Si resultaba todo lo contrario, me cambiaría el nombre e iría a otro país. Sentía que Luisanna tenía el mismo pensamiento que yo, ambas cuando nos presentaron quedamos heladas y la sensación de corriente cuando nos dimos la mano no se puede obviar. El parecido entre nosotras no era algo que podría pasarse por alto. Y sus características menos, por ejemplo, su tez pálida y fría eran de impresionar a cualquiera.
Al día siguiente, la vi de nuevo. Andaba con Liam, los dos llegaron a mi apartamento para cenar juntos y ver películas. Me agradaba la idea pero no lo suficiente. Era más incómodo que grato, especialmente por las miradas de Luisanna, no me quitaba los ojos de encima. Yo no sé si me estaba evaluando o qué pero me incomodaba en demasía.
Pedimos pizzas y escogimos una película romántica para ver. Al finalizar, la película, Luisanna me llamó para hablar en privado. Traté de calmarme, y respiré profundamente. Aquella voz aterciopelada me causó estragos y no conocía el motivo.
—¿Qué pasa? —inquirí confundida. Ella me preguntó algo que yo creía obvio con respecto a Mason—. Claro que estoy con él, así como tú con Liam, pensé que nunca nos reencontraríamos.
—¿De qué hablas, Emma? —indagó Luisanna, ella parecía no entenderme—. Creo que no hablamos el mismo idioma.
—Somos hermanas, Luisanna. ¿Acaso no me recuerdas? —Le pregunté, ella se quedó muda—. Yo sé que te diste cuenta, que ambas sentimos la corriente cuando nos presentaron ayer y nos dimos la mano.
—¿Cómo estás tan segura de eso?
—Luisanna, por favor, yo sé que tú lo sabes. Somos gemelas, éramos inseparables. —le reclamé, ella me miró con nostalgia—. Yo no sé cual fue tu proceso desde el accidente, no sé lo que viviste pero créeme que tú y yo somos hermanas.
—Okay, para comprobarlo hay que buscar los registros de nacimiento. ¿Los tienes? —Asentí—. Perfecto, entonces revisemos eso.
—Están en Italia los documentos, Luisanna. Los tiene Luca. —Le expliqué, ella me miró confundida—. Yo no sé si te haces la loca pero... —Ella me miraba y luego soltó una risotada seguida de un abrazo. Aquello me dejó desconcertada. ¿Se estaba haciendo la loca o en verdad estaba loca? Le miré absorta y le pregunté—: ¿Qué pasa contigo?
—Estaba jugando contigo, tonta. Yo sé que somos hermanas. —Me dejó muda, no sabía que decir en ese momento—. Quería decírtelo pero no sabía como ni por donde empezar.
—¡Eres una idiota! —le reclamé antes de fundirnos en un tierno abrazo. No digo que cálido porque de ella solo emanaba frío, ese era el otro tema de conversación que teníamos pendiente—. Hay mucho que tienes que contarme.
—Lo sé, pero primero necesito que me digas algo, Emma. —Nos miramos fijo, esperaba que continuara hablando así que le hice gestos. Ella asintió y luego agregó—: Solo tú notaste la diferencia ayer cuando nos presentaron o al menos eso fue lo que noté.
—Ajá, créeme que no le conté a nadie, te lo aseguro, pero ¿qué hay con eso? —Le pregunté, ella me miró, luego desvió la mirada hacia los muchachos que veían televisión a un volumen considerable—. Luisanna, me tienes en ascuas, ¿qué pasa?
—¿Tienes alguna idea de lo que soy? Si es así, dilo.
—Eres mi hermana, eso es lo que sé.
Ella bufó.
—No me refiero a eso, Emma. —espetó, yo comencé a asustarme—. Quiero decir... Ay, ¿sabes qué? Olvídalo, yo... Mejor no lo averigües. No querrás saberlo. —Me respondió, su respuesta me hizo dudar bastante pero lo dejé pasar por el momento. En eso noté que nos miró Liam pero no quisimos darle la noticia solo a él, Mason también tenía derecho a saber que nos reencontramos.
Así que ambas, tomadas de los brazos, nos acercamos a los chicos. No sabía por donde comenzar, así que ella lo inició.
—¿Está todo bien con ustedes dos? —inquirió Liam quien nos miraba fijo. Mason parecía entender de qué iba todo pero no dijo nada—. Hey, ¿qué pasa?
—Seguramente, ninguno de los dos se acordará que nos conocemos desde hace años pero no importa, ese no es el punto acá. —Vi que Mason sonreía, seguro ya sabía lo que Luisanna estaba por decir—. Lo cierto de todo esto, es que el parecido entre Emma y yo no es ninguna casualidad, ella no es mi Doppelgänger ni yo el suyo.
—¿Cómo olvidarte, Lu? Si juntos íbamos a todos lados, no nos despegábamos ni un segundo. —habló Mason, mi hermana sonrió.
—Justo a eso iba... —habló mi gemela con una inmensa sonrisa en el rostro—. Después del accidente que tuve en el que todos me creían muerta, sufrí un coma y amnesia selectiva, tenía muy vagos recuerdos del pasado pero no lograba definir ninguna imagen ni diferenciar las voces. Fue hace unos meses que conseguí recordarlo todo con más nitidez. Ayer cuando nos vimos, ambas quedamos impresionadas, yo sabía que no era un sueño, que no estaba loca, que frente a mí tenía a mi hermana, mi gemela y eso era todo lo que yo necesitaba en la vida para seguir.
—Es que yo sabía, cuando me dijiste que tenías una hermana y que se llamaba Luisanna Broggi, no dudé ni un segundo en que fuera mi novia. Por eso la llevé ayer a casa de mi mamá, tenía que unirlas de nuevo y eso fue lo que hice —comentó Liam con una sonrisa, ambas lo abrazamos con fuerza. Era el mejor regalo que podía darnos.
—¿Te dijeron que eres el mejor amigo del mundo mundial? —Le pregunté, Liam se reía—. ¡En serio gracias!