Emma Broggi
Hace ya bastante tiempo que sentía ganas de huir, de irme del país. La estadía en Italia me estaba atormentando. Pues aún seguían presentes los recuerdos de mis padres y eso no me ayudaba a seguir adelante. Mi hermano siempre alentaba pero mis temores eran más fuertes que yo, no los podía vencer. Hasta que un día decidí enfrentarme a mí misma y cambiar mi vida por completo.
Recuerdo cada peligrosa experiencia como si fuera ayer. Unas me dejaban al borde de la muerte, otras me llevaban a prisión, pero no era un secreto lo que Luca y yo estábamos viviendo. Sin embargo, no fue sino hasta mi graduación de la secundaria que logramos vengar la muerte de mi padre acabando con cada uno de los infelices que le quitaron la vida. Aunque reconocíamos que su mala fama lo llevaría a ese trágico final. Hoy por hoy me siento feliz porque logré que se hiciera justicia. Me siento más libre que nunca. En la casa que me dejaron mis padres. Y pues, con el amor de mi vida a mi lado. Pero les cuento que mi historia inicia realmente el día que dejé mi tierra.
Recuerdo como si fuera ayer cuando tomé el avión y me encontré con la pesadilla de mi ex. No es posible que esta basura todavía esté viva, pensé. Traté de controlarme pero con él siguiendo cada paso que daba, iba a enloquecer.
—¿Emma? ¿Qué haces aquí? —preguntó él. Lo ignoré pero parecía no ser suficiente—. Oye, no tiene caso que me ignores. Sé que estas molesta conmigo por todo lo que hice. Te estuve buscando, créeme y...
—¿Me estabas buscando? Me encontraste, ¡aplausos!
—Claro que sí, escúchame, tenemos que hablar Emma.
—Matteo, lo nuestro se terminó. Se acabó. No hay nada de qué hablar.
—No seas tan cruel, Emma.
—¿Me estás diciendo cruel? —indagué, con sarcasmo. Ese tipo era la mata del descaro.
—Tengo una razón. Por eso estaba buscándote. Para explicarte. Por favor.
—Veramente? Mi stai dicendo che sono crudele? Sai cosa è veramente crudele? Tu, tu sei. Quello che hai fatto, Matteo. Mi hai lasciato quando avevo più bisogno di te. Non ti importava della mia sofferenza per la morte di mia sorella.
—Emma, déjame explicarte por favor, tengo mis razones.
—No quiero escucharte ahora. Han pasado 3 años, Matteo, ¿y tú apareces justo ahora? ¿En serio? —Él derramó algunas lágrimas pero no podía dejar que eso cambiara mi parecer—. Decías que me buscaste, ¿no? A ver, ¿dónde? ¿Dónde me buscaste Matteo? ¿En el cementerio?
—¿Te dijo Luca, no es cierto?
—¿Qué, esperabas que me lo ocultara? Claro que me lo ha dicho. Bien sabes que nunca fuiste de su agrado, ya entiendo porqué. —Me tomó la mano de nuevo pero no podía, no podía seguirle el juego.
—Emma, te creía muerta por las noticias. El país entero sabía lo que estaba pasando con su familia. Y creí que… Tú habías caído. Que te había perdido.
—Es que me perdiste, Matteo. Tú a mí me perdiste definitivamente el mismo día que te alejaste sin razón de mí. Ahora, si me permites, seguiré leyendo mi libro.
Encontrármelo fue como abrir la herida y echarle sal. ¡Maldito el día que lo conocí! Lo peor era que me pedía perdón como si fuera así tan fácil. Para perdonar hay que sanar y la herida está más abierta que nunca, porque a decir verdad, nunca cerró.
¿Y cómo olvidar a mi hermana? Hace más de dos años que ocurrió el accidente, tanto oficiales como rescatistas la dieron por muerta al no encontrar su cuerpo entre los cientos que encontraron. Cuando supe que la habían visto en USA no lo pensé dos veces, arreglé mis papeles y tomé el primer vuelo para Estados Unidos. Luisanna era mi hermana gemela, éramos idénticas. Aunque muchas veces, bueno según lo que dicen, uno tiene un Doppelgänger o doble malvado, pues. Lo vi en Diario de Vampiros y pues, aunque parezca loco, creo que es cierto. ¿Por qué? Por la novia de Liam, el hermano de Mason, mi novio. Bueno, ese es otro asunto que debo explicar.
Mason y Liam estuvieron en Italia hace unos años, antes de que yo conociera a Matteo, por supuesto. Teníamos como 17 o 18 años. Mason y yo nos enamoramos al primer momento pero nuestro amor no pudo ser duradero, ellos debían regresar a Estados Unidos y yo quedé con el despecho. Recuerdo que el primer día salimos los cuatro, aunque Luisanna no estaba convencida del todo de querer una relación. Liam, en privado, me confesaba que estaba enamorado de mi hermana pero ella no se dejaba conquistar. Le aseguré que tal vez no era el momento y que más adelante lo podrían intentar.
La última noche, después de despedir a Mason, me fui a un bar y me emborraché, allí conocí a Matteo y me acosté con él sin pensarlo. Nos mantuvimos así por varios meses, para mí solo era sexo sin compromiso. Hasta que Matteo me confesó que estaba enamorado de mí y decidí intentarlo con él.
Lo que no me esperaba era encontrarme a Mason, cinco años después, en el aeropuerto. Eso me recordó tanto al día que nos despedimos en Italia. Los dos estábamos sorprendidos, era evidente que ninguno esperaba este reencuentro. Y sus palabras me lo confirmaron.
—Emma... Emma, mi amor, no puedo creer que estés aquí. —Su sonrisa, ¡Dios! Su maldita sonrisa era perfecta. En ese momento, cuando él pronunció aquellas palabras, se me olvidó todo lo que sufrí cuando él se despidió de mí y corrí a abrazarlo con fuerza. Ahora podíamos estar juntos sin impedimentos o eso creía yo.
Mason me confesó que tenía una relación, aunque no estaba enamorado de la muchacha. Cuando él terminó con ella, la mujer se puso como loca, incluso atentó contra la vida de Mason llevándolo al borde de la muerte. Pero él fue más fuerte, lo superó y salió del coma que le produjo.
Avery, la loca que Mason tenía de novia, declaró luego todo lo que pasó. Liam y yo estuvimos presentes. Cuando supimos que Daniel, el padre de Mason y Liam, estaba involucrado en todo, hablé con Liam para contarle a la familia la verdad de lo ocurrido. Él estuvo de acuerdo, odiaba a su padre y no era para menos.
Decidimos hacer un almuerzo para celebrar pero lo que parecía ser una feliz familia Crowell terminó por desaparecer. Con Avery prófuga de la justicia, nos encargamos de que Daniel pagara también por lo ocurrido. Los chicos lo odiaban y no era para menos.
Ese mismo día conocí a mi Doppelgänger. Cuando nos dimos la mano, presentándonos, sentí una corriente, una conexión increíble. Como si nos conociéramos de antes. No me percaté de que ambas éramos idénticas hasta que Liam lo comentó. En el momento que la vi, los recuerdos de mi hermana vinieron como balde de agua fría.