Prólogo
¿Cómo se sostiene una familia que solo se ama por las posesiones que comparten entre sí?
¿Una familia que guarda secretos, intrigas, rencores y los camuflan en falso amor?
Pues se sostiene con envidia como base y pilar.
El exceso de dinero suele ser la máxima expresión de la pobreza.
Mientras más llenos los bolsillos, más vacíos los corazones.
En un mundo lleno de riqueza y escaso en sentimientos, vivíamos los dos.
El me odiaba, yo no podía quererlo.
Lo que más nos unía, era justo aquello que más nos separaba... La desconfianza.
No era suficiente el deseo carnal ni el sabor de nuestras bocas entre sí.
No alcanzaba la pasión y la lujuria, ni tampoco los primeros brotes de sentimientos para amarnos.
Cuando no confías, no crees. Y cuando no crees no aceptas.
Él y yo habíamos empezado a librar una batalla heredada, que se volvería nuestra y nos llevaría a un oasis de éxtasis, en el que sería difícil combatir por alzar el trofeo final.
La familia, solo intentaba llenarse de oro, cada vez en mayor cantidad, a costa de las miserias de otros.
Un amor escondido detrás de unos mortales que acabarán sucumbiendo inevitablemente y un secreto final, que marcará el destino de toda una familia que estallará en pedazos, es solo el inicio de la historia de amor más convulsa e intensa que jamás pensé vivir.
Cuando el amor, sabe a poder y dinero, hasta las lágrimas se vuelven de oro...