—Ya eres mi esposa, te esperan días muy felices a mi lado—, dijo sarcástico. Maite posó sus manos sobre el pecho de Marcos, y mirándole con desagrado espetó —Nos esperan querido, porque yo también haré de tus días un infierno—, dicho eso lo besó, dejando a Marcos completamente en trance, tanto así que no pudo reaccionar al beso. Maite sonrió de medio lado y apreció a las personas presentes, estaba por retirarse de aquel lugar, cuando Marcos le agarró de la mano y la llevó de vuelta a él, al segundo siguiente la besó con desenfreno, provocando un fuerte latido en el corazón de ella. Aquel beso fue tan ferviente, que la excitación se apoderó de Marcos, siento ganas de llevarla a la habitación, desnudarla y hacerla suya una y otra vez como en el pasado, pero el deseo se aplacó cuando Maite l

