te dejé claras las reglas de la casa de Mi familia, tu las rompiste, tu asumes las consecuencias - su despreocupación era más que evidente - Además, no quiero estar entre esas cazadoras y su presa - señaló scon sus dedos hacia la puerta.
La pelirroja sólo atinó a gruñir con frustración al mismo tiempo que daba un pisotón con su pie derecho - claro! Si fuera la mosquita muerta esa que tan embobado te ha tenido estos días no te harías a un lado como un cobarde! - señaló con clara furia en su voz
-uy! Esto me suena a celos - intervino Diana con clara intención de molestar a al pelirroja
-Callate Didi - dijo en tono mordaz Horu
-NO ESTOY CELOSA! - gritó Victoria
- Lo que tu digas y te haga feliz - respondió de forma condescendiente la rubia - ahora, mantente lejos de mí y saldrás en una pieza de estas "vacaciones" - aseguró haciendo la señal de comillas con sus dedos en la última palabra al mismo tiempo que salía de la habitación.
La pelirroja soltó un gruñido y salió detras de su cuñada. Horu suspiro profundamente y dirigió su atención a su madre
-por qué no me dijiste que estaría aquí? - su tono denotaba frustración
- quién? Tu hermana? Creí que era obvio al ser unas vacaciones en familia... - intentó evadir la pregunta de su hijo
-sabes muy bien de quien estoy hablando Madre - la seriedad en su voz y su gesto duro provocó en su madre un gesto de desafío - habló de Cristina Ma... - señaló rindiendose
-ah... Pues... Primero... No sabía que vendrías con compañía, segundo... No sabía que las chicas la habían invitado hasta que venían hacia aquí y tu tía me avisó que preparará una cama más... - respondió con aparente desinterés pero con notable nerviosismo
Horu se restrego su rostro con las palmas de sus manos y levantó su mirada al techo como si rogara por paciencia. Suspiró una vez más y se giro sobre sí mismo hacia la ventana buscando respuesta en la maravillosa vista que tenía del lago desde ahí.
-Hijo... Si aún la quieres... Habla con ella...- aconsejo su madre con un tono dulce.
Suspiró nuevamente, esta vez con un aire de tristeza y frustración. Estaba seguro que Cristina no quería hablar con él, no después de la última vez y lo había dejado claro al evadirlo desde su llegada. Lentamente se sumergió en los recuerdos junto a ella, las tardes de picnic, los concursos de bailes, los fines de semana junto a sus primas, todos y cada uno de esos momentos maravillosos junto a su sonrisa y ese olor que despertaba todos sus sentidos.
El sonido de la puerta del despacho abriéndose, seguido de unos pasos apresurados lo sacaron de sus memorias. Se giro al mismo tiempo que la dueña de esas pisadas notaba su presencia
-oh! Disculpa, no pensé que siguieras aquí... No quería interumpir- dijo casi de forma apresurada Cristina, como si la hubiera llamado con el pensamiento
- No, no te preocupes... No interrumpe nada- intento restarle importancia a su intromisión - solo... Estaba pensando...- intentó explicarle aunque ella no parecía estar esperandola
-OK, te dejo seguir en tus pensamientos... Solo venía por... Un libro... - respondio intentando cortar el momento
-estaba pensando en ti... - se arriesgó a decir en voz alta.
Esa frase fue suficiente para acabar con su autocontrol - en serio?- su tono era sarcástico - no lo habría creído... En especial desde la última vez - intentaba mantenerse fuerte frente a la imponente figura de su ex novio y a quien consideraba el amor de su vida. Horu Hinichi se había adueñado de su corazón cuando tenía 14 años, y desde entonces no había logrado sacarlo de ahí. Ni siquiera después de su despreciable despedida en aquella estación de metro. El reencontrarse con él pocos días atrás, solo le había recordado lo atractivo que era y el efecto que su mirada podría tener sobre su cuerpo. Sin embargo, estaba determinado a evitar que él viera lo que causaba en ella, por lo que hizo su mayor esfuerzo por mostrar una mirada fría.
-Yo... Quiero hablar contigo- atinó a responder ante su actitud aparentemente imperturbable
-A menos que quieras hablar sobre el avance de Lulú y Sam en ballet, no veo de que podríamos hablar- respondió con aparente indiferencia
-Cris... Por favor... - suplicó él, pero ella no estaba dispuesta a escuchar una palabra más y salió del despacho tan rápido como sus pies se lo permitieron. Suficiente tenía con tener que aguantar su presencia bajo el mismo techo, como para ahora darle la oportunidad de llenarla de excusas que sólo podrían lastimarla más.