Ella sabía que a mí no me gustaba ir a la escuela era el lugar que más odiaba en el mundo,, ya que pasaba horas interminables lejos de ellos prefería pasar el día en el cine en el parque, o quizá en otro lado menos en la escuela típica de una adolecente supongo.
- por favor no quiero ir-Dije refiriéndome a la escuela sé muy bien que ella me está despertando dos horas antes siempre es así a esta ahora para que que duró horas en el baño, siempre juego con el agua me encanta la espuma en mis manos me encanta soplar y que se Esparza por todos lados a pesar de que ya no soy una niña y ya he crecido me sigue gustando hacerlo me sigue gustando las mismas cosas trato de mantenerme alegre feliz demostrando que ya no me puede lastimar más que ya no puedo sufrir más pero las cosas siempre se complican para mí.
- vamos mi amor Si prometes levantarte te compraré lo que tú quieras. vamos mi pequeña o ya se llamare a tu papá para que te regañe por no hacerle caso a mamá– ella siempre amenazaba con papá siempre creyó que yo le prestaba más atención a papá pero las cosas no eran así, a la persona que más amaba y respetaba era a mi madre, mi dulce y encantadora madre.
- Está bien mamá, pero con una condición, prométeme que me comprarás la barra de chocolate más grande del mundo.-- dije mientras estiraba mis manos en el aire, vaya mi brazos estaban muy abiertos y ella solo sonreía.
Ella comenzó a reír sin parar, yo siempre trataba de chantajearla para que ella hiciera lo que yo quisiera siempre trataba de que ella viera en mí una niña malcriada que ella misma malcriaba, pero ella siempre fue la mejor mama de todas, ella fue mi todo, pero ahora mientras lo recuerdo siento que debí haber insistido más en no haber ido en haberme quedado con ella. a pesar de que ella dijo que estaba bien yo seguía molesta muy molesta no quería salir de casa. Debí haber hecho un berrinche, pero recuerdo que había algo en su mirada, un poco de dolor como si ella conociera que algo malo estaba por suceder.
El día en que las cosas se volvieron difíciles fue ese preciso día el día que creí que todo sería perfecto, el día que yo era consentida por mi madre..
A regañadiente salí de mi cama y comencé a alistarme para ir a ese lugar que odie aún más ese mismo día.
Recuerdo que jugaba con mis amigos de un lado para otro, corríamos y nos divertíamos realmente, todo era maravilloso color de rosas a pesar de que yo no podía estar ahí y sentía que algo me oprime el pecho con gran fuerza, sentía que las fuerzas se me iban, asi que deje de jugar y me senté en una de las bancas, lagrimas resbalaban de mis ojos sin ninguna razon, solo sentía que no podía detenerlas, que por más que tratara de que desaparecieran no podía hacerlo, no podía hacer que pararan, solo quería volver a ese preciso momento en el que fui feliz sin importar que pudiera pasar a mi alrededor, pero por mas que luchaba por conseguirlo era imposible para mi, no sabia el motivo de mi dolor, no sabia el porque sentía que el día era oscuro.