Narra Andrew Collins.
Déjenme presentarme, mi nombre es Andrew Collins, tengo 26 años de edad. Soy un hombre con buenos atributos, cabello castaño y ojos marrones, penetrantes, que de observarles te hipnotizan, inteligente y capaz. Y sobre todo he luchado mucho por mantener las empresas de mi familia en el primer lugar. Soy actualmente el CEO de Corporación Collins, fundada por mi bisabuelo, y que sé a mantenido de generación en generación. Me gradué en relaciones internacionales y administración de empresas. Mi padre, William Collins, es un hombre poderoso, pero que se ha dejado manipular por esa mujer que le llamo madre, pero que a veces me hace dudarlo. Ella lleva por nombre Carol Fuenmayor de Collins y usa el apellido de mi padre cuando le conviene.
Parece que solo le interesará el dinero, ni mi padre ni yo hemos sido interesados, somos sencillos, pero ella se empeña en hacernos ver como personas frívolas igual que ella. Actualmente, tengo una novia, la cual es perfecta para el prototipo que mi madre adora. Es bonita, no lo niego, tiene cabello rubio, está operada, es decir, sus senos son falsos. Pero en general está bien. Se llama Katherine Manrique, ya llevo 6 años de relación con ella y quiero dar el paso de pedirle que se case conmigo el día de mi cumpleaños que será en 15 días. No sé si es lo correcto, pero mi madre me tiene cansado con que debo casarme, para poder recibir el status que me corresponde: "palabras de ella", no mías. Mi bisabuelo dejó una cláusula en sus documentos, que decía que todo aquel que esté al frente de la compañía como CEO, y que ya tenga 2 años llevando las riendas de corporaciones Collins, debe formar una familia, si no no podrá hacer uso de toda la fortuna.
Estoy preparándolo todo, por supuesto, mi mamá se está excediendo más de la cuenta. No necesito tanta locura a mi alrededor para pedirle que se case conmigo, pero aquí está mi madre, haciendo de todo esto un show, hasta a la prensa ha llamado. Estoy ya agobiado, decido salir de la oficina para tomar un poco de aire fresco. Y lo peor es que Katherine se está volviendo igual de loca. No puedo estar un minuto más aquí si no las mandaré a volar juntas.
Decido llamar a mi mejor amigo Norman Méndez, un mujeriego sin remedio, y sin intención de arreglar su vida. O hacerla de otra forma. Siempre me ha dicho que cometo un error estando y casándome con Katherine, en pocas palabras, no la soporta. Dice que tiene algo que no le inspira confianza. Y todo esto empezó desde que tuvimos una fiesta cuando teníamos 22 años y que ella estaba hablando muy animadamente con otro hombre. Yo no la vi, pero Norman no se cansa de decir que fue así, a pesar de que ella lo niega. Y pues yo decidí quedarme con ella, ya que ese mismo día dormí con ella y le quité su virginidad. Y desde ahí mi madre me hizo la vida imposible, que no podía dejar a esa buena niña así. Todo esto porque es la hija del alcalde de la ciudad. Llevaba apenas una semana desde que empezó esta locura y ya no soportaba.
En fin, hablo con mi amigo y decidimos vernos en el bar de siempre. Y de tan solo hablar de ese lugar viene a mi mente la noche hace dos Dias en que vi a esa mujer con ojos deslumbrantes. Quien sabe a lo mejor espero volver a encontrarla…
**Flashback**
Después de 30 minutos ya estaba entrando a aquel sitio que tantas veces nos acogía cuando queríamos huir de la realidad.
— Oye, buenas noches. - le hablo al bar tender. — ¿Me puedes, por favor, servir un whisky doble? - el asiente y se va por mi trago. En eso siento unos dedos en mi cuello, y solo puedo hacer girar mis ojos con fastidio, y volteo a ver al dueño de esos dedos. — Norman, ¿cuándo vas a dejar de hacer eso? Madura, por favor.
— Ok, oye, no te me molestes, que siempre pensé que te gustaban mis caricias, has herido mis sentimientos. - hace un puchero, solo coloco los ojos en blanco y le doy un leve golpe en el hombro. — Cálmate, Andrew, estás de pésimo humor, y la verdad me molesta porque es tu culpa. Muchas veces te he dicho que… - lo interrumpo porque lo que quiero es despejar mi mente, no aguantar sus necedades.
— Ya cállate, Norman, no estoy de humor, bebamos y deja de decir tonterías.
— Está bien, está bien, ya olvídalo, ¿Qué pediste de beber? Yo quiero un whisky doble, lo necesito. - Ese era mi amigo, ya estaba de vuelta, ahora sí podríamos hablar tranquilamente.
Continuamos hablando y bebiendo, apenas eran las 5 de la tarde cuando comenzamos. Y el tiempo pasó volando, cuando nos dimos cuenta eran las 10 de la noche. No puede ser, en eso, siento como empieza a vibrar mi teléfono dentro de mi bolsillo. Decido sacarlo a ver quién me llama, y no tenía ganas de soportar las impertinencias de Katherine, pero si no contestaba la llamada, le iría con el chisme y el drama a mi madre y las dos juntas son insoportables.
— Katherine, ¿Qué quieres? Y ahora, ¿cuánto necesitas? - escuché un bufido del otro lado de la línea. — ¿Qué pasa?
— ¿Por qué me hablas así? ¿O es que no puedo llamarte? Te estuve esperando en la oficina hasta hace una hora, me cansé y me vine a tu apartamento, y resulta que no estabas, ni has llegado. ¿Vas a venir? Tu madre me llamo y… - la interrumpí porque ya sé por dónde iba, comenzarían sus amenazas y de verdad ya me tenía harto.
— Katherine, no entiendes nada. ¿Verdad? Tú y mi madre me tienen harto. No aguanto más, todo es dinero, alta sociedad, prensa, boda, todo, pero nada de sencillez, nada de tú y yo, solamente quería pedir que te cases conmigo, no hacer todo este show.
— Cariño… lo sé, pero tu madre no me deja respirar, está haciendo que mi padre gaste un montón de dinero. Aparte de eso, sabes muy bien que la prensa hará que tomes más rápido tu fortuna, ya que estarás comprometido conmigo, la hija del alcalde. ¿Te das cuenta? Somos la pareja del año. - en este punto de la conversación ya yo estaba volteando los ojos, y colocando el teléfono lejos de mi oreja, no quería oír más sus estupideces, así que le respondí.
— Katherine… hablamos mañana, de verdad estoy ocupado y no quiero ser grosero contigo, déjame respirar o esto terminará muy mal. ¿Fui lo suficientemente claro? - la oí suspirar y me respondió.
— Está bien, Andrew, pero quiero que sepas que estás cometiendo un error al dejarme tanto tiempo sola, yo… - y le colgué la llamada, esta mujer no entendía lo que era ya basta.
Seguí bebiendo con Norman, y de repente miré hacia la pista y había dos mujeres bailando, moviendo esas caderas de una manera espectacular, pero solo una llamó mi atención por completo. Cabellos castaños, una figura en forma de reloj de arena, que Guao me dejó atónito y sin hablar. Mi amigo siguió mi mirada y creo que quedó igual, espero que no haya sido con la castaña, en eso lo oigo decir.
— Amigo… dime que no pusiste el ojo en la pelirroja, por favor. - colocó las manos en forma de súplica y me hizo soltar una sonora carcajada.
— No, puedes estar tranquilo, me encantó la castaña, mira esa cintura, y esas caderas. Dios, nunca he sido así, pero por ella cambiaría.
— Pues vamos por ellas, Andrew, quién sabe a lo mejor olvides esa loca idea de casarte, con esa bruja.
— Vamos, deja de hablar tonterías, no vaya a ser que estén pensando en irse. - caminamos a la pista de baile. Y quedé hipnotizado cuando aquella mujer se volteó hacia donde yo estaba, aquellos ojos color miel, que poseían unas finas líneas verdes y que hacían ver esas pupilas contraídas a lo mejor por el alcohol, pero yo quise creer que fue al verme llegar y acercarme, para poder estar más cerca. Tomé sus caderas y la acerqué a mí y su olor a fresas que desprendía de su piel, Dios me hizo babear. Ella al principio quedó igual que yo, pero no sé en qué momento Norman le faltó el respeto a su amiga, que se rompió el hechizo entre los dos, y ella dejó de verme a los ojos para empujarme y darme una cachetada que me dejó en shock, y no reaccioné hasta que ella ya no estaba. ¡Qué idiota había sido, no tuve ni tiempo de presentarme! Había quedado aturdido y con ganas de obtener más de ella.
**Fin del Flashback**
Volviendo a la realidad, entro en el bar y lo primero que hago es mirar hacia la pista, pero aún era muy temprano y no había casi gente, la busque, mire hacia todos lados esperando verla. Cuando escucho a mi amigo hablar.
— ¿A quién buscas? ¿Tal vez… será a una castaña despampanante? Amigo, esa mujer te flechó, y no puedes negarlo. Y lo peor es que debemos esperar hasta que se haga más noche para ver si se te hace el milagro de verla llegar. Ja, ja, ja.
— Basta, Norman, déjame en paz, sí, no te miento, espero volver a verla… ya vamos a beber, mi madre y Katherine me tienen loco.
— Claro que si Andrew, vamos, tal vez, tengamos suerte de volver a ver a esas dos bellezas. - si eso quería, pero no pasó, no la volví a ver… y ojalá hubiese pasado, tal vez, no habría experimentado lo que pase justamente el día de mi cumpleaños.