—Sí, papi, seré una buena niña —suspira dócilmente, mientras acaricio su coño, rozando sus pliegues melosos, sintiendo cómo tiembla, cómo se extiende la humedad. Produce un pequeño jadeo excitado cuando uso la punta de un dedo para rodear el pequeño y duro botón de su clítoris. Esta es la primera vez que la oigo usar la palabra «papi» y siento que algo cambia en lo más profundo de mí. ¿Así es como me ve? ¿Quiere que tome el control, que use su joven y flexible cuerpo como quiera? ¿Es por eso que se porta tan malcriada? ¿Está tratando de provocarme?, me pregunto mientras acaricio su coño suave y cedente, produciendo una nueva serie de suspiros calientes. Bueno, si eso es lo que quiere, con mucho gusto accedo. Quiero verla entera y separo suavemente sus nalgas, dejando al descubierto sus p

