—De lo contrario ¿Qué? —acababa salir del baño, contaba con una toalla en su cuerpo y otra en sus cabellos, la mirada de Marcos estaba fija en ese pecho del cuál manaba un aroma exquisito y sobre todo la piel brillaba —¿Qué?, ¿se te comieron la lengua los ratones?, ¿o se quedó paralitica? Marcos arqueó una ceja —Desobedeciste mi orden. —Pues no será la única que desobedeceré, porque yo no pienso hacer lo que se te dé la gana, no soy tu hija. Marcos presionó el rostro de Maite, la rebeldía que expandía esa mujer le estaba fastidiando —A mi no me vas hablar como si fuera cualquier cosa, te recuerdo que eres mi esposa y por ende vas a obedecerme. —No dormiré contigo—, sigiló al sacar la mano de Marcos de su rostro, que a pesar de que no había hecho presión suficiente, le había dejado amor

