Narra Anabella Ruiz.
Aquí estaba yo, Anabella Ruiz, con mis 23 años de edad, en el tan esperado día, ese por el cual había luchado tanto, noches enteras en vela. El sueño de graduarme de la carrera de la cual me enamoré. Administración de Empresas, la cual me ayudaría a quedar al frente de la empresa de mis padres textiles Ruiz, una empresa no muy grande pero reconocida y querida por todos nuestros clientes. Pues ese día había llegado, mi padre Víctor Ruiz, un hombre maravilloso, el cual toda la vida ha luchado por hacernos felices a mi madre Martha González y a mí su única hija, decidió hacer una gran fiesta para celebrar mi día.
Aparte de eso, pues también junto a nosotros estaban mi novio, un chico apuesto, a veces un poco celoso, pero lo quiero mucho. Su nombre es Kevin García, el cual es Contador, y por supuesto mi amiga, o mejor dicho, una de mis mejores amigas, Andrea Martínez. Ella aún no se graduaba, le habían quedado algunas materias y no pudo quedar conmigo. Pero aquí estaba apoyándome.
Cuando digo una de mis mejores amigas es porque hay una que es como mi hermana, esa hermana de sangre que nunca tuve. Ella es Carmen Arteaga, una chica dulce, cariñosa y estaba tan o más emocionada que yo por mi gran logro, ya que ella se había graduado el semestre anterior. Si no fuese por esa profesora que me había montado el ojo encima y no me dejaba en paz, me hubiese graduado con Carmen, pero no esa mujer estaba empeñada en decir que yo tenía algo con su esposo el profesor de matemáticas, al cual yo respetaba mucho y él a mí, nunca hubo nada ni siquiera miradas, nunca supe de dónde saco esas locuras, pero bueno ya la dejé atrás.
Estoy en mi habitación, terminando de maquillarme, hoy llevo un vestido rojo que acentúa mi silueta como al de una diosa, “palabras de mi amiga Carmen” de hecho ella escogió el vestido, yo estaba dudosa es un poco… bueno tiene un escote atrás bastante pronunciado, delante no tanto, pero si deja ver mis atributos, y a los laterales tiene una tela transparente que bueno ella dice que me hace ver sexy, en fin es muy bonito. Estoy distraída mirándome en el espejo y vienen a mi mente aquellos ojos marrones que vi hace dos Dias…
**Flashback**
Estábamos recibiendo nuestras últimas notas en la universidad y decidimos salir a celebrar que me había graduado con honores. Cómo siempre la cabeza de todo mi amiga Carmen, ideó todo el plan hasta el vestido que me pondría, un vestido n***o corto, muy corto para mi gusto y con un escote bien pronunciado. Pero ahí estaba usándolo, y llevando un maquillaje que resaltaba mis ojos. Me veía hermosa. Modestia aparte. Ja, ja, ja. Me estaba volviendo como Carmen. En fin, la que no se veía feliz fue Andrea, pero ella era así. Nos fuimos a una discoteca que Carmen tenía tiempo tratando de llevarme, pero por mis estudios y lo celoso de Kevin me negaba. Llegamos y quede hipnotizada, era muy bonito el lugar y lleno de vida. Comenzamos a beber unas cervezas, que por cierto me encantan. Luego de un rato decidimos ir a bailar un poco, como no llevamos parejas bailábamos en la pista entre nosotras, creo que eran los tragos que ya me estaban pegando que sentía que alguien me miraba, de repente vi un hombre que se acercaba, Guao era el hombre, pareciera que la luz estuviese dispuesta solo a iluminarlo a él, guapo muy guapo, y cuando levantó la mirada hacia mi rostro porque la tenía en mi cuerpo, quede flechada, unos ojos marrones intensos, y que se veían muy dilatados, no podría olvidar esos ojos nunca.
Se acercó a mí, y sentí una corriente muy fuerte desde mí entre pierna, subir hasta mi cerebro y encender todas las alarmas. Un escalofrío me hizo estremecer, y más, cuando me tomó de las caderas, me acercó a él. Pude percibir ese delicioso olor a madera y menta, y Dios me derretía. Nos mirábamos fijamente y cuando pensé que nos besaríamos, mi amiga pegó un grito y yo despierto de mi hechizo y empujó a este bello hombre, le propino una gran cachetada y no le di tiempo a reaccionar, ya estaba huyendo con Carmen para salir de ahí. ¡Dios, qué hombre!
**Fin del flashback**
En eso tocan a mi puerta. Y despierto de mis pensamientos. Le doy la palabra mágica adelante, y entra mi madre.
— Cariño… vengo a ver qué te hace falta... ¡guaooo hija, qué hermosa estás! - cuando volteo a ver a mi mami, está con lágrimas en los ojos, últimamente está muy sensible.
— Mami, ¿Estás bien? ¿Por qué lloras? No te pongas, así que se te va a correr el maquillaje.
— Anabella, es que mírate, estás bellísima, llegó tu gran día, eres legalmente una administradora de empresas, y podrás ayudar a tu padre. Estoy orgullosa de ti, nunca lo olvides, hemos criado una buena chica, inteligente, capaz y sobre todo un ser humano que sí tiene defectos, pero más son las virtudes. - a estas alturas la que estaba llorando era yo, esas palabras que acababa de decir mi mamá me habían derretido, y ella estaba aparte de alegre, se veía tristeza en sus ojos, me tenía desconcertada su actitud.
— Mami, ¿Estás bien? ¿Te sucede algo? Puedes hablar conmigo. No se me confundes, te ves feliz, pero a la vez veo un atisbo de tristeza en tus hermosos ojos. ¿Qué sucede?—ella me observó, y luego de secar sus lágrimas y sonreírme tiernamente, me dijo.
— Hija, no pasa nada. Es la felicidad que siento al saber que Dios nos regaló la mejor niña del mundo, y que nos permitió acompañarte en este camino para obtener tu título de licenciatura. Eres lo máximo, Anabella, nunca dejes que te quiten ese brillo. Sigue siendo quien eres, te amo, mi princesa. - bueno, mi mamá estaba muy rara, pero debo reconocer que ella es muy sentimental.
— Gracias, mami, gracias por ser como eres, y sobre todo gracias por siempre ser mi apoyo, te amo.
— Date prisa, cariño, ah, por cierto, también venía a decirte que ahí llegó el novio, ese que tienes. De verdad, hija, eres muy inteligente, pero ese hombre no me gusta nada, no me inspira nada, nada de confianza. Y menos como lo veo hablando con tu amiguita, esa Andrea, sabes que no me meto en tus cosas ni en tus decisiones. Pero no te confíes de ninguno de los dos… yo siento que algo se traen entre manos. - observo a mi madre, porque ella muy pocas veces se equivoca, pero Kevin no sería capaz de hacerme daño. De Andrea puede ser que espere algo, pero de él… no, no puedo pensar eso de Kevin.
— Madre, sé que no te gusta, Kevin, pero hasta ahora se ha portado bien y me ha apoyado mucho. Quédate tranquila, ¿Sí? Nada va a pasar, y de Andrea, bueno, estoy alerta.
— Anabella, tú eres un ser de luz, una buena persona que ves amistad hasta donde no la hay, abre bien los ojos, y lo que me comentaste que te entregarías a él… piénsalo, hija, no lo hagas, no creo que sea el indicado.
— Está bien, mami, te prometo que lo pensaré. No haré nada que nos haga estar mal. Ahora vamos, llegaremos tarde a la universidad. - le di un gran abrazo y la sentí suspirar, debo tranquilizarla, ya soy una adulta y sé lo que hago. O bueno, eso creí hasta que me llevé mi sorpresa… pobre ilusa. Bajamos a la sala y en efecto, Kevin y Andrea estaban muy cerca, ambos hablaban animadamente, hasta que mi padre habló y Kevin volteo a verme se levantó como un resorte dejando a mi amiga con la palabra en la boca, no sé si son cosas mías, pero la vi colocar sus ojos en blanco y luego desviar la mirada.
— Hija, estás hermosa, felicidades, serás la más bonita de todas.
— Así es suegro, mi Anabella es la más bella de todas. - tomó mi mano y dio en ella un suave beso, sin dejar de mirarme como queriendo comerme, me sentí incómoda, y aleje mi mano. No me gustó nada su mirada. Papá se acercó cuando vio mi incomodidad.
— Kevin, te he dicho muchas veces que no me llames así, mi nombre es Víctor. Y deja de incomodar a mi hija, mirándola como si fuese un pedazo de carne. - ahí ya vi que el rostro de Kevin pasó de rojo ardiendo de pasión a un rostro pálido y apenado. No sé qué le pasa, a veces parece que fuese otra persona, hasta parece bipolar.
—Bueno, bueno, ya vámonos, que se nos hace tarde, señor Víctor, pierda cuidado, el novio de mi amiga es simplemente un tonto que no sabe separar los momentos. - mi amiga Carmen, siempre tan ocurrente, y no conforme con esto, le dio un ligero golpe en la nuca a Kevin. Ja, ja, ja, ja, no puedo con ella.
— Sí, papá, vámonos, ya es tarde. Toma mi mano y la de mamá, gracias por estar aquí, los amo. Vamos, Kevin, no te quedes atrás. - mi papá lo fulminó con la mirada y solo levantó las manos en señal de que no pasaba nada. Estos dos son un caso.
— Señor Víctor, ¿Me permite llevar de la mano a mi novia? Por favor…
— Por supuesto, pero cuidado con lo que haces. Muchacho impertinente. - ay Dios, papá, ja, ja, ja.
— No se preocupe, sue… perdón, perdón, señor Víctor, no haré nada que ella no quiera. - y ahí estaba Kevin buscándole la lengua a mi papá. Vi cómo se le fue encima y tuve que intervenir.
— Papá, no le hagas caso, te está molestando, y tú compórtate como un adulto, Kevin, por favor. Ya vámonos. - así salimos de casa con estos dos casi a empujones, y llegamos a la universidad para recibir mi acto de graduación. Estaba feliz y nadie me lo arruinaría, pero qué poco sabía lo que sucedería después.